martes, 19 de octubre de 2010

La tarde, de Lorenzo Martín del Burgo

LA TARDE

Me bebí la tarde como una taza de té
Me perdí en la tarde como un niño en la verbena
Me oriné en la tarde como un perro contra un naranjo
Me casé con la tarde y me divorcié de la tarde
Me desesperé en la tarde y le corté las orejas a la tarde
Me subí a la grupa de la tarde que se desbocó como un caballo loco
Me pelee con la tarde y la tarde me puso la zancadilla
Me caí de espaldas en la tarde
Creí romperme la nuca contra la tarde
Me quedé afónico gritándole a la tarde
Me vestí con la tarde y salí desnudo a la tarde
Se rió de mí la tarde como si yo fuera un payaso
Sin ninguna consideración me puso en la puerta de la calle la tarde
Me asaltó la tarde y me desplumó hasta la última peseta
Tarde sádica que me flageló y me dejó plantado
Tarde homicida que planeó matemáticamente mi perdición
Tarde embustera que me calumnió y me llenó de ignominia
Me emborrachó la tarde y me hizo llorar toda la tarde
Toda la tarde estuvo buscándome las costillas
Me postergó y me olvidó la tarde como un zapato viejo
Me timó la tarde y acabé en la carcel de la tarde
Estuve rabiando toda la tarde
Temí volverme loco en plena tarde
Tarde impía que me persiguió y me apedreó
Cómo tarda el fin de la dictadura de la tarde
Nunca acaba la tarde aunque a veces se disfrace de mañana o de noche.

LORENZO MARTÏN DEL BURGO