miércoles, 30 de junio de 2010

Un momento de felicidad, de Rumi

UN MOMENTO DE FELICIDAD

Un momento de felicidad,
tú y yo sentados en la varanda,
aparentemente dos, pero uno en alma, tú y yo.
sentimos el Agua de Vida que fluye aquí,
tú y yo, con la belleza del jardín
y el canto de las aves.
Las estrellas nos mirarán,
y les mostraremos
lo que es ser una fina luna creciente.
Tú y yo fuera de nosotros mismos, estaremos juntos,
indiferentes a conjeturas inútiles, tú y yo.
Los papagayos del paraíso harán el azúcar crujir
mientras reímos juntos tú yo.
de una forma en este mundo,
y de otra en una dulce tierra sin tiempo.

RUMI

martes, 29 de junio de 2010

Las Fiestas, de Santiago Espel

LAS FIESTAS
Y después estaban aquellas otras bacanales,
que por decirlo de algún modo eran la gloria;
los primeros escarceos donde mojamos
los sexos apretados al pantalón, con el vaso
de gaseosa en raro equilibrio y la mirada
perdida al fondo, en las 13 velas de la torta;
de esas fiestas se volvía cambiado, es decir
atravesado ya por una inquietud y sospecha
de lo que sería empezar a pensar un nombre
y repetirlo en silencio, hasta dejarlo sin aire;
se volvía como de una batalla, sin las bajas
muy claras y con el sabor difuso de la victoria;
en esas fiestas se empezaba también a lidiar
con el fracaso, con el miedo a ser rechazado;
y así y todo las llamábamos fiestas, un coliseo
al que entrábamos por la puerta grande,
con la camisa planchada y la raya prolija,
sin saber cómo ni cuándo iríamos a salir,
ya otros, distintos, con las palmas de las manos
transpiradas y la camisa afuera del pantalón;
adrenalina, eso, eso que corría por nosotros
sin saber qué era ni cómo se llamaba,
un temblor violento y frío que daba calor
y cerraba la garganta cuando sacábamos a bailar
a ese nombre que repetiríamos en silencio
hasta vaciarlo de sentido, de noche, ya en la cama;
quedan de aquellas bacanales cierta potencia,
una electricidad que no se repetiría nunca más
y el flamante desinterés por amuletos de la infancia
que le habían dado sentido rotundo al mundo;
a veces, no es imposible, un leve roce,
una palabra dicha en la oscuridad al oído, un beso,
nos devuelve a eso que llamamos adrenalina
eso que corre por nosotros sin saber bien qué es,
ni cuándo ni por qué viene,
ni cuándo ni por qué se va.
SANTIAGO ESPEL

viernes, 25 de junio de 2010

Mesopotamia, de Raymond Carver

MESOPOTAMIA

Al despertar antes de la salida del sol en una casa que no es la mía,
oigo una radio en la cocina.
Jirones de niebla al otro lado de la ventana mientras
una voz de mujer da las noticias y luego el tiempo.
Lo escucho junto con el sonido de la carne
cuando entra en contacto con la mantequilla en la sartén.
Sigo escuchando un poco más, medio dormido. Es parecido,
pero no es igual, a cuando de niño me quedaba en la cama
a oscuras, oyendo llorar a una mujer
y una voz de hombre se alzaba enfadada, o desesperada,
mientras sonaba la radio todo el rato. En vez de eso,
lo que oigo esta mañana es preguntar al hombre de la casa:
"¿cuántos veranos me quedan?
A ver, respóndeme a eso". No hay respuesta de la mujer
o, al menos, no la oigo. Pero ¿qué podría responder
a semejante pregunta? Al momento,
oigo la voz de él hablando de alguien que me parece
que ya se ha muerto: "aquel hombre podía decir
'!Oh, Mesopotamia!'
y conseguir que la gente se partiera de risa".
Me levanto rápido de la cama y me pongo los pantalones.
Suficiente luz en el cuarto para que, por fin, pueda ver
dónde estoy. Soy un hombre adulto, al fin y al cabo,
y esas personas son mis amigos. No les
está yendo bien en este preciso momento. O
les va mejor que nunca porque se han levantado temprano y hablan
sobre cosas importantes,
como la muerte y Mesopotamia. Sea como sea,
me siento impulsado hacia la cocina.
Cosas misteriosas e importantes
están ocurriendo allí esta mañana.

