viernes, 19 de febrero de 2010

Sufrir..., de Gunnar Ekelof

SUFRIR...

Sufrir es difícil.
Sufrir sin amar es difícil.
Amar sin sufrir no es posible.
Amar es difícil.

GUNNAR EKELOF

miércoles, 17 de febrero de 2010

Hablo de la muerte, de Leopoldo Lezama

HABLO DE LA MUERTE

Hablo de las sensibilidades poderosas
De la belleza construida con los materiales fuertes
Hablo de caminos nunca antes transitados
Hablo del sendero vibrante, del colosal arpegio
Hablo del trazo que ordena al alma dispersa, de la onda mayor
Del sistema sagrado, visible únicamente con los ojos cerrados
Hablo de la eternidad, de su vestido limpio ensuciado por el fango
Hablo del mar, de su madera noble, hablo de la música de los papeles blancos
Del desánimo que es una cascada de noche y del espíritu, que es un verso intermitente
Hablo de los olores de la piel cansada, del amor y de sus cuartos fríos
Hablo de la ilusión de los poetas que se pudren como alimentos secos, hablo
Del sol que se queda dormido como elefante viejo, hablo del centro, del origen
De las manos rasposas, del polvo que ensucia los pulmones y los vuelve gruta
Del que distraído teje el polvo y lo convierte en manto, del aroma oculto en la memoria
De los grandes dibujantes que trabajan desvelados, del sueño que quiere construir sus
Propios dioses, hablo de ventanas sin cristales por donde entra el brillo de estrellas
Diminutas, hablo de las posibilidades infinitas que la muerte ofrece en tierra firme
Hablo del abismo como una planta curativa, hablo de los bosques donde llegan a morir
Luciérnagas heridas, hablo de los gatos ciegos que chocan
contra muros y baldosas, hablo
Del cambio de color en los arbustos matutinos, hablo de la
muerte que se filtra y envenena
La materia de las flores, hablo de mover una mano, de no moverla,
de dar tres parpadeos
Para contener el infinito, aquel que nos lleva a la montaña donde ya no hay agua
Aquel que nos hace preguntar por qué yo y por qué aquí y porqué la tediosa
Sensación de estar despierto, hablo de que uno mira una puerta y se detiene,
hablo de entrar
Y no saber lo que habrá adentro, hablo de vivir en un lugar al que no se hubiera llegado
Respirando, hablo de la historia universal y de su memoria moribunda,
hablo de las juntas
Matutinas a donde van los muertos, hablo de los que se consumen
tratando de entender y
Duermen angustiados, de lo que no se dice y se fatiga y termina dejando un hueco que
Después no se distingue, de lo que se espera y de lo que nunca se halla
De lo que no es dable a los sentidos y de las playas con escasos visitantes
Hablo del aire que sube como si quisiera irse del mundo, hablo del aire
Que llega a sus límites y brinca la cornisa, de lo que nace y en seguida muere
Del azar que no revela nunca su secuencia, de los escalones blancos
Que en el sueño se evaporan, hablo de las fiestas del sueño, de las profecías de santos
Negros, del que olvida su rostro y el tono de su voz y el brillo de sus ojos grises
Del ruido permanente que no deja de zumbar en la vigilia, del que interrumpe
Con la mano el flujo de la luz y se pregunta, si el muro ha cambiado de color
Por que hay otro universo, hablo de lo que existe a pesar de ser confuso,
del que se habita
Confundido, de los edificios con los baños rotos y las paredes enlamadas
Hablo de los que se disocian a fuerza de rigor, de los que leen poesía
Y sueñan con desiertos, de los que gastan el tiempo en conjeturas, hablo de los pocos a
Quienes coquetea la maldición de lo posible, hablo del sentido evaporado
Que ha de detenerse en algún sitio, hablo del loco que vive en una
Melodía invertida, pero en una melodía, hablo del loco que escucha
Su pulso y piensa que su tacto es un volumen derramado, un péndulo
Entumido que avanza hacia ruidos milenarios, tra ta tán, que viene el muerto
Tra ta tán que viene de regreso la mente que se dejó llevar por el espejo
Tra ta tán que los locos del espejo ya supieron, que la expresión perfecta
Es un dolor del universo, tra ta tán que la sensibilidad espía al ser perfecto
Tra ta tán, hablo de la música, de la palabra que en sí misma
Es la blancura, hablo del desequilibrio, que es una filosofía inmensa
Embriagada en su columpio, hablo de los caballos de Dios, de los caballos marrones sin
Espíritu que cabalgan sobre campos humildes, hablo de quienes se enamoran del azar y
Hallan lo mismo, del que se asombra del árbol a lo lejos y prefiere
no avanzar, de lo bello
Que destruye bajo su natural respiración, hablo del dolor, aunque
los santos tiemblen, hablo
Del universo que es un veneno inteligente, una música incompleta, hablo del movimiento
Voluptuoso de los ataúdes, del desconocido cementerio donde se besan
por las tardes los
Novios niños, hablo del arco y la centella, de la aurora fulminante y del conjuro que se
Neutraliza por dictarse en el ensueño, de las palabras de sustancia gris,
de las palabras que
Salen a las gestas con pequeños escudos de madera escurridiza,
de las percepciones largas
Que caminan sin rumbo, de noche, para ponerse a llorar en bodegones
