miércoles, 19 de mayo de 2010

Ab Ovo, de Joseph Brodsky

AD OVO

Debería existir algún idioma
que redujera la palabra "huevo"
a una simple O. El italiano,
naturalmente, es el que más se acerca,
con sus uova. Por eso es que Alighieri
lo creía el alimento más nutricio,
afición compartida con sopranos
y tenores, de torsos como peras
que encarnan, a la postre, la palabra
"ópera". Y eso mismo se podría
decir de los románticos genuinos,
a saber, los poetas alemanes,
que empiezan cada verso de la misma
manera en que se empieza un desayuno;
o de los matemáticos, que se hacen
los gallitos también, mientras empollan
la regularidad del infinito,
cuyos inmaculados ceros nunca
jamás van a romper el cascarón.

JOSEPH BRODSKY