viernes, 30 de julio de 2010

La joven duerme así, de Vera Pavlova

(LA JOVEN DUERME ASÍ)
la joven duerme así
como si alguien estuviese soñándola
la mujer duerme así
como si mañana fuese a estallar una guerra
la anciana duerme así
como si bastara fingirse muerta
lo muerto y la muerte pasan
más allá del sueño
VERA PAVLOVA

jueves, 29 de julio de 2010

Gansos salvajes, de Mary Oliver

GANSOS SALVAJES
No hay por qué ser buenos.
No hay por qué caminar por el desierto
de rodillas incontables kilómetros, por arrepentimiento.
Sólo hay que dejar que el animal suave del cuerpo
ame aquello que ama.
Hablame de tus penas, yo te cuento las mías.
Sigue su marcha el mundo mientras tanto.
Por el paisaje, mientras tanto, el sol y los claros guijarros de la lluvia,
se mueven, por los prados y los frondosos árboles
las montañas y ríos.
Y los gansos salvajes, mientras tanto, por el limpio aire azul
volando alto emprenden el regreso.
Y vos, seas quien seas, sin importar cuán solo te sentís,
el mundo se le ofrece a tu imaginación,
te llama como llaman esos gansos salvajes, enérgicos y ásperos,
anunciándote una y otra vez el lugar que ocupás
en la familia de las cosas.
MARY OLIVER

jueves, 22 de julio de 2010

La buena vida, de Mark Strand

LA BUENA VIDA
Estás parado junto a la ventana.
Afuera hay una nube de vidrio que parece un corazón.
Los suspiros del viento son como cuevas entre tus palabras.
Eres el fantasma en ese árbol de afuera.
La calle está en silencio.
El tiempo, de la misma manera en que el mañana y que tu vida,
parcialmente está aquí, parcialmente en el aire.
No puedes hacer nada.
La buena vida llega sin aviso:
erosiona los climas de la desesperación
y se presenta, a pie, de incógnito, sin ofrecerte nada,
y tú estás ahí.
MARK STRAND

miércoles, 21 de julio de 2010

Carbunco, de Nazim Hikmet

CARBUNCO

Sobre dos columnas de la primera página yacen
dos niños desnudos
sobre dos columnas de la primera página
con la piel en los huesos.
Tienen la carne agujereada, reventada.
Uno es de Diyarbakïr, el otro de Ergani.
Tienen los brazos y las piernas raquíticos
enorme la cabeza
y un grito pavoroso en sus bocas abiertas
en la primera página dos ranitas aplastadas a pedradas.
Dos ranitas
dos hijos míos, enfermos de carbunco.
Quién sabe cuantos miles se nos van en un año
sin haber podido saciar siquiera su sed.
Y el señor subsecretario:
(así lo agarre el carbunco)
"No hay ningún motivo para preocuparse", dice.

NAZIM HIKMET

lunes, 19 de julio de 2010

Meditación en Lagunitas, de Robert Hass

MEDITACIÓN EN LAGUNITAS
El nuevo pensamiento es todo pérdida.
En eso se parece al antiguo pensamiento.
La idea, por ejemplo, de que cada particular borra
la luminosa claridad de una idea general.
Que el pájaro carpintero cara de payaso
que escudriña el esculpido tronco muerto
de aquel abedul es, por su sola presencia,
alguna trágica caída de un mundo primigenio
de luz indivisa. O la otra noción que dice
que, como en este mundo no hay una sola cosa
que corresponda al arbusto de la zarzamora,
una palabra es la elegía de lo que significa.
De esto hablamos anoche ya tarde y en la voz
de mi amigo había un delgado hilo de pena,
un tono casi de queja. Un rato después entendí
que, al hablar así, todo se disuelve:
justicia, pino, cabello, mujer, tú y yo.
Una vez hice el amor a una mujer y recuerdo cómo,
al tomar sus pequeños hombros entre mis manos,
sentí un violento asombro ante su presencia,
una sed de sal, sed del río de mi niñez
con sus cauces insulares, tonta música del barco
del placer, charco donde atrapamos aquel pececillo
naranja y plata llamado semilla de calabaza.
Apenas si tenía que ver con ella. Anhelo, decimos,
porque el deseo está lleno de distancias infinitas.
A ella yo le daba igual seguramente.
Pero cómo recuerdo la manera en que sus manos partían el pan,
lo que su padre le dijo para herirla, lo que soñaba.
Hay momentos en que el cuerpo es tan luminoso como las palabras,
días que son la carne buena prolongándose.
Una ternura tal, aquellas tardes y noches
repitiendo zarzamora, zarzamora, zarzamora.
ROBERT HASS