de obra negra, hablo
De los ojos que se nublan de tanto contener el agua, hablo de la luz dispersa,
sin orden, que
Se derrama como baba eléctrica sobre la mesa de cocina, hablo del tiempo
que avanza sin
Prisa, desganado, como un campesino que retorna a casa mientras oye el mar,
hablo de los
Patios limpios y de las estaciones de ferrocarril llenas de humo negro, hablo de
Los que piensan que la tristeza es una sensación deforme, de los que
Especulan sobre las sirenas cuando no pueden dormir, de los que arrastran las sandalias
Con cautela para no romper la madrugada, de los que se quejan en silencio pero aún no
Están dormidos, de las alucinaciones, que son un rechinante carrusel de oro
escondido en el
Taller de cobre, hablo de los viejos que se levantan a mirar la noche
cuando piensan en la
Muerte, hablo de la noche, que es la versión sensible de las formas, de los poetas que
Extraen de las cosas su válvula secreta, su cualidad definitiva, de la llanura y de su
Polvo inerte, de las larvas que mueren antes de cambiar de piel, de las
Mariposas y su hermoso concierto mudo, de los niños castigados que desperdician
Sus cuadernos para hacer aviones, de los que todas las tardes suben a las azoteas para
Planear excelsos aerodinámicos modelos, de quienes imaginan una hoguera donde
Se consumen las adolecentes brujas, de los insectos que vuelan en desiguales
Órbitas amigas, de los alumnos de camisas limpias y rodillas sin tierra, que se angustian
Con el vuelo de las aves, hablo del desvelo quirúrgico que destaza para siempre
A la conciencia, de las palomas que buscan granos en la tierra, del rostro demencial
Que se refleja sin firmeza, de quienes saben que la lógica es una embriagada espiral
Con ridículas pretensiones de ser línea, hablo de quienes una noche se despiertan, y se
Encuentran con que todo está en un fabuloso cataclismo, hablo del miedo indescriptible
De los que ven más allá de los sentidos, hablo de lo que no se dice y
determina, hablo del
Olvido, de su periferia descompuesta y de sus balcones altísimos, hablo de cuando los
Astros resuelven sus errores milenarios en las pesadillas de los niños, hablo de quienes
Agotan todas las formas del dolor y nunca escriben una línea, hablo de la fiebre, de la
Frente llena de sudor y de los dolores nuevos, los que no ha sentido
carne alguna por ser de
otro universo, hablo de los que asesinan todo lo bonito, de los que trabajan
Incansablemente
para conocer el camino de regreso a la locura, de los que vieron el mármol
Sudoroso de la
segunda mente, de quienes estuvieron ahí, en lo otro, en lo que difícilmente
Se pronuncia
por ser de los demonios, hablo de los que besan el cuello de su amada antes
De asfixiarlo,
mientras sus ojos la miran con un amor que jamás podrá exhibirse, hablo de
Los segundos posteriores a la muerte, del cuerpo quieto luego de haber querido
Jalar aire, hablo de la mano que frasea una caricia, de la habitación iluminada
Y de las sábanas tiradas en el suelo, hablo del librero, de las colillas de cigarro
De que todo grita en una tonada que no entiendo, de que al amanecer los veladores se
Despiden sin prisa, hablo del silencio, de las ideas que en lo profundo
fijan una imagen que
No llega a emerger, hablo de los ojos bien abiertos y de los músculos tensos, hablo del
Pulso, esa percutiente manera de ir muriendo, de esa tonalidad inconclusa que avanza a
Tropiezos, hablo de las aves, de la tímida cortesía con que trepan a los árboles, de la
Inusual serenidad de su respiración, y del ramaje denso de los sueños,
de que en los sueños
Las habitaciones son más altas, y sus muros más espesos, para que no entren
los ruidos de la
Noche, para que el nebuloso paraíso de la luz eléctrica se desgarre
en su lírico alambrado
Hablo de que alguien fuma en el sueño, y el humo se pasea en las azoteas vecinas,
hablo de
Que la realidad no se organiza, de que la madrugada avanza torpe, como
un sinuoso desfile
De raíces que nunca tuvo origen, hablo de que tras los párpados dormidos
todo sucede con
La precisión de una rotura, de que la realidad avanza bajo un fin incierto,
de que la realidad
Es una niña vistiéndose de luces para llegar temprano a su exterminio, y hablo del vacio,
De que toda fuerza destructiva es el inicio de una noche, de que toda
voluntad es poderosa
Mientras vive, y de que esto que habitamos es la realidad desprendida de
una vértebra, un
Salón sin luces a punto de cerrarse, hablo de que la realidad avanza como
un caballito de
Mar montado por un niño cuyo corazón late de prisa, de que la muerte enseña la
Monstruosa dificultad con que comienza un orden y de que el amor
es un puente colgante
Siempre a punto de caerse, hablo de llorar, llorar y retorcerse, de volverse
humo cuando la
Noche comienza a naufragar, hablo de que en el máximo dolor se respira al fin un
Fragmento de pureza, hablo de la sensibilidades azulinas, hablo de los
que mueren porque
Su sensibilidad es una hidra, hablo de los que mueren a veces, de los que mueren
Hablo de la muerte.

