lunes, 12 de abril de 2010

Había un bar, de Domingo López

HABÍA UN BAR

Había un bar adonde iba
cuando sufría.
Entraba en una penumbra fresca,
olorosa a vino rancio,
a aceituna
y se sentaba en una mesa del fondo
como un perro exhausto
que se echa.
Desde ahí miraba el mundo
tras el cristal sucio
y bebía
en silencio como los tres
o cuatro asiduos que se reconocían
en aquella tasca sin nombre,
como apiadándose
unos de otros.
Luego
pasó el tiempo
y la vida le fue dejando
sin amparo
- otra ciudad, un empleo, un hijo,
las primeras muertes,
cuarenta años -
soportando el dolor
en su implacable interperie.
Ayer volvió
y encontró el callejón,
casi arrastrándose como entonces.
Peluquería Nuevo Look
leyó
con asombro y tristeza.
Y entró
y se dejó cortar el pelo escaso
mientras tragaba saliva
y se veía la cara en el espejo,
las arrugas,
la perenne mueca en la boca
y entonces supo
que aunque ya era tarde
para buscar refugio
ya no tendría definitivamente,
hasta el nicho final,
ningún sitio
donde esconderse.

DOMINGO LÓPEZ