RAYMOND CARVER

miércoles, 23 de junio de 2010

Una maldición al demonio, de Jack Kerouac

UNA MALDICIÓN AL DEMONIO
Lucifer Sansfoi
        Lacayo Sansfoi
Rito judío Perdieu
        I. B. Perdie
                 Billy Perdy
Desenrrollaré tus
        intestinos desde Durham
                 a Dover
                 y los enterraré
                 en Clover-
Tus salmos te los he
        grabado
        en los dientes-
Tus victorias
desvanecidas-
Estás enjaulado bajo
la falda de una mujer
        de piedra-
Ciega mujer de piedra
sin intestinos
y sólo con una balanza-
Que tus pensamientos & cartas
entre cervezas vayan a
        una Beth (tumba, en gaélico)
Que tus filosofías
te broten de la nariz
de nuevo-
Que tus secretos
y ensayos sean colgados
        en salas de baile
de puñal
        a puñal
Que tu réquiem
final sea con
        martillos-
Que tu secreto
esencial quede enroscado
        a botones de oro
        & agonizando
Que tu guía para 32
ciudades europeas
quede cubierta de costras en Isaías
-que tu barba roja
algo snob desaparezca entre
ruinas de dolmen
de las ediciones
de Blake-
Que tus santos y
consuelos sean arrebatados
-un manual
enrollado en una
        urna-
Y tu padre
        y tu madre se manchen
        al pensar en ti
        el inagotable nunca engendrado
                 cosechador de gusanos
-tú yaciendo
allí, tú
reina por un
día, esperando
que las "brumas
del pantano"
se echen sobre ti
Que tu dulce belleza
sea descubierta por el Innombrable
en su escondite
        sésamo untuoso
sale de ti
de la ausencia
de salida,
tendón, todo
lo demás-
Temblorosa jerga
cementerio ¡Uuh!
        Que el hospital
que te entierre
        sea Baal,
        el enterrador
        Yorrick
& el que te eche la tierra encima
        un mulero-
Que tu perfil
        en otro tiempo
                 como el de la Garbo,
se confunda con la tierra-
anguilas de un
        fiordo
        infernal-
Y que tu tímida
        voz sea
        estrangulada
        por el polvo
                 para siempre.
Que las nubes de la
        promesa de Noé
        se licuen en pena
        sobre ti-
Que tiza roja
        sea tu centro
& quedes unido a cuellos
        de cerdos, verracos,
        estafadores y ladrones
        & ardas con
        Stalin, Hitler
        & los demás-
Que te muerdas
el labio    para que
        no puedas
        reunirte con Dios
                 o
        Que me pegue un editor
                 -amén
El limosnero,
        su taza no tiene
        fondo,
ni yo
        un límite.
Demonio, vuelve
        a las cavernas bermejas.
JACK KEROUAC

martes, 22 de junio de 2010

Busca en tu interior, de Jorge Barco

BUSCA EN TU INTERIOR

Busca en tu interior y sin que nadie se entere
cuéntales cosas que ya conocen,
como que una vez saltaste por la ventana
cuando entró en la habitación su novio.
Diles cosas que hayan hecho y que hayas hecho.
Así te leerán, porque sin darse cuenta
se estarán leyendo a sí mismos.

JORGE BARCO

jueves, 17 de junio de 2010

Parábolas, de Antonio Machado

PARÁBOLAS


I

Era un niño que soñaba
un caballo de cartón.
Abrió los ojos el niño
y el caballito no vio.
Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar;
y por la crin lo cogía...
¡Ahora no te escaparás!
Apenas lo hubo cogido,
el niño se despertó.
Tenía el puño cerrado.
¡El caballito voló!
Quedóse el niño muy serio
pensando que no es verdad
un caballito soñado.
Y ya no volvió a soñar.
Pero el niño se hizo mozo
y el mozo tuvo un amor,
y a su amada le decía:
¿Tú eres de verdad o no?
Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: Todo es soñar,
el caballito soñado
y el caballo de verdad.
Y cuando vino la muerte,
el viejo a su corazón
preguntaba: ¿Tú eres sueño?
¡Quién sabe si despertó!

