lunes, 29 de noviembre de 2010

Ah, que tú escapes; de José Lezama Lima

AH, QUE TÚ ESCAPES

Ah, que tú escapes en el instante
en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
Ah, mi amiga, que tú no quieras creer
las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.
Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,
cuando en una misma agua discursiva
se bañan el inmóvil paisaje y los animales más finos:
antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos evaporados,
parecen entre sueños, sin ansias levantar
los más extensos cabellos y el agua más recordada.
Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los adioses
hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,
pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir.

LOSÉ LEZAMA LIMA

jueves, 25 de noviembre de 2010

Desde la ventana, de Ana Pérez Cañamares

DESDE LA VENTANA

Mientras tiendo la ropa
una mariposa enorme pasa por debajo
sorteando los setos y los árboles ralos
grácil como si la empujara el aliento de una selva
a la vuelta de la esquina.

Sumando mis horas de vuelo
a favor de las corrientes de aire
-si es eso lo que cuenta al final-
mi vida durará tan poco como la suya.

El otoño nos rodea piadoso
callando que él volverá una y otra vez
una y otra vez.

ANA PÉREZ CAÑAMARES

lunes, 22 de noviembre de 2010

Cosmos, de Whitman

COSMOS

Quién contiene a la diversidad y es la Naturaleza
quién es la amplitud de la tierra y la rudeza y sexualidad de la tierra
y la gran caridad de la tierra, y también el equilibrio
quién no ha dirigido en vano su mirada por las ventanas de los ojos
o cuyo cerebro no ha dado en vano audiencia a sus mensajeros
quién contiene a los creyentes y a los incrédulos
quién es el amante más majestuoso
quién, hombre o mujer, posee debidamente su trinidad de realismo
de espiritualidad y de lo estético o intelectual
quién después de haber considerado su cuerpo
encuentra que todos sus órganos y sus partes son buenos
quién, hombre o mujer, con la teoría de la tierra y de su cuerpo
comprende por sutiles analogías todas las otras teorías
la teoría de una ciudad, de un poema
y de la vasta política de los Estados
quién cree no sólo en nuestro globo con su sol y su luna
sino en los otros globos con sus soles y sus lunas
quién hombre o mujer, al construir su casa
no para un día sino para la eternidad
ve a las razas, épocas, efemérides, generaciones.
El pasado, el futuro, moran allí, como el espacio
indisolublemente juntos.

WALT WHITMAN

jueves, 18 de noviembre de 2010

Annabel Lee, de Poe

ANNABEL LEE

Fue hace muchos y muchos años,
en un reino junto al mar,
habitó una señorita a quien puedes conocer
por el nombre de Annabel Lee;
y esta señorita no vivía con otro pensamiento
que amar y ser amada por mí.

Yo era un niño y ella era una niña
en este reino junto al mar
pero nos amábamos con un amor que era más que amor
yo y mi Annabel Lee
con un amor que los ángeles súblimes del Paraíso
nos envidiaban a ella y a mí.

Y esa fue la razón de que, hace muchos años,
en este reino junto al mar,
un viento partió de una oscura nube aquella noche
helando a mi Annabel Lee;
así que sus nobles parientes vinieron
y me la arrebataron,
para silenciarla en una tumba
en este reino junto al mar.

Los ángeles, que no eran siquiera medio felices en el Paraíso,
nos cogieron envidia a ella y a mí:
¡Sí!, esa fue la razón (como todos los hombres saben
en este reino junto al mar)
de que el viento salió de una nube, helando
y matando a mi Annabel Lee.

Pero nuestro amor era más fuerte que el amor
de aquellos que eran mayores que nosotros
de muchos más sabios que nosotros
y ni los ángeles en el Paraíso encima
ni los demonios debajo del mar
separarán jamás mi alma del alma
de la hermosa Annabel Lee.

Porque la luna no luce sin traérme sueños
de la hermosa Annabel Lee;
ni brilla una estrella sin que vea los ojos brillantes
de la hermosa Annabel Lee;
y así paso la noche acostado al lado
de mi querida, mi querida, mi vida, mi novia,
en su sepulcro junto al mar
en su tumba a orillas del mar.

EDGAR ALLAN POE

martes, 16 de noviembre de 2010

La felicidad es inquietante, de Cristina Morano

LA FELICIDAD ES INQUIETANTE

Cuando uno se ha quedado solo
con un televisor y un gato,
todo se vuelve prescindible;
la mañana o la noche no son
más que espacios inermes ante el juego,
con las normas y los conceptos
y todas las antiguas búsquedas
conformando las ruinas sobre las que me tumbo,
sin lavarme y en camiseta
con un montón de libros
que se han ido decolorando
al sol.
Y todos esos
locos mendigos de la calle
que apestan a cocido
¿empezaron también
saliendo un lunes sin peinarse,
con las gotas de caldo por el pecho
y la sonrisa de los que son
por fin autosuficientes?

CRISTINA MORANO

jueves, 11 de noviembre de 2010

Ciruelo, risco y sonajero; de Dolores Vallejo

CIRUELO, RISCO y SONAJERO

Un paso de peatones
en una ciudad grande,
cálida y acogedora….
como Madrid.

