martes, 16 de noviembre de 2010

La felicidad es inquietante, de Cristina Morano

LA FELICIDAD ES INQUIETANTE

Cuando uno se ha quedado solo
con un televisor y un gato,
todo se vuelve prescindible;
la mañana o la noche no son
más que espacios inermes ante el juego,
con las normas y los conceptos
y todas las antiguas búsquedas
conformando las ruinas sobre las que me tumbo,
sin lavarme y en camiseta
con un montón de libros
que se han ido decolorando
al sol.
Y todos esos
locos mendigos de la calle
que apestan a cocido
¿empezaron también
saliendo un lunes sin peinarse,
con las gotas de caldo por el pecho
y la sonrisa de los que son
por fin autosuficientes?

CRISTINA MORANO