miércoles, 26 de enero de 2011

Elegías de Duino (I), de Rainer Maria Rilke

ELEGÍA PRIMERA

¿Quién me oiría, si gritase yo, desde la esfera de los ángeles?
Y aunque uno de ellos me estrechase de pronto
contra su corazón, su existencia más fuerte
me haría perecer. Pues lo hermoso no es otra cosa que el comienzo
de lo terrible en un grado que todavía podemos soportar
y si lo admiramos tanto es sólo porque, indifierente,
rehúsa aniquilarnos. Todo ángel es terrible.
Así pues me contento y ahogo el clamor en mi garganta
de un oscuro sollozo. ¡Ay!, ¿a quién podremos
recurrir? A los ángeles no, ni tampoco a los hombres.
Y hasta el sagaz instinto de los animales les hace percibir
que no nos sentimos a gusto, ni seguros,
en este mundo interpretado. Tal vez nos queda un árbol
en la ladera, para que sea posible contemplarlo
cada día de nuevo; nos queda el camino del ayer
y la mimada fidelidad a una costumbre
que nos fue grata, se quedó con nosotros y nunca nos abandonó.
¡Oh!, y la noche, la noche, cuando el viento colmado de universo
nos lacera el rostro... ¿A quién no le queda ella, la anhelada,
que desengaña con suavidad mientras fatigosamente se cierne
sobre el corazón solitario? ¿Será más ligera para los amantes?
¡Ay!, ellos sólo se ocultan su destino el uno al otro.
¿Aún no lo sabías? Arroja el vacío de tus brazos
hacia los espacios que respiramos y así los pájaros quizá
sientas más grande el aire con un vuelo más íntimo.

Sí, es cierto que las primaveras te necesitaban. Algunas estrellas
requirieron que tú las contemplases. Una ola
se alzó hasta ti desde el pasado, o cuando
pasando por delante de una ventana abierta
las notas de un violín se te entregaron. Todo eso era una orden.
Pero, ¿pudiste cumplirla? ¿No estabas siempre
distraído, a la espera, como si todo te anunciara
una amante? (¿Dónde podrías esconderla
si los grandes y extraños pensamientos entran y salen de ti
y a menudo se quedan por la noche?)
Mas si la nostalgia te invade, canta a las que amaron;
su famoso sentimiento aún está lejos de ser inmortal.
Canta a las abandonadas, a ésas que, casi con envidia,
crees más apasionadas que las otras amantes satisfechas.
Vuelve siempre a empezar aquel elogio inalcanzable;
piensa que el héroe permanece, que la muerte misma
no fue sino un pretexto para ser: su nacimiento último.
Pero a las amantes la naturaleza agotada las reabsorbe
en su seno, como si no tuviera ya fuerza necesaria
para crearlas por segunda vez. ¿Has recordado lo bastante
el amor de Gaspara Stampa, para que una muchacha cualquiera,
a quien su amante abandonó, ante la exaltación de su ejemplo,
pudiese exclamar: ay, si yo fuese como ella?
¿No deberían estos dolores, los más viejos, volvérsenos al fin
fecundos? ¿No es tiempo ya de liberarnos, amando, del amante,
de resistirle, estremecidos, como la flecha resiste en el arco
para, concentrada en el salto, superarse a sí misma?
Pues no hay permanencia en parte alguna.

Voces, voces. Escucha, corazón mío, como sólo los santos
alguna vez lo hicieron: la llamada gigante
que los alzó del suelo, mientras ellos, absortos
e impasibles, seguían de rodillas:
así es como escuchaban. No es, ni de lejos, que tú pudieses soportar
la voz de Dios. Pero escucha la brisa,
el mensaje incesante que surge del silencio.
Ahora hasta ti llega el rumor de aquellos muertos jóvenes.
Dondequiera que entrases, en las iglesias de Nápoles y Roma,
¿no te hablaba con calma de su sino?
O aparecía ante ti una inscripción sublime,
como hace poco aquella lápida en Santa María Formosa.
¿Qué quieren de mí? Debo apartar con suavidad
esa apariencia de injusticia que un poco a veces
estorba el puro movimiento de sus espíritus.