II

Sobre la limpia arena, en el tartesio llano
por donde acaba España y sigue el mar,
hay dos hombres que apoyan la cabeza en la mano;
uno duerme, y el otro parece meditar.
El uno, en la mañana de tibia primavera,
junto a la mar tranquila,
ha puesto entre sus ojos y el mar que reverbera,
los párpados, que borran el mar en la pupila.
Y se ha dormido, y sueña con el pastor Proteo,
que sabe los rebaños del marino guardar;
y sueña que le llaman las hijas de Nereo,
y ha oído a los caballos de Poseidón hablar.
El otro mira al agua. Su pensamiento flota:
hijo del mar, navega ¿o se pone a volar?
Su pensamiento tiene un vuelo de gaviota,
que ha visto un pez de plata en el agua saltar.
Y piensa: "Es esta vida una ilusión marina
de un pescador que un día ya no puede pescar."
El soñador ha visto que el mar se le ilumina,
y sueña que es la muerte una ilusión del mar.

III

Érase de un marinero
que hizo un jardín junto al mar,
y se metió a jardinero.
Estaba el jardín en flor,
y el jardinero se fue
por esos mares de Dios.

IV

Sabe esperar, aguarda que la marea fluya
¿así en la costa un barco? sin que al partir te inquiete.
Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya;
porque la vida es larga y el arte es un juguete.
Y si la vida es corta
y no llega la mar a tu galera,
aguarda sin partir y siempre espera,
que el arte es largo y, además, no importa.

V

Dios no es el mar, está en el mar, riela
como luna en el agua, o aparece
como una blanca vela;
en el mar se despierta o se adormece.
Creó la mar, y nace
de la mar cual la nube y la tormenta;
es el Criador y la criatura lo hace;
su aliento es alma, y por el alma alienta.
Yo he de hacerte, mi Dios, cual tú me hiciste,
y para darte el alma que me diste
en mí te he de crear. Que el puro río
de caridad que fluye eternamente,
fluya en mi corazón. ¡Seca, Dios mío,
de una fe sin amor la turbia fuente!

VI

El Dios que todos llevamos,
el Dios que todos hacemos,
el Dios que todos buscamos
y que nunca encontraremos.
Tres dioses o tres personas
del solo Dios verdadero.

VII

Dice la razón: Busquemos
la verdad.
Y el corazón: Vanidad.
La verdad ya la tenemos.
La razón: ¡Ay, quién alcanza
la verdad!
El corazón: Vanidad.
La verdad es la esperanza.
Dice la razón: Tú mientes.
Y contesta el corazón:
Quien miente eres tú, razón.
que dices lo que no sientes.
La razón: Jamás podremos
entendernos, corazón.
El corazón: Lo veremos.

VIII

Cabeza meditadora,
¡qué lejos se oye el zumbido
de la abeja libadora!
Echaste un velo de sombra
sobre el bello mundo y vas
creyendo ver, porque mides
la sombra con un compás.
Mientras la abeja fabrica,
melifica,
con jugo de campo y sol,
yo voy echando verdades
que nada son, vanidades
al fondo de mi crisol.
De la mar al percepto,
del percepto al concepto,
del concepto a la idea
¡oh, la linda tarea!,
de la idea a la mar,
¡Y otra vez a empezar!

ANTONIO MACHADO

miércoles, 16 de junio de 2010

Que..., de Ana Rodríguez Callealta

QUE MIS PALABRAS MUERAN A FALTA DE TIEMPO,

mis arrebatos tercos,
mi locura.
Que nunca vuelva a sentir frío.
Que no existas o yo no me invente
que los sueños no tengan materia
ni la vida sangre
ni la muerte latidos.
Que el mundo se reduzca al fin a un subjuntivo:
imperfecto
simple
activo.

ANA RODRÍGUEZ CALLEALTA

martes, 15 de junio de 2010

Dulce luz, de Raymond Carver

DULCE LUZ

Tras el invierno, torpe y afligido,
florecí con la primavera. Una dulce luz

me colmó el pecho. Sacaba
una silla. Me sentaba durante horas frente al mar.

Escuchaba las balizas y aprendí
a expresar la diferencia entre una campana

y el sonido de una campana. Quería
todo lo que estaba a mi lado. Incluso quería

dejar de ser una persona. Y lo logré.
Sé que lo hice (ella me trajo de vuelta).

