sábado, 30 de enero de 2010

Autobuses, de Alfonso García-Villalba

AUTOBUSES

miro los autobuses. Cuando miro los autobuses no siento nada.
cuando no siento nada
miro hacia fuera.
entonces observo la publicidad en el lateral del autobús
fotos, frases en el lateral del autobús
entonces parpadeo y trago saliva:
depende del objeto en que anhele convertirme
depende

dentro de los autobuses las personas parecen galletas
dentro de los autobuses que parecen cajas de galletas
las personas parecen eso
galletas

las personas
en su interior
se colocan en casillas vacías
componen un damero:
surtido en caja de plástico
el crugigrama de aquello que pasa
entonces ocultan los espasmos o las risas histéricas
lo hacen bajo una piel que tan solo es camuflaje

la piel
que
es verdad
pero
blanca:
inodora
pese al sudor
pero blanca

miro las personas dentro de los autobuses
repito estas palabras mentalmente
(miro las personas dentro de los autobuses:
miro galletas,
no como galletas)
relleno con estas palabras los espacios en blanco
del crucigrama
las casillas vacías
engullo las casillas vacías
estas palabras en blanco
pese al sudor

dentro de mi cabeza sólo hay galletas
eso:
galletas
aunque yo no
sea
el monstruo

ALFONSO GARCÍA-VILLALBA MARTÍNEZ

jueves, 28 de enero de 2010

Premonición, de Carlos Wertheman

PREMONICIÓN

El ruido y la furia serán sólo palabras que recordarás
la mañana siguiente a la partida de los animales
cuando el último cardo arrancado del parque esté seco
y preguntes si el Apocalipsis ha llegado
y no tengas respuesta
y te resulte difícil arrancar de tu memoria las tardes morosas
y la calidez de la fruta

El concreto se hará cal entre tus pies.
No habrá brisa salina, ni canto de sirenas
cuando el mar se haya secado
y el último pez haya muerto lejos de tus manos
y de tus dientes
y no habrá fruta jugosa con que manchar tu barbilla
ni quién que te espere, ni muslos que besar
la mañana siguiente a la fuga de todos los animales

La Luna no se habrá vaciado de luz todavía
y no se habrá acercado aún
cuando te hayas decidido a coger tus bártulos
para evadir el juicio
y el viento aún silbe entre tus cabellos

y te retiras a quién sabe dónde

CARLOS WERTHEMAN

martes, 26 de enero de 2010

Las vestiduras, de Ada Menéndez

LAS VESTIDURAS

Quítate el pantalón
fuera camisas y abalorios
lanza los zapatos
olvida el pañuelo
desabrocha todos los botones
rompe donde haya que romper

Vayamos a la sombra
pero deja una luz prendida
quiero verte
descubrir el dormitorio de tus cicatrices
no perder de vista las manos entre mis piernas
entre las tuyas

Apóyate sobre mi sexo
úsalo como embudo
dilúyete

y sobre todo
cuando marches
recuerda quién te desvistió
sin quejarse por tanta ropa

ADA MENÉNDEZ

domingo, 24 de enero de 2010

Un etcétera de Juan Idalgo

¿POR QUÉ Y PARA QUÉ? (un etcétera)

¿por qué un para qué?
¿para qué un por qué?

JUAN HIDALGO

sábado, 23 de enero de 2010

Yecla, de Jana De Luque

YECLA

Yecla es un lugar de una sola calle
de una sola mujer
en un solo sentido
de una señal de descarga
con tan solo una puerta
una hora al día de un minuto de duración

De una decisión
una única impresión

Yecla es como una zapatilla cómoda
una gran fachada honesta
un verbo en presente.

JANA DE LUQUE

viernes, 22 de enero de 2010

Somos, de Óscar Martín Centeno

SOMOS
(Prestissimo)

Somos un grito
que se escapa del mundo, una palabra
que ha olvidado el lenguaje, una pasión
que abrió la puerta a todos los psiquiátricos.
Somos los ansiolíticos que alimentan tu sopa,
los antidepresivos que remontan tus venas
cosiéndote a mordiscos
todas las cicatrices.
Somos el vuelco que te gira en el pecho, la caricia
que te araña la espalda,
el rojo escalofrío
que recorre tu piel
tatuándola de frases surrealistas.
Somos la cafeína de los lunes
y la primera copa de los viernes.
Somos esa canción
que te quema los ojos cuando pones la radio.
Somos la rabia
que te come la sangre,
y la furia infinita
con que aprietas los dientes, y el dolor
que te acaba curando las heridas.