Un paso de peatones
y una mujer desprotegida,
en una ciudad grande,
cálida y acogedora….
como Madrid.

Un coche que va
a más velocidad de la debida,
un paso de peatones
y una mujer desprotegida
y embarazada,
en una ciudad grande,
cálida y acogedora....
como Madrid.

El sol que deslumbra al conductor,
de un coche que va, quizás,
a más velocidad de la debida,
en un paso de peatones
y una mujer desprotegida
y embarazada,
en una ciudad grande,
cálida y acogedora….
como Madrid.

Un señor mayor jubilado,
leyendo un libro
de la biblioteca municipal,
levanta la vista de una frase
sin importancia, que habla de
un sonajero olvidado bajo
un ciruelo en lo alto de un risco,
cuando
………un conductor deslumbrado por el sol
arrolla a una mujer embarazada,
en un paso de peatones,
en una ciudad grande,
cálida y acogedora…
como Madrid.

DOLORES VALLEJO

lunes, 8 de noviembre de 2010

Papi, de Sylvia Plath

PAPI

Ya no, ya no,
ya no me sirves, zapato negro,
en el cual he vivido como un pie
durante treinta años, pobre y blanca,
sin atreverme apenas a respirar o hacer achís.

Papi: he tenido que matarte.
Te moriste antes de que me diera tiempo…
Pesado como el mármol, bolsa llena de Dios,
lívida estatua con un dedo del pie gris,
del tamaño de una foca de San Francisco.

Y la cabeza en el Atlántico extravagante
en que se vierte el verde legumbre sobre el azul
en aguas del hermoso Nauset.
Solía rezar para recuperarte.
Ach, du.

En la lengua alemana, en la localidad polaca
apisonada por el rodillo
de guerras y más guerras.
Pero el nombre del pueblo es corriente.
Mi amigo polaco

dice que hay una o dos docenas.
De modo que nunca supe distinguir dónde
pusiste tu pie, tus raíces:
nunca me pude dirigir a ti.
La lengua se me pegaba a la mandíbula.

Se me pegaba a un cepo de alambre de púas.
Ich, ich, ich, ich,
apenas lograba hablar:
Creía verte en todos los alemanes.
Y el lenguaje obsceno,

una locomotora, una locomotora
que me apartaba con desdén, como a un judío.
Judío que va hacia Dachau, Auschwitz, Belsen.
Empecé a hablar como los judíos.
Creo que podría ser judía yo misma.

Las nieves del Tirol, la clara cerveza de Viena,
no son ni muy puras ni muy auténticas.
Con mi abuela gitana y mi suerte rara
y mis naipes de Tarot, y mis naipes de Tarot,
podría ser algo judía.

Siempre te tuve miedo,
con tu Luftwaffe, tu jerga pomposa
y tu recortado bigote
y tus ojos arios, azul brillante.
Hombre-panzer, hombre-panzer: oh Tú...

No Dios, sino un esvástica
tan negra, que por ella no hay cielo que se abra paso.
Cada mujer adora a un fascista,
con la bota en la cara; el bruto,
el bruto corazón de un bruto como tú.

Estás de pie junto a la pizarra, papi,
en el retrato tuyo que tengo,
un hoyo en la barbilla en lugar de en el pie,
pero no por ello menos diablo, no menos
el hombre negro que

me partió de un mordisco el bonito corazón en dos.
Tenía yo diez años cuando te enterraron.
A los veinte traté de morir
para volver, volver, volver a ti.
Supuse que con los huesos bastaría.

Pero me sacaron de la tumba,
y me recompusieron con pegamento.
Y entonces supe lo que había que hacer.

Saqué de ti un modelo,
un hombre de negro con aire de Meinkampf,

e inclinación al potro y al garrote.
Y dije sí quiero, sí quiero.
De modo, papi, que por fin he terminado.
El teléfono negro está desconectado de raíz,
las voces no logran que críe lombrices.

Si ya he matado a un hombre, que sean dos:
el vampiro que dijo ser tú
y me estuvo bebiendo la sangre durante un año,
siete años, si quieres saberlo.
Ya puedes descansar, papi.

Hay una estaca en tu negro y grasiento corazón,
y a la gente del pueblo nunca le gustaste.
Bailan y patalean encima de ti.
Siempre supieron que eras tú.
Papi, papi, hijo de puta, estoy acabada.

SYLVIA PLATH

jueves, 4 de noviembre de 2010

Romperme..., de Ana del Vigo

ROMPERME...

Romperme en hilos de la ausencia tuya
Palpitarte
Andarte dentro
Andarte en el fondo, en el océano desolado
Gritarte con las manos atadas y un pecho llorando
Desabrazarte
Muriendo de entender sin ti
Desalojarte de mi vida privada
Amarte sollozando a lágrima viva
Herirme hondo contigo
Fantasearte amor
Fantasmarte en el mundo de las sombras
Oscurecerse el latido de este corazón abierto
Debilitarme
Empobrecerme
Evaporarme
Desaparecer amor
desaparecerme.

ANA DEL VIGO