Recuerdo aquella mañana en que cerré la caja
de la memoria y giré la llave.

Cerrada para siempre.
Nadie sabe lo que me ocurrió

aquí fuera, mar. Sólo tú y yo lo sabemos.
Por la noche, las nubes cubrieron la luna.

Por la mañana ya se habían ido. ¿Y aquella dulce luz
que dije antes? También se había ido.


RAYMOND CARVER

miércoles, 9 de junio de 2010

Aullido, de Allen Ginsberg

AULLIDO (I)
He visto los mejores cerebros de mi generación destruidos por la
locura, famélicos, histéricos, desnudos,
arrastrándose de madrugada por las calles de los negros en busca de un
colérico picotazo,
pasotas de cabeza de ángel consumiéndose por la primigenia conexión
celestial con la estrellada dinamo de la maquinaria de la noche,
que, encarnación de la pobreza envuelta en harapos, drogados y con
vacías miradas, velaban fumando en la sobrenatural oscuridad de los
pisos de agua fría flotando sobre las crestas de la ciudad en
contemplación del jazz,
que desnudaron sus cerebros ante el Cielo bajo el El y vieron
tambalearse iluminados ángeles mahometanos sobre los tejados de las
casas de alquiler,
que atravesaron las universidades con radiantes ojos tranquilos,
alucinando Arkansas y tragedias de luz-Blake entre los escolásticos de
la guerra,
que fueron expulsados de las academias por dementes & por publicar
odas obscenas sobre las ventanas de la calavera,
que se acurrucaban amedrentados en ropa interior en habitaciones sin
afeitar, quemando su dinero en papeleras y escuchando el sonido del
Terror a través de la pared,
que fueron aferrados por sus barbas púbicas al regresar por Laredo a
Nueva York con un cinturón de marihuana,
que devoraron fuego en hoteluchos o bebieron trementina en Paradise
Alley, muerte, o hacían sufrir a sus torsos los tormentos del
purgatorio noche tras noche por medio de sueños, drogas, pesadillas de
la consciencia, alcohol y verga y juergas continuas,
incomparables callejones sin salida de trémula nube y relámpago en la
mente abalanzándose hacia los polos de Canadá & Paterson, iluminando
todo el inmóvil mundo del intertiempo,
solideces de salones en Peyote, albas de cementerio de árbol verde en
el patio de detrás, borrachera de vino sobre los tejados, barrios de
escaparates de locuras automovilísticas en marihuana parpadeo de neón
luz de tráfico, vibraciones de sol y luna y árbol en los rugientes
atardeceres de invierno en Brooklyn, desvarios de lata de basura y
bondadosa soberana luz de la mente,
que se encadenaron a los ferrocarriles subterráneos para el
interminable trayecto entre Battery y el sagrado Bronx colgados en
benzedrina hasta que el ruido de ruedas y niños les hacía caer
temblorosos, con la boca como un erial y bataneados, yermos
mentalmente, despojados de toda brillantez bajo la lúgubre luz de
zoológico,
que se sumergían la noche entera en la submarina luz de Bickford's,
salían flotando y desgranaban la tarde de cerveza rancia en el
desolado Fugazzi's, escuchando el estallido del apocalipsis en el
jukebox de hidrógeno,
que hablaban sin interrupción durante setenta horas del parque al
apartamento al bar a Bellevue al museo al Puente de Brooklyn,
un perdido batallón de conversadores platónicos saltando las
barandillas terminales de las escaleras contra incendios, desde las
ventanas, desde el Empire State, desde la Luna,
desbarrando gritando vomitando susurrando hechos y recuerdos y
anécdotas y excitaciones oculares y conmociones de hospitales y
cárceles y guerras,
intelectos enteros vomitados en deposición integral durante siete días
con sus noches con ojos brillantes, carnaza para la sinagoga arrojada
sobre el pavimento,
que se desvanecieron en la nada de la Nueva Jersey Zen dejando un
rastro de ambiguas postales dibujadas del Ayuntamiento de Atlantic
City,
sufriendo sudores orientales y crujidos de hueso tangerinos y migrañas
de la China bajo el síndrome de abstinencia en la escuálida habitación
amueblada de Newark,
que vagaban sin tino a media noche en el cercado de los ferrocarriles
preguntándose dónde ir, y partían, sin dejar atrás corazones