Es extraño sin duda no habitar ya la tierra,
dejar de practicar unas costumbres apenas aprendidas,
no poder darles la significación de un porvenir humano
no a las rosas ni a las otras cosas, que eran de suyo una promesa;
lo que uno era en unas manos infinitamente angustiadas,
no serlo ya e incluso el propio nombre
dejarlo abandonado como un juguete roto.
Extraño no seguir deseando los deseos. Extraño
ver todo aquello que se relacionaba
flotando sueto en el espacio. Y estar muerto es un trabajo penoso,
ese recobrarse plenamente, hasta llegar a sentir poco a poco
la eternidad.- Pero los vivos, todos caen
en el error de distinguir con demasiada fuerza.
Los ángeles (se dice) a menudo no saben si se mueven
entre los vivos o los muertos. El eterno fluir
arrastra consigo todas las edades, a través de ambos reinos,
y en los dos, acallándolas, su rumor las domina.

A fin de cuentas ya no nos necesitan los prematuramente arrebatados,
uno va perdiendo suavemente el hábito de lo terrenal, como el niño
que ya no muestra apego por el pecho materno. Pero nosotros que necesitamos
de tan grandes misterios, para quienes, a menudo, brota de la tristeza
un progreso feliz, ¿podríamos ser sin ellos?
No en vano la leyenda nos dice cómo antaño, en el llanto por Linos
la música primera osó penetrar la pétrea rigidez;
entonces, en el espacio aterrorizado que un adolescente casi divino
abandonó de pronto para siempre, el vacío se llenó de aquella vibración
que ahora nos arrebata, nos consuela y ayuda.

Defensa de la metáfora, de Luis Rogelio Nogueras

DEFENSA DE LA METÁFORA

El revés de la muerte (no la vida)
el que clama por agua (no el sediento)
el sustento vital (no el alimento)
la huella del puñal (no la herida).
Muchacha antidesnuda (no vestida)
el pórtico del beso (no el aliento)
el que llega después (jamás el lento)
la vuelta del adiós (no la partida).
La ausencia del recuerdo (no el olvido)
lo que puede ocurrir (jamás la suerte)
la sombra del silencio (nunca el ruido).
Donde acaba el más débil (no el más fuerte)
el que sueña que sueña (no el dormido)
el revés de la vida (no la muerte).

LUIS ROGELIO NOGUERAS

martes, 25 de enero de 2011

El fin, de Tristan Corbière

EL FIN

¡Cuántos hombres del mar, oh, cuántos capitanes!
Victor Hugo


Todos –los capitanes como los marineros–
para siempre en el grande Océano han caído.
Se fueron inconscientes según sus derroteros
y han muerto –exactamente como habían partido.
Tal es su oficio que han muerto con las botas
puestas, en sus capotes envueltos, y unas gotas
de aguardiente en el alma. Mas la Desnarigada no
se acuesta con ellos; es más bien su criada.
No son muertos. Enteros van en las olas rotas
bajo la turbonada.
¿Se parece a la muerte un turbión? El velamen
batido por el agua: Tal es cabecear...
y si la arboladura a las olas que braman
azota derribada: Eso es zozobrar...
Analizad el término zozobrar... Vuestra "Muerte"
es muy poquita cosa bajo el temporal fuerte.
Al marino que lucha no le produce efecto
y sonríe con pena… ¡No debes estorbar,
fantasma! Ya la muerte toma mejor aspecto:
¡El mar...!
Ellos no son ahogados, pues los ahogados son
de agua dulce. No; echados a pique. El estrago
alcanza vida y bienes. Con una maldición
escupen el chicote en un estertor vago
y beben sin arcadas el más amargo trago
como al beber el bucarón...
Ni tumbas de seis pies, ni ataúdes, ni ratas.
Del tiburón son pasto, y su alma, al quedar sola,
en vez de rezumarse en míseras patatas,
respira en cada ola.
La marejada sigue sublevando la onda.
Parece el vientre inquieto de amor y de embeleso
de alguna prostituta embriagada y cachonda...
¡Para todos hay hueco!
Escuchad, escuchad la tormenta que brama.
Ese es su aniversario repetido. ¡Poeta,
guárdate tus romances de ciego, porque clama
el mejor De profundis el viento en su trompeta!
Dejadles en los ámbitos en donde sólo yerra
la muerte de los hombres desnudos y cobrizos
sin féretro, sin cirios... ¡Zascandiles de tierra,
dejad que siempre boguen, pobres advenedizos!

TRISTAN CORBIÈRE

lunes, 24 de enero de 2011

Ahí afuera..., de Rumi

Ahí afuera, más allá de ideas de bien o mal, hay un lugar
Nos vemos ahí.
Cuando el alma yace sobre la yerba
El mundo está demasiado lleno para hablar de él
Las ideas, el lenguaje, incluso la frase "cada uno"
No tienen sentido.

