viernes, 10 de julio de 2009

El tango, de Giusseppe Domínguez

EL TANGO

el tango es aburrido, rancio, soso.
el tango es decadente, obsoleto, pesado.

hasta que un día te diviertes,
te diviertes y casi hasta te ríes
bailando con alguna chiquilla enloquecida que te da una sonrisa.

el tango no te afecta, no te toca, a penas sí te dice nada.

hasta que un día una armónica te entra por la oreja, se te mete en el pecho y,
así, como si nada,
te parte en 2.

notas que se rompe en tu alma algo imposible, que tienes dos fuerzas tirando de ti,
para el cielo y para el infierno
o algo similar.

el tango, entonces, abre en ti una brecha insalvable,
un hueco de locura que sólo se llena muy de cuando en cuando,
un hueco que retumba en medio de tu torax,
un hueco de infinito que te lo llena un abrazo de alguien que a penas sí conoces.

el tango es para viejos, es un baile de ferias, un folklore importado
y te dicen que los antiguos son los mejores y tú dices que te quedas con el punk radikal
y te presentan los nuevos y dices que no es para tanto
y piazzolla te gusta, pero sólo pa’ un rato;

y un día te mueve las venas por dentro un algo,
un acordeón, quizá un piano
y te encuentras bailando Melancólico
de allá por los 40.

el tango es sólo un baile, te sigues resistiendo.

el tango es todo o nada, te guste o no te guste: te gusta o no te gusta,
el tango es, sin duda, una pasión;
pasión que te devora, te retiene, te atrapa,
te roba el alma, la mujer, el amante
y hasta algunos amigos que ya no puedes ver.

el tango irreversible ya no está entre tus manos
ahora con tus palabras, te has condenado,
con sus latidos sordos, ya te posee
ya eres todo suyo
y no te queda otra
que esperar ese instante
de eternidad
en que llenas el hueco de tu pecho anhelante
con esa con quien casi te rompes a llorar

GIUSSEPPE DOMINGUEZ