martes, 21 de diciembre de 2010

Voy a hablar de la esperanza, de Vallejo

VOY A HABLAR DE LA ESPERANZA

Yo no sufro este dolor como César Vallejo. Yo no me duelo ahora como
artista, como hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro
este dolor como católico, como mahometano ni como ateo. Hoy sufro
solamente. Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo
dolor. Si no fuese artista, también lo sufriría. Si no fuese hombre ni
ser vivo siquiera, también lo sufriría. Si no fuese católico, ateo ni
mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde más abajo. Hoy sufro
solamente.

Me duelo ahora sin explicaciones. Mi dolor es tan hondo, que no tuvo
ya causa ni carece de causa. ¿Qué sería su causa? ¿Dónde está aquello
tan importante, que dejase de ser su causa? Nada es su causa; nada ha
podido dejar de ser su causa. ¿A qué ha nacido este dolor, por sí
mismo? Mi dolor es del viento del norte y del viento del sur, como
esos huevos neutros que algunas aves raras ponen del viento. Si
hubiera muerto mi novia, mi dolor sería igual. Si la vida fuese, en
fin, de otro modo, mi dolor sería igual. Hoy sufro desde más arriba.
Hoy sufro solamente.

Miro el dolor del hambriento y veo que su hambre anda tan lejos de mi
sufrimiento, que de quedarme ayuno hasta morir, saldría siempre de mi
tumba una brizna de yerba al menos. Lo mismo el enamorado. ¡Qué sangre
la suya más engendrada, para la mía sin fuente ni consumo!

Yo creía hasta ahora que todas las cosas del universo eran,
inevitablemente, padres o hijos. Pero he aquí que mi dolor de hoy no
es padre ni es hijo. Le falta espalda para anochecer, tanto como le
sobra pecho para amanecer y si lo pusiesen en la estancia oscura, no
daría luz y si lo pusiesen en una estancia luminosa, no echaría
sombra. Hoy sufro suceda lo que suceda. Hoy sufro solamente.

CÉSAR VALLEJO