LEOPOLDO LEZAMA

martes, 16 de febrero de 2010

La mano..., de Conrado Santamaría

LA MANO QUE TE DA DE COMER

Tú nunca la beses,
.....................................muerde esa mano,
muérdela bien, te digo,
así,
a dentelladas,
sin rencor y con rabia
hasta llegar al hueso, donde duerme
bendito el tuétano de la verdad,
muérdelas todas,
todas las manos limpias
que te dan de comer, que te amparan y alivian
en las noches sucias de tu condena,
pues si con una mano -dicen- te dan la vida,
con la otra mano -digo- matan tu dignidad.

CONRADO SANTAMARÍA

lunes, 15 de febrero de 2010

Si.., de Kipling

SI...

Si guardas en tu puesto la cabeza tranquila,
cuando todo a tu lado es cabeza perdida.

Si tienes en ti mismo una fe que te niegan,
y no desprecias nunca las dudas que ellos tengan.

Si esperas en tu puesto, sin fatiga en la espera;
si engañado, no engañas, si no buscas más odio,
que el odio que te tengan...

Si eres bueno, y no finges ser mejor de lo que eres;
si al hablar no exageras lo que sabes y quieres.

Si sueñas, y los sueños no te hacen su esclavo;
si piensas y rechazas lo que piensas en vano.

Si tropiezas al Triunfo, si llega tu Derrota,
y a los dos impostores les tratas de igual forma.