Y las noches de insomnio
en que te azota el alma haber nacido,
y el sudor congelado
que te clava la angustia, y la pasión
que desviste tu cuerpo, y el orgasmo
voraz
que te sabe mejor
que conquistar el mundo.
Y el golpe que te abre
con su luna los ojos
y el viejo abracadabra
de la conciencia y el desnudo
de toda realidad,
y el primer sorbo de cerveza de tus trece años,
que te sabía amargo y mareaba
y te entregaba un sueño
cosido con burbujas y canciones.

Y somos el azote
del mar sobre tu piel, y la sal en la herida,
y el murmullo escondido
que recita sus sílabas eternas en la caracola.
Y la llave de yudo
que le rompe la espalda a la gramática,
y la pintura
que colgó sus pinceles
para hacerse invisible, incomprensible, mágica
y colocó retretes en salas de museo e instalaciones
flotando en el Pacífico. Y también
somos el trueno ardiente
que rompe la sequía,
y el rayo que te cae a medio metro
y te hace gritar de puro pánico,
mientras gimes y piensas
que o no te quiere el diablo o es que falta
algo por hacer
antes de convertirte
en otro filamento
que estalla en las bombillas infinitas del mundo.
Somos la anomalía que revienta el sistema, la ecuación
que desgarra la lógica,
el anarquista insomne
que ha cruzado los cables de la central eléctrica,
porque una noche quiso
que callaran los focos, los ruidos,
las lámparas, las luces
y toda la ciudad
-desnuda entre las sombras-
mirara las estrellas.

ÓSCAR MARTÍN CENTENO

miércoles, 20 de enero de 2010

Te miro, de Maram al-Masri

TE MIRO

Una ventana
medio abierta
medio cerrada
una ventana
medio oculta
medio descubierta
una ventana
medio iluminada
medio a oscuras
abierta a un muro
abierta a un jardín
a una calle
a la hierba
al asfalto
a lo negro
a lo verde.

La ventana del amor.

MARAM AL-MASRI

lunes, 18 de enero de 2010

Un poema de ficción, de José Ángel Barrueco

UN POEMA DE FICCIÓN

imagino a mi madre
tiempo después de esta pesadilla

se acerca y me dice:
tu hermana le cantó las cuarenta a vuestro padre.
tu hermano se pegó con él, a puñetazos, una vez.
tú ya no le hablas, pero eso quizá no sea suficiente.
no quiero más violencias ni dispuestas ni peleas,
pero, tras todas estas injusticias,
tras todos estos malos ratos,
tras todos estos malos tratos,
tras las humillaciones y el hambre,
tras hacernos la vida imposible, ¿qué vas hacer?, dime,
¿cómo vas a ajustarle las cuentas? ¿dejarás que se salga con la suya?,
¿permitirás que se ría a tus espaldas y hable mal de nosotros?


me imagino a mí mismo, en silencio, meditando

mi madre insiste:
¿vas a hacer algo?

en mi sueño, reflexiono
luego digo:
sí, voy a hacer algo.

ella:
¿el qué?

yo:
le aplastaré con mis versos.

JOSÉ ÁNGEL BARRUECO

sábado, 16 de enero de 2010

La otra memoria, de Susana Recover

LA OTRA MEMORIA

Ahora es cuando he descifrado el olor de tu piel: olías a tormenta de verano y a aceitunas
Al verde del sur con la textura de los delfines
A arena húmeda
Olías a sol y a césped
Especialmente cuando tus pulgares caían como promesas sobre mi espalda
Y el viento de media noche
silbaba un canto melancólico entre las hojas adormecidas de calor y ausencias

Eclipsabas sobre mi como un aguacero
se posaban tus manos como dos aves enormes cubriendo mi cuerpo
convirtiéndome en una mujer que respira estrellas

SUSANA RECOVER

jueves, 14 de enero de 2010

Ama al cisne salvaje, de Luis Rogelio Nogueras

AMA AL CISNE SALVAJE

Ama tus ojos que pueden ver
Tu mente que puede oír
La música, el trueno de las alas,
Ama al cisne salvaje

Robinson Jeffers


No intentes posar tus manos sobre su inocente
Cuello (hasta la más suave caricia le parecería
El brutal manejo del verdugo).
No intentes susurrarle tu amor o tus penas
(tu voz lo asustaría como un trueno en mitad de
la noche).
No remuevas el agua de la laguna no respires.
Para ser tuyo tendría que morir.

