miércoles, 22 de noviembre de 2017

El pabellón del vacío, de José Lezama Lima

EL PABELLÓN DEL VACÍO

Voy con el tornillo
preguntando en la pared,
un sonido sin color
un color tapado con un manto.
Pero vacilo y momentáneamente
ciego, apenas puedo sentirme.
De pronto, recuerdo,
con las uñas voy abriendo
el tokonoma en la pared.
Necesito un pequeño vacío,
allí me voy reduciendo
para reaparecer de nuevo,
palparme y poner la frente en su lugar.
Un pequeño vacío en la pared.

Estoy en un café
multiplicador del hastío,
el insistente daiquirí
vuelve como una cara inservible
para morir, para la primavera.
Recorro con las manos
la solapa que me parece fría.
No espero a nadie
e insisto en que alguien tiene que llegar.
De pronto, con la uña
trazo un pequeño hueco en la mesa.
Ya tengo el tokonoma, el vacío,
la compañía insuperable,
la conversación en una esquina de Alejandría.
Estoy con él en una ronda
de patinadores por el Prado.
Era un niño que respiraba
todo el rocío tenaz del cielo,
ya con el vacío, como un gato
que nos rodea todo el cuerpo,
con un silencio lleno de luces.

Tener cerca de lo que nos rodea
y cerca de nuestro cuerpo,
la idea fija de que nuestra alma
y su envoltura caben
en un pequeño vacío en la pared
o en un papel de seda raspado con la uña.
Me voy reduciendo,
soy un punto que desaparece y vuelve
y quepo entero en el tokonoma.
Me hago invisible
y en el reverso recobro mi cuerpo
nadando en una playa,
rodeado de bachilleres con estandartes de nieve,
de matemáticos y de jugadores de pelota
describiendo un helado de mamey.
El vacío es más pequeño que un naipe
y puede ser grande como el cielo,
pero lo podemos hacer con nuestra uña
en el borde de una taza de café
o en el cielo que cae por nuestro hombro.

El principio se une con el tokonoma,
en el vacío se puede esconder un canguro
sin perder su saltante júbilo.
La aparición de una cueva
es misteriosa y va desenrollando su terrible.
Esconderse allí es temblar,
los cuernos de los cazadores resuenan
en el bosque congelado.
Pero el vacío es calmoso,
lo podemos atraer con un hilo
e inaugurarlo en la insignificancia.
Araño en la pared con la uña,
la cal va cayendo
como si fuese un pedazo de la concha
de la tortuga celeste.
¿La aridez en el vacío
es el primer y último camino?
Me duermo, en el tokonoma
evaporo el otro que sigue caminando.

JOSÉ LEZAMA LIMA

martes, 21 de noviembre de 2017

Dama de la noche (8)

Allegro

El eco de tu voz
entre las sábanas
palpita en cada pared,
en la ventana,
en el rayo de luz
que el gato de la esquina
se bebe de un sorbo.

E.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Dama de la noche (7)

Despedida

Y qué decir de tus manos
que caen sobre el ocaso como una sombra más,
que se doblan al compás de las gaviotas
en el horizonte,
que llevan en el alma una racha de viento,
un sonido de viento enjaulado
que solloza.

E.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Dama de la noche (6)

Cascabeles

En el silencio,
tu nombre suena como
cascabeles.

Brisa del mar,
murmullo de cangrejos,
gaviotas frente al sol
y otra vez cascabeles.

Risas y
cascabeles,
tu nombre en la distancia,
susurro de la luna
y otra vez cascabeles.

Desconocida voz
y otra vez
el silencio.

E.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Dama de la noche (5)

Tus ojos sin ti

Entre mi mano y yo
va cabalgando la luna,
la luna velada de tus ojos
que me mira sin ver
y me taladra por dentro.

Ocasos infinitos
se suceden
entre tu mano y tú,
entre tus ojos profundos
y esta hora que no pasa.

Voy a abrir las ventanas
para que entre el aire
de la noche, amor.

No dejes de mirarme.

E.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Dama de la noche (4)

Mirándote a los ojos

La magia está en el instante que se prepara
para otro instante improbable.
La magia es esta soledad
que ahogará tu presencia,
tu cuerpo trascendente y tibio
que ahora quisiera me cubra hasta la asfixia.

Yo, que he esperado tanto,
siento esta agonía como una herida vieja,
como una ansiedad trasnochada
entre tu cuerpo y el mío,
como una alegría frágil.
Y este esperar es parte de mi magia.
Latido hincado en la lujuria de una piel
sudorosa y regalada,
que se burla de mí porque existe tu cuerpo:
selva negra donde se ocultará esta piel errante,
hasta que sobre mí florezca otra piel nueva
por donde pueda transpirar
el sueño.

E.