destrozados,
que encendían cigarrillos en furgones furgones furgones que
traqueteaban a través de la nieve hacia solitarias granjas en la
abuela noche,
que estudiaban a Plotino Poe S. Juan de la Cruz telepatía y la kabala
bop porque el cosmos vibraba instintivamente a sus pies en Kansas,
que se lo hacían de solitarios por las calles de Idaho en busca de
ángeles indios visionarios que fueran ángeles indios visionarios,
que pensaron que tan sólo estaban locos cuando Baltimore refulgió en
sobrenatural éxtasis,
que entraban a saco en limusinas con el Chino de Oklahoma impulsados
por la lluvia de invierno de farola de medianoche de pueblo,
que vagaban perezosos hambrientos y solos a través de Houston en busca
de jazz o de sexo o de sopa, y siguieron al deslumbrante Español para
conversar acerca de América y la Eternidad, desesperanzadora tarea, y
así embarcaron rumbo a Africa,
que desaparecieron en los volcanes de Méjico dejando tras de ellos tan
sólo la sombra de sus vaqueros y la lava y la ceniza de la poesía
esparcida en la chimenea que es Chicago,
que reaparecieron en la Costa Oeste investigando al F.B.I. con barba y
en pantalones cortos con grandes ojos pacifistas eróticos con su piel
morena distribuyendo incomprensibles panfletos,
que se quemaban los brazos con cigarrillos en protesta por la
narcótica neblina de tabaco del capitalismo,
que distribuían panfletos Supercomunistas en la Plaza de la Unión
sollozando y desnudándose mientras las sirenas de Los Alamos les
perseguían con sus aullidos, y aullaban por la calle Wall, y el ferry
de Staten Island aullaba tambien,
que se derrumbaban sollozando en blancos gimnasios desnudos y trémulos
ante la maquinaria de otros esqueletos,
que mordían a los detectives en el cuello y chillaban con deleite en
coches de la policía por no haber cometido más crimen que su
espontánea y salvaje pederastia e intoxicación,
que aullaban de hinojos en el metro y se veían arrastrados de los
tejados enarbolando genitales y manuscritos,
que permitían que los virtuosos motoristas les dieran por culo, y
gritaban de gozo,
que mamaban y fueron mamados por esos serafines humanos, los
marineros, caricias de amor Atlántico y Caribeño,
que follaban por la mañana por las tardes en las rosaledas y el césped
de los parques públicos y los cementerios dispersando su semen
libremente a quien quisiera viniera quien viniera,
que hipaban interminablemente intentando forzar una risita pero
acabaron sollozando tras una partición de unos Baños Turcos cuando el
rubio desnudo ángel apareció para atravesarles con una espada,
que perdieron sus efebos a manos de las tres viejas arpías del destino
la arpía tuerta del dólar heterosexual, la arpía tuerta que guiña el
ojo desde el interior del útero y la arpía tuerta que se limita a
sentarse sobre su culo y cortar las áureas hebras intelectuales del
telar del artesano,
que copulaban extáticos e insaciados con una botella de cerveza un
amante un paquete de cigarrillos una vela y caían de la cama y
continuaban por el suelo pasillo adelante y terminaban desmayándose
contra la pared con una visión del coño supremo y la eyaculación
eludiendo el último hálito de la consciencia
que endulzaron los coños de un millón de muchachas que se estremecían
en el crepúsculo, y al alba se encontraban con los ojos enrojecidos,
pero dispuestos a endulzarle el coño a la aurora, exhibiendo
relámpagos de culo bajo los graneros y desnudos en el lago,
que salían de putas por Colorado en miríadas de coches robados para
una noche, N.C., héroe secreto de estos poemas, follador y Adonis de
Denver - regocijémonos en el recuerdo de sus innumeras jodiendas de
muchachas en solares vacíos & en patios traseros de restaurantes, en
rechinantes filas de cines, en las cimas de las montañas en cuevas o
con enjutas camareras en familiares alzamientos de solitarias enaguas
a un lado de la carretera & especialmente de sus secretos solipsismos
en los servicios de las gasolineras, & también en las callejuelas de