Confórmate con su salvaje lejanía
Con su ajena belleza
(si vuelve la cabeza escóndete entre la hierba).
No rompas el hechizo de esta tarde de verano.
Trágate tu amor imposible.
Ámalo libre.
Ama el modo en que ignora que tú existes.
Ama al cisne salvaje.

LUIS ROGELIO NOGUERAS

martes, 12 de enero de 2010

Amaranto y rosa, de Ángela Vallvey

AMARANTO Y ROSA (AMOR NOBLE)

Ella es alta, rubia, tiene los ojos azules, moteados de manchas negras, como si acabaran de ser bombardeados.
Él la ama.
Ninguno de los dos cree en lo que dura, pero se someten a las pruebas de su amor de manera entregada, poco práctica, noble.
Ella es joven, lleva enferma mucho tiempo. Se hace la ilusión de que aún puede abandonarse al placer de los sentidos. La ilusión es enemiga de la experiencia.
Él la saca a pasear por el campo abarrotado de flores silvestres en su silla de ruedas. Es primavera y todo indica que aún se puede volver a vivir. La observa con una mirada ansiosa al pie de un muro de piedra, al fondo de un sendero de tierra lleno de cantos rodados que han dificultado su marcha hasta aquí.
A lo mejor debería darse a la bebida, piensa él, o matarla antes de verse obligado a contemplar cómo se muere.
Luego vacila.
-Hace un día espléndido –sacude la cabeza, se sienta en la maleza, bajo la sombra que ella y la silla de ruedas proyectan, se seca unas gotas de sudor que le recorren la frente.
-Creo que sí –dice ella. Sabe que morirá dentro de poco. ¿Se acabará el mundo entonces, cuando ella muera? Sí, ése será el fin del mundo, para ella no puede haber otro. Será el fin del amor, de todo lo demás.
Los ojos de él son unos redondeles de mica engastados frágilmente en su piel de muchacho. Están concentrados en el cielo en este momento. “Allí está todo –se dice-, todo debe estar en alguna parte y ése debería ser el sitio adecuado. Aunque no sé… Tal vez, al final, el cielo sea poca cosa. Poca cosa”.
No es ningún santo, ningún héroe, pero le duelen los males de ella. Cuando no esté, cuando tenga que debatirse con su ausencia, el mundo será un reino de nadie carente de objeto, de emociones.
Ella parece un fin inalcanzable. Está quieta, mirando al horizonte, cualquiera diría que está en paz. Cada instante es un suspiro fatigado que sale de su boca.
-¿Quieres algo? ¿Un poco de agua? –hace ademán de levantarse del suelo, en dirección a una cesta de mimbre que ha abandonado a unos metros de donde ellos están y que contiene la merienda, algunas bebidas guardadas entre hielo picado, servilletas de papel.
La mira igual que quien mira a solas un incendio lejano a través de una ventana.
A despecho de toda alegría, añade: “Te amo”.
-No, no tengo sed –responde ella-. Pero puedes besarme.
Él se levanta rápido. El sol caldea sus cuerpos. Llega hasta allí un aroma de helechos húmedos. Cerca del riachuelo hay varios castaños de Indias en flor.
-Te besaré. Te besaré siempre que tú quieras que te bese. Cuando tú quieras –dice él. Sus labios se estremecen al rozar los de ella.
¿Cómo aprovecharse de la enfermedad? ¿En qué orden? ¿O hay que dejarlo todo en sus manos?
Le ha hecho el amor muchas otras veces; con los ojos hinchados por las lágrimas es difícil conseguirlo para cualquiera, no así para él: la aflicción ya no es nueva entre sus manos, logra incluso hacerla gemir de felicidad, a ella, a la aflicción.
Extiende una manta de rayas rosas sobre un fondo amaranto en el suelo, tapando un rodal de hierba fresca. Le suelta el cabello, recogido en una trenza. Su pelo brilla bajo la luz de la mañana, está guardado en esa urna cineraria de oro que es el cosmos, que lo hace resplandecer. La coge en brazos, y la baja de la silla de ruedas, la deposita en el suelo, encima de la manta, le quita los zapatos poniendo mucho cuidado para no rozarle los talones.
Ella tiembla, todo su ser vibra y palpita, como si fuese a salir volando.
-Parezco una inválida. Deja que me divierta un poco –susurra, sonriendo débilmente, sin dejar de temblar, con los ojos trémulos de sombras-. Yo también te amo, lo sabes, ¿a que sí?
Él piensa que el cuerpo de ella es una máquina que seguirá temblando hasta que se le agoten las monedas que alguien debe de haberle echado dentro. Entonces, cuando llegue ese día, él la recogerá, ya inmóvil del todo, la volverá a depositar en otro sitio más frío donde no quepan las migajas de su deseo, estas caricias, su extraño don para tocarla y consolarla. Y luego se quedará mirándola embelesado –su cuerpo, el rescoldo de su amor-, mirándola y sin decir nada, con sus zapatos en la mano.