viernes, 16 de julio de 2010

Último fragmento, de Raymond Carver

ÚLTIMO FRAGMENTO

¿Y conseguiste lo que
querías en esta vida?
Lo conseguí.
¿Y qué querías?
Considerarme amado, sentirme
amado sobre la tierra.

RAYMOND CARVER

jueves, 15 de julio de 2010

Cuando muera..., de Rumi

CUANDO MUERA...


Cuando muera, mi cuerpo yaciendo sobre el suelo
quizás quieras besar mis labios
ya empezando a decaer
no te asustes si abro los ojos.

RUMI

martes, 13 de julio de 2010

El confín de la tierra, de Weldon Kees

EL CONFÍN DE LA TIERRA
Un día todo azul y blanco,
y nosotros salimos del bosque hacia la arena
y las olas con crestas nevadas. Subió el mar
acompañando nuestra caminata, la tierra
armó dunas, un faro y un cielo de gaviotas.
Acá, donde yo armé mi vida hace diez años,
se va haciendo de día, un día gris y frío;
y unas olas marrones, embarrando la orilla,
depositan cabezas de pescados
y agua sucia con latas oxidadas.
Hay unos chicos y unos hombres
rompiendo unas botellas en las rocas.
Y más allá del faro, recortándose negras en el cielo,
dos gaviotas están volando en círculos
donde comienza el bosque.
WELDON KEES

jueves, 8 de julio de 2010

Ahí fuera, de Pablo Casares

AHÍ FUERA
Ten en cuenta que en esta noche,
a medida que vas construyendo algún verso,
intentando
dar con la palabra justa, ésa
que capture con sentido el trance del tiempo,
ahí fuera,
no lo olvides,
están jugando a vivir.
PABLO CASARES

martes, 6 de julio de 2010

El teléfono, de Wislawa Szymborska

EL TELÉFONO

Sueño que me despierto
porque oigo el teléfono.

Sueño la seguridad
de que me llama un muerto.

Sueño que estiro la mano
para alcanzar el teléfono.

Pero ese teléfono,
distinto al que era,
se ha vuelto pesado,
como si se agarrara a algo,
como si se clavara en algo,
como si sus raíces se enredaran en algo.
Tendría que arrancarlo
junto con toda la Tierra.

Sueño mi forcejeo
inútil.

Sueño con el silencio,
porque ya no suena.

Sueño que me duermo
y despierto de nuevo.

WISLAWA SZYMBORSKA

lunes, 5 de julio de 2010

La cabeza, de Juan Carlos Mestre

LA CABEZA

Se me ha ido la cabeza
No soy el primero ni el último a quien de repente se le va la cabeza
Un día te levantas y no hay nadie sobre los hombros

La mayoría se aburren y marchan sin despedirse
No vuelven a acordarse de sus antiguos dueños
Las que regresan lo hacen a menudo desengañadas
Miran para otro lado como si aquí no hubiese pasado nada

Las oficinas de objetos perdidos están repletas de cabezas como la mía
Las guardan un tiempo, luego no se sabe qué hacen con ellas

No las iban a dejar allí para siempre

JUAN CARLOS MESTRE

jueves, 1 de julio de 2010

Troncos cortados, de Leire Bilbao

TRONCOS CORTADOS
El coche en el alquitrán de la carretera
voy detrás de un camión
lleva troncos cortados
como si se alzaran los cercenados dedos
uno encima de otro.
Y yo anhelo tu mano.
Al anhelar tu mano
he movido la mía al asiento contiguo
para que reposara como era costumbre en tus rodillas.
Y al tocar el vacío de tus huesos
he sentido los hachazos
de los trabajadores del bosque.
Mis dedos que no se unieron a los tuyos
marchan en el camión.
Y ahora ya no sé
cómo te volveré a tocar.
LEIRE BILBAO