la ciudad natal,
que se desvanecían en vastas y sórdidas películas, eran desplazados en
sueños, despertaban en un súbito Manhattan, y salían a duras penas de
los sótanos con resaca de despiadado Tokay y horrores de sueños de
hierro de la Tercera Avenida & iban tambaleándose hacia las
oficinas de desempleo,
que caminaban toda la noche con los zapatos llenos de sangre sobre los
muelles convertidos en bancos de nieve esperando que una puerta en el
East River se abriera a una habitación llena de vaporoso calor y opio,
que crearon grandes dramas suicidas sobre los farallones de
apartamentos del Hudson bajo el foco azul de tiempo de guerra de la
luna & serán ceñidas sus cabezas con laurel en el olvido,
que comieron el estofado de cordero de la imaginación o digirieron el
cangrejo en el cenagoso lecho de los ríos del Bowery,
que lloraban ante el encanto de las calles con sus carritos llenos de
cebollas y mala música,
que se sentaban sobre cajas inspirando la oscuridad bajo el puente, y
se levantaban para construir clavicordios en sus áticos,
que tosían en el sexto piso de Harlem coronados de llamas bajo el
cielo tubercular rodeados de cajas de naranjas llenas de teología,
que garrapateaban todas las noches balanceándose y rodando sobre
elevados encantamientos que en la amarilla mañana eran estrofas de
desatinos,
que cocinaban animales podridos pulmón corazón patas rabo borsht &
tortillas soñando con el puro reino vegetal,
que se arrojaban de cabeza bajo camiones de carne en busca de un huevo,
que tiraron sus relojes desde el tejado para emitir su voto por una
Eternidad fuera del Tiempo, & cayeron despertadores sobre sus cabezas
día tras día durante toda una década,
que se cortaron sin éxito las muñecas tres veces consecutivas
abandonaron y se vieron obligados a abrir tiendas de antigüedades
donde pensaron que se estaban volviendo viejos y se echaron a llorar,
que fueron quemados vivos en sus inocentes trajes de franela en
Madison Avenue entre salvas de plúmbeos versos & el enlatado estruendo
de los férreos regimientos de la moda & los chillidos de los maricas
de la publicidad & el gas mostaza de siniestros editores inteligentes,
o fueron atropellados por los ebrios taxis de la Realidad Absoluta,
que saltaron desde el Puente de Brooklyn esto sucedió de hecho y se
alejaron caminando desconocidos y olvidados penetrando en el
aturdimiento fantasmal de las callejuelas de sopa & coches de bomberos
del Barrio Chino, ni siquiera una cerveza gratis,
que cantaban desesperados desde sus ventanas, se caían por la
ventanilla del metro, se arrojaban al mugriento Passaic, se
abalanzaban sobre los negros, lloraban por toda la calle, bailaban
sobre vasos de vino rotos con los pies descalzos estrellaban discos de
nostálgico jazz europeo alemán de los años 30 acababan el whisky y
vomitaban gimiendo en el ensangrentado vater, con gemidos y el
estruendo de colosales silbatos de vapor en los oídos,
que se lanzaban a tumba abierta por las autopistas del pasado viajando
a los puestos de observación, Gólgota de soledad carcelaria de coches
preparados de cada uno de ellos o encarnación de jazz de Birmingham,
que conducían campo a través durante setenta y dos horas para
averiguar si yo había tenido una visión o tú habías tenido una visión
para conocer la Eternidad,
que viajaban a Denver, que morían en Denver, que regresaron a Denver &
esperaron en vano, que velaron a Denver & cavilaron & se asolaron en
Denver y finalmente lo abandonaron para averiguar el Tiempo, & ahora
Denver siente añoranza por sus héroes,
que se postraban de hinojos en desesperanzadas catedrales rezando por
su mutua salvación y por la luz y los pechos, hasta que el alma
iluminó su cabello durante un segundo,
que se estrellaron a través de sus mentes en la cárcel esperando a
imposibles criminales de áureas cabezas y el encanto de la realidad en
sus corazones que cantaran dulces blues a Alcatraz,
que se retiraron a México para cultivar un hábito, o a Rocky Mount al