ÁNGELA VALLVEY

viernes, 8 de enero de 2010

Resumen de lo humano, de William Blake

RESUMEN DE LO HUMANO

La piedad no existiría
si no hiciéramos a alguien pobre;
y la misericordia no tendría lugar
si todos fuesen tan felices como nosotros.

El miedo compartido trae la paz
hasta que los amores egoístas aumentan.
Entonces la crueldad urde una trampa
y siembra con cuidado sus cebos.

Se sienta con sagrados temores
y riega la tierra con lágrimas;
la humildad echa entonces raíces
bajo sus plantas.

No tarda en extender la lúgubre sombra
del misterio sobre su cabeza;
y la oruga y la mosca
se alimentan de misterio.

Luego crece del árbol el fruto del engaño,
rojizo y dulce al paladar,
y el cuervo teje su nido
en su más espesa sombra.

Los dioses de la tierra y el mar
escrutaron la naturaleza para hallar este árbol,
pero vana resultó la búsqueda:
crece uno en cada cerebro humano.

WILLIAM BLAKE

jueves, 7 de enero de 2010

Ábreme un alma..., de Chema Vega

ÁBREME UN ALMA PALESTINA

El sol alzaba
su luz esperanzada;
los recovecos de las piedras
eran lagunas desiertas;
allí no estaban; soledad,
únicamente soledad.
Las balas no silbaban, sólo silencio.
Las huellas, mis huellas
sembraban flores
entre los muertos;
un bello rostro
me miró
-no hablaba, no latía-
medí el pulso a la tierra...
... no hablaba, no latía...
Una alfombra de cadáveres
abrió mi paso: mis ojos
conmocionaron.
Lobos y corderos: no aúllan,
no gimen.
¡Cómo alma luces grises negras
de Palestina!
Olía a uvas
pero más que vino
brotaban sangre las arterias
de la tierra:
sangre de tierra santa
sangre de fuego santo
de bombas, de metralla,
abono nutriendo
las raíces de la muerte.
Ya nadie mataba,
ya nadie moría: único yo
poblaba el mundo
``el réprobo de la guadaña ´´
único yo respiraba.
Mi corazón de hombre
no quería, no así, no solo,
mi corazón vacío de vida.
Tuve miedo, temblé,
alcé mi arma, apunté,
cayó la noche
y cometí el último asesinato
de la tierra.

CHEMA VEGA

lunes, 4 de enero de 2010

Haz de mi cuerpo tu casa, de Daniel Rabanaque

HAZ DE MI CUERPO TU CASA

haz de mi cuerpo tu casa
por esta noche
las cortinas están apagadas
el único fuego es un sonrojo
de bombilla tenue en la habitación del fondo
hay un grupo de hombres
cuchicheando bajo la ventana
que no te va a molestar
puedes dormir
puedes bailar
no puedes pasar el cerrojo
haz tu casa
pasa

DANIEL RABANAQUE

sábado, 2 de enero de 2010

El pintalabios..., de Sara Valverde

EL PINTALABIOS VERDE DE LA LIBÉLULA

Deletreo lentamente
la palabra libélula
y la palabra, palabra.

Se deshacen en mi boca
como un helado
en las manos de un niño
como mi pintalabios
después de besarnos
como el día
en un campo verde y blanco.

Desgarro lentamente
el tiempo que nos separa
tú, a un lado de la cuerda
yo, en el opuesto
y hoy tengo fuerzas para ganarte.

Lentamente deletreo
libélula, pintalabios, verde.

Anudo el poema
a mi garganta
grito tu nombre
y se para el tiempo
el tiempo desgarrado lentamente
TIC, TAC, TIC, TAC
y la cuerda se suelta
y el día se deshace
y el verde sigue verde
y yo,
sigo queriéndote
o al menos,
eso dicen las libélulas.

SARA VALVERDE