viernes, 10 de septiembre de 2010

Cristo de Corcovado, de Jair Cortés

CRISTO DE CORCOVADO
En este camino no hubo comienzo:
esa pendiente es la prolongación del agua con la que lavaste tu cara,
de la luz que encendiste en la hora oscura cuando despertaste.
Asciendes. Te elevas entre los vivos.
Lenguas. Idiomas encontrados de repente,
puestos en el mismo vagón para mezclarse con el aire.
Ya en la cumbre,
Sus brazos se abren encima de las nubes para recibirte:
para recibirte
para recibirte
y llegas.
Cada piedra, vocablos pétreos, ojos incrustados que relumbran.
Sus brazos están abiertos para recibirte,
a ti, que llegas con los labios cosidos al pasaporte
y no sabes cómo, qué tan grande, cuál meridiano,
quién como Él, que tiene los brazos abiertos y dice:
MIRA, mira lo que yo miro,
esta maravilla
también es para ti.
JAIR CORTÉS