tierno Buda, o a Tánger en busca de muchachos o a la Southern Pacific
a por la negra locomotora o a Harvard en busca de Narciso a Woodlawn a
la guirnalda de margaritas o la tumba,
que exigieron juicios de cordura acusando a la radio de hipnotismo &
se quedaron colgados con su locura & y sus manos & un jurado indeciso,
que arrojaban ensalada de patatas a los conferenciantes de la CCNY
sobre el Dadaísmo y subsiguientemente se presentaban sobre los
escalones de granito del manicomio con las cabezas afeitadas y un
arlequinesco discurso sobre el suicidio, exigiendo una lobotomía al
instante,
y recibieron a cambio el concreto vacío de la insulina el metrasol la
electricidad la hidroterapia la psicoterapia, la terapia ocupacional
pingpong amnesia,
que en desolada protesta se limitaron a volcar una única simbólica
mesa de pingpong, descansando brevemente en la catatonia,
regresando años más tarde calvos de verdad a excepción de una peluca
de sangre, y lágrimas y dedos, a la visible condenación del demente de
los pabellones de las ciudades de locos del Este,
los fétidos salones de Pilgrim State, Rockland y Greystone, disputando
con los ecos del alma, balanceándose y rodando en los bancos de
soledad de medianoche reinos-dolmen del amor, el sueño de la vida una
pesadilla, los cuerpos convertidos en piedra pesada como la luna,
(al fin la madre) y arrojado el último libro fantástico por la ventana
del piso de alquiler y cerrada la última puerta a las 4 a.m. y
estrellado el último teléfono contra la pared a modo de respuesta y
despojada la última habitación amueblada hasta de la última partícula
de mobiliario mental, un papel amarillo se erguía retorcido sobre un
colgador de alambre en el armario, e incluso eso imaginario, tan sólo
una esperanzada pizca de alucinación
ah, Carl, no estaré a salvo mientras no estés a salvo, y ahora estás
realmente sumergido en la absoluta sopa animal del tiempo
y quién por lo tanto corrió a través de las heladas calles obsesionado
por una súbita inspiración acerca de la alquimia de la utilización de
la elipse el catálogo, la medida & el plano vibratorio,
quién soñó y realizó vacíos encarnados en el Tiempo & el Espacio a
través de imágenes yuxtapuestas, y atrapó al arcángel del alma entre 2
imágenes visuales y unió los verbos elementales y puso al nombre y
pincelada de la consciencia a brincar juntos con sensación de Pater
Omnipotens Aeterna Deus
para recrear la sintaxis y la métrica de la pobre prosa humana y
quedar ante ti mudo e inteligente y tembloroso de vergüenza, rechazado
y no obstante confesando el alma para conformarse al ritmo del
pensamiento en su desnuda e inconmensurable cabeza,
el loco vagabundo y el ángel laten en el Tiempo, desconocidos y no
obstante registrando aquí lo que podría quedar por decir en el tiempo
después de la muerte,
y se alzó reencarnado en las fantasmales vestiduras del jazz en la
áurea sombra de las trompas de la banda y sopló el sufrimiento por
amor del desnudo cerebro de América convirtiéndolo en un grito de
saxofón eli eli lamma lamma sabacthani que hizo estremecerse a las
ciudades hasta la última radio
con el corazón absoluto del poema de la vida sanguinariamente
desgarrado de su propio cuerpo, comestible durante mil años.
ALLEN GINSBERG

martes, 8 de junio de 2010

Sensación, de Rimbaud

SENSACIÓN

Iré, cuando la tarde cante, azul, en verano,
herido por el trigo, a pisar la pradera;
soñador, sentiré su frescor en mis plantas
y dejaré que el viento me bañe la cabeza.

Sin hablar, sin pensar, iré por los senderos:
pero el amor sin límites me crecerá en el alma.
Me iré lejos, dichoso, como con una chica,
por los campos , tan lejos como el gitano vaga.

ARTUR RIMBAUD

martes, 1 de junio de 2010

Hormigas, de Renato Rezende

HORMIGAS

Tal vez esto ayude a comprender el Destino
o la Gracia:
en un patio de mármol, dos hormigas
intentan escalar una pilastra.
Pero no lo consiguen.
Una desiste.
La otra prosigue,
insiste.
Hasta que yo
agarro esa hormiga con la mano
y la coloco una palma más arriba del suelo. 

RENATO REZENDE