viernes, 11 de diciembre de 2009

Nieve difusa, de Dolores Vallejo

NIEVE DIFUSA

La dama de falda de rayas
rojas y blancas,
y blusa verde esperanza,
no levanta los ojos del libro,
ni para colocar la diadema pompón,
que poco a poco, se desliza por su frente.

La dama de medias blancas
y zapatos blancos,
mueve su mano sin darse cuenta,
de arriba abajo,
acariciando su pierna derecha.

Su hombro izquierdo,
reposado y descubierto,
se apoya en la mesa
en la que está su libro,
reposado y descubierto.

Huele a flores de jarrón
y a calor de chimenea.

La dama de pelo corto y mirada
de señorita rica concentrada,
se llama Leonor.

Afuera hace un frío terrible,
y las bajas temperaturas auguran nieve,
nieve difusa, como de lado,
de la que no se ve
porque se la mira de reojo,
sin prestarle atención,
por previsible, por obvia.

Huele a madera de pino
y piñas charlatanas.

La dama de escote en pico,
ribeteado con puntilla blanca,
no quiere ver ni oír nada que no le diga su libro.
¡Ni la belleza de la nieve difusa, puede con ella!

Huele a ensimismamiento, a alfombra espesa,
a pasar de hojas tras un largo silencio.

La dama de labios rojos y cejas negras
no quiere hablar, porque tiene los labios secos,
de tanto leer para adentro.

Huele a crema de manos y chocolate espeso.

DOLORES VALLEJO