RUMI

viernes, 21 de enero de 2011

El hombre cansado de la vida (Lírica egipcia)

EL HOMBRE CANSADO DE LA VIDA

La muerte está hoy en mis ojos
como cuando un enfermo sana,
como cuando se camina después de la enfermedad.
La muerte está hoy en mis ojos
como aroma de mirra;
como cuando bajo la vela del barco un día de viento.
La muerte está hoy en mis ojos
como el perfume de nenúfares,
como cuando te sientes en el margen de la embriaguez.

(Poesía contemplativa de la XII dinastía egipcia).

miércoles, 19 de enero de 2011

Oración de la tarde, de Rimbaud

ORACIÓN DE LA TARDE

Como a un ángel que afeitan, vivo siempre sentado,
empuñando algún vaso de profundas estrías;
doblado el hipogastrio, miro cómo han zarpado
del puerto de mi pipa tenues escampavías...
Cual cálida inmundicia que un palomar ha hollado,
me abrasan dulcemente múltiples fantasías
y es mi corazón triste, árbol ensangrentado
por las jaldes resinas doradas y sombrías.
Cuando agoto mis sueños de bebedor asiduo
de cuarenta cuartillos, sin ningún sobresalto
me recojo y expulso el ácido residuo.
Tierno como el Señor del cedro y los hisopos,
meo hacia el cielo oscuro, muy lejos y muy alto,
con venia y beneplácito de los heliotropos.

ARTHUR RIMBAUD

martes, 18 de enero de 2011

Amorosa anticipación, de Borges

AMOROSA ANTICIPACIÓN

Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta
ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso y tácito y de niña,
ni la sucesión de tu vida asumiendo palabras o silencios
serán favor tan misterioso
como el mirar tu sueño implicado
en la vigilia de mis brazos.
Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño,
quieta y resplandeciente como una dicha que la memoria elige,
me darás esa orilla de tu vida que tú misma no tienes,
Arrojado a quietud
divisaré esa playa última de tu ser
y te veré por vez primera, quizá,
como Dios ha de verte,
desbaratada la ficción del Tiempo
sin el amor, sin mí.

JORGE LUIS BORGES

viernes, 14 de enero de 2011

Atalaya, de Giuss

ATALAYA

Atalaya puente
castillo
atalaya pasadizo palacio
catedral
atalaya apeadero andén
muralla
atalaya edificio rascacielos
hotel
atalaya pináculo terminal
almacén
atalaya aparcamiento pedregal
urbanización
atalaya monasterio residencia
hospital
atalaya cementerio tanatorio
tumba
atalaya kiosko tierra
subterráneo.

GIUSSEPPE DOMINGUEZ

jueves, 13 de enero de 2011

No era necesario..., de Juanele

NO ERA NECESARIO...

No era necesario mirar el cielo ni las ramas.
Aquí te vi, en la tierra pura, en la tierra desnuda.
Aquí te vi, espíritu primaveral, danzar o arder serenamente
como la alegría sin nombre,
transparencia imposible de una dicha flotante sobre el polvo.

Aquí te vi, niña fantasmal de velos diáfanos, en el mediodía
inexistente.
No era necesario mirar el cielo ni las ramas.

JUAN LAURENTINO ORTIZ

lunes, 10 de enero de 2011

Lección de dialéctica, de Luis Rogelio Nogueras

LECCIÓN DE DIALÉCTICA

Un hombre y una mujer
dejan de pronto olvidada la cartera
donde llevan
los sueños, las fotos donde están juntos,
las almohadas para tenderse en cualquier sitio,
el dinero, las victorias,
y no regresan a buscarla.
Luego otro hombre y otra mujer, prácticamente desconocidos,
encuentran en el asiento de una guagua,
en el cine, en la noche,
en los sitios más inverosímiles
la cartera,
y vuelven de nuevo a compartir
los sueños, las fotos (que ahora han cambiado de caras),
los pañuelos, las almohadas.
Hasta que un día ellos también la dejan olvidada
a la salida de un cine, en la orilla del mar, en un parque.
Y así.

LUIS ROGELIO NOGUERAS

lunes, 3 de enero de 2011

Entonces..., de Jorge Riechmann

ENTONCES, QUIZÁ

Alimentar una senda
con nuestros pasos

alzar
un pequeño toldo
para salvarnos del ruido

desdoblar debajo
espacio alerta

afeitarle al autoengaño
el rabo

limpiarle levemente los zapatos
a la atención

y entonces
quizá entonces
poesía

JORGE RIECHMANN