Si logras que se sepa la Verdad que has hablado,
a pesar del sofisma del Orbe encanallado.

Si vuelves al comienzo de la obra perdida,
aunque esta obra sea la de toda tu vida.

Si arriesgas en un golpe y lleno de alegría
tus ganancias de siempre a la suerte de un día;
y pierdes y te lanzas de nuevo a la pelea,
sin decir nada a nadie de lo que es y lo que era.

Si logras que tus nervios y el corazón te asistan,
aun después de su fuga de tu cuerpo en fatiga,
y se agarren contigo cuando no quede nada
porque tú lo deseas y lo quieres y mandas.

Si hablas con el pueblo, y guardas tu virtud.
Si marchas junto a Reyes con tu paso y tu luz.
Si nadie que te hiera, llega a hacerte la herida.
Si todos te reclaman y ni uno te precisa.

Si llenas el minuto inolvidable y cierto,
de sesenta segundos que te lleven al cielo...

Todo lo de esta tierra será de tu dominio,
y mucho más aún: serás Hombre, hijo mío.

RUDYARD KIPLING

viernes, 12 de febrero de 2010

El cuervo, de Poe

EL CUERVO

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: ¿Leonora?
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: ¡Leonora!
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!
Y el Cuervo dijo: Nunca más.

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: Nunca más.

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.
Y entonces dijo el pájaro: Nunca más.

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de Nunca, nunca más.

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir graznando: Nunca más.

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ay, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!
Y el Cuervo dijo: Nunca más.

¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!
Y el cuervo dijo: Nunca más.

¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!
Y el cuervo dijo: Nunca más.

¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: Nunca más.

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

EDGAR ALLAN POE

jueves, 11 de febrero de 2010

A cero, de Angelines Cuenca Morillo

A CERO

"Busco mases y encuentro menos."
Dolores Vallejo


Busco mases:
Más 63 años
Más 40 de casados
Más 3 hijas
Más 38 con una amante
Más 45 de vida profesional
Más 1 master
Más 5 nietos
Más 1 casa en la ciudad
Más 1 villa en el playa
Más 2 autos
Más 1 harley
Más 1 master
Más, más, más…
Busco mases y obtengo menos.
Menos 10 de improperios
Menos 100 de no te quiero papá
Menos 1000 de ojalá te mueras
Menos 10000 de sonrisas fingidas
¿Cuántos menos más de que?
Cuantos más mases sumo,
encuentro menos.
Me cansé de sumar
a golpe de tecla, de calculadora,
de cabeza, de corazón.
Ya no busco mases,
no quiero quedarme a cero.

ANGELINES CUENCA MORILLO

miércoles, 10 de febrero de 2010

El mundo es como un dado, de Daniel Samoilovich

EL MUNDO ES COMO UN DADO

que rueda.
y todo gira con él:
el hombre
se vuelve ángel, el ángel
hombre.
La cabeza pie, el pie
cabeza.
Así dan vueltas y vuetlas
las cosas
y se transforman ésta
en aquella
y aquella en ésta, lo superior
en inferior
y lo inferior en superior;
cuentas
no saldadas del Precámbrico
devienen
penas de un amor concluso,
la ansiedad
de una noche en el Trópico
cifra
del tiempo irreversible;
en la raíz
todo es uno, y en las transformaciones
algo se redime, en algo se repara
el error
divino de haber separado
de la tiniebla
la luz, haber hecho de la idea
cosa.
En el cambio nacen
dientes,
del cambio comen
ángeles,

caídos inclusive.

DANIEL SAMOILOVICH

lunes, 8 de febrero de 2010

Nos reciben..., de Jaime Gil de Biedma

NOS RECIBEN LAS CALLES CONOCIDAS...

