jueves, 7 de enero de 2010

Ábreme un alma..., de Chema Vega

ÁBREME UN ALMA PALESTINA

El sol alzaba
su luz esperanzada;
los recovecos de las piedras
eran lagunas desiertas;
allí no estaban; soledad,
únicamente soledad.
Las balas no silbaban, sólo silencio.
Las huellas, mis huellas
sembraban flores
entre los muertos;
un bello rostro
me miró
-no hablaba, no latía-
medí el pulso a la tierra...
... no hablaba, no latía...
Una alfombra de cadáveres
abrió mi paso: mis ojos
conmocionaron.
Lobos y corderos: no aúllan,
no gimen.
¡Cómo alma luces grises negras
de Palestina!
Olía a uvas
pero más que vino
brotaban sangre las arterias
de la tierra:
sangre de tierra santa
sangre de fuego santo
de bombas, de metralla,
abono nutriendo
las raíces de la muerte.
Ya nadie mataba,
ya nadie moría: único yo
poblaba el mundo
``el réprobo de la guadaña ´´
único yo respiraba.
Mi corazón de hombre
no quería, no así, no solo,
mi corazón vacío de vida.
Tuve miedo, temblé,
alcé mi arma, apunté,
cayó la noche
y cometí el último asesinato
de la tierra.

CHEMA VEGA