lunes, 28 de febrero de 2011

Me inquieta..., de Giuss

Me inquieta la quietud

No sé si temo encontrarme con algo que no puedo encontrar de otra manera;
quizás,
conmigo mismo.

GIUSSEPPE DOMINGUEZ

jueves, 24 de febrero de 2011

Nada, de Luis Rogelio Nogueras

NADA
(Traducción de un poema de Yves Moore, niño prodigio norteamericano)

No tengo nada
Sino la hierba húmeda bajo mis pies
desnudos
nada sino el aliento fresco de la noche
sobre mis mejillas
nada sino esta fogata
en la que caliento mis manos
nada sino el canto de las cigarras
nada sino el crepitar de ramas secas
en el fuego
nada sino el guiño cómplice y distante
de aquella estrella
acaso ya apagada
cuyo último destello ha viajado millones
de años
para llegar esta noche
hasta mí.

LUIS ROGELIO NOGUERAS

lunes, 21 de febrero de 2011

Masa, de Vallejo

MASA

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: "No mueras, te amo tanto!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
"¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando "Tanto amor y no poder nada contra la muerte!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: "¡Quédate hermano!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar...

CÉSAR VALLEJO

viernes, 18 de febrero de 2011

El pueblo bajo las nubes, de Juanele

EL PUEBLO BAJO LAS NUBES

Duerme el pueblo. ¿Es ello cierto bajo esta luz
casi nevada de un jardín algodonoso
que flota, se abre, y ciérrase sobre las calles solas
en una fantasía toda infantil de pura?

Yo sé, oh, que las cosas, sólo las cosas, sólo
se iluminan en esta irradiación alada
y cándida -Grandes cisnes efímeros
sobre un sueño de cal y de follajes?

JUAN LAURENTINO ORTIZ

jueves, 17 de febrero de 2011

A Niebla, de Rafael Alberti

A NIEBLA, MI PERRO

"Niebla", tú no comprendes: lo cantan tus orejas,
el tabaco inocente, tonto, de tu mirada,
los largos resplandores que por el monte dejas,
al saltar, rayo tierno de brizna despeinada.
Mira esos perros turbios, huérfanos, reservados,
que de improviso surgen de las rotas neblinas,
arrastrar en sus tímidos pasos desorientados
todo el terror reciente de su casa en ruinas.
A pesar de esos coches fugaces, sin cortejo,
que transportan la muerte en un cajón desnudo;
de ese niño que observa lo mismo que un festejo
la batalla en el aire, que asesinarle pudo;
a pesar del mejor compañero perdido,
de mi más que tristísima familia que no entiende
lo que yo más quisiera que hubiera comprendido,
y a pesar del amigo que deserta y nos vende;
"Niebla", mi camarada,
aunque tú no lo sabes, nos queda todavía,
en medio de esta heroica pena bombardeada,
la fe, que es alegría, alegría, alegría.

RAFAEL ALBERTI

miércoles, 16 de febrero de 2011

El otro tigre, de Borges

EL OTRO TIGRE

Pienso en un tigre. La penumbra exalta
la vasta Biblioteca laboriosa
y parece alejar los anaqueles;
fuerte, inocente, ensangrentado y nuevo,
él irá por