Nos reciben las calles conocidas
y la tarde empezada, los cansados
castaños cuyas hojas, obedientes,
ruedan bajo los pies del que regresa,
preceden, acompañan nuestros pasos.
Interrumpiendo entre la muchedumbre
de los que a cada instante se suceden,
bajo la prematura opacidad
del cielo, que converge hacia su término,
cada uno se interna olvidadizo,
perdido en sus cuarteles solitarios
del invierno que viene. ¿Recordáis
la destreza del vuelo de las aves,
el júbilo y los juegos peligrosos,
la intensidad de cierto instante, quietos
bajo el cielo más alto que el follaje?
Si por lo menos alguien se acordase,
si alguien súbitamente acometido
se acordase... La luz usada deja
polvo de mariposa entre los dedos.

JAIME GIL DE BIEDMA

sábado, 6 de febrero de 2010

MiAgustinaTuAgustinaSuAgustina, de Yolanda Saenz de Tejada

MIAGUSTINATUAGUSTINASUAGUSTINA

A Gustave Duch, por luchar con su palabra y
revolverme las entrañas.


Ella es la raíz
cuadrada de
nueve:
tres.

Ella,
también,
es la raíz asfixiada
de sus hijos y
de su marido,
de la mujer que
cuida cada día y
de la madre
que dejó
en Guatemala.
(También se dejó
un segmento herido
del corazón.
Tan necesario ahora...)

Ella es
el enigma con
solución perfecta
para este
país.

Sí,
para ti,
para ellos,
para mí...

Son las cinco
de la mañana
y Agustina
se levanta
para forjar
(con sus
besos)
la comida
para la familia
que alumbró.

A las nueve
(con sus abrazos)
le lava el culo
a la señora que
cuida-
-La pobre loca se
quita sola el
pañal y lo pone todo
perdido-.

Aún tiene tiempo,
cuando vuelve a
las siete de la tarde,
de fregar
(con su adorable
cansancio)
la casa y de
preparar
la cena.

Pero eso sí,
a las 12
(de los sábados)
envía un sobre
a Guatemala,
para la madre
que la parió.
(Y que la echa
tanto de menos:
que buena eres
mi Agustina...,
retórnate ya.
)

Ella es la raíz
cuadrada de
nueve:
-ya sé que me
repito, joder-
tres
(en
una).

YOLANDA SAENZ DE TEJADA

viernes, 5 de febrero de 2010

Ciegos, de Vicente Navarro-Abad

CIEGOS

Malabaristas,
cegatos,
caminando sin golpearnos,
como artistas acreativos...
que de otras vidas observan imágenes especulares.

Entre unos...otros, son los que nada ofrecen,
y todo lo que ven, es nada cuando miran...

En todos los demás se ven a si mismos,
entonces creen mirar,
mirar su pelo y su ropa,
sus zapatillas y sus relojes...

Pamplinas!!
Pamplinas!!
Y más pamplinas..
Coño!.

Aquí nadie ve nada,
aquí y allí,
aquí!, somos fantasmas, buzos y sotanas,
somos cubiertas, manteles y latex,
tapados por bolsas de basura,
porque más de un ciego tiene mucho
que no quiere mirar...

VICENTE NAVARRO-ABAD

jueves, 4 de febrero de 2010

Estos tiempos, de Ewa Lipska

ESTOS TIEMPOS

Voy por el patio. Y de repente
corre hacia mí un chaval de unos seis años
con las mejillas fresas.
En la mano sujeta una pistola de madera.
¡Pum! ¡Pum! Dispara en mi dirección.
Después esconde el arma en un bolsillo.
Dice "trabajo hecho" y se va.
Informo a la familia. A los amigos.
Llamo a la policía y denuncio mi muerte.
Pero todos se cruzan de brazos:
y dicen. "Estos tiempos son así".

EWA LIPSKA

martes, 2 de febrero de 2010

Tenlo en cuenta, de Javier Das

TENLO EN CUENTA

El mundo nunca
se hundirá
-ni se rendirá-
a tus pies.
Así que
esta noche
sal a bailar,
que no sea otro
el que te cuente
cómo suenan las olas
al romper en las rocas.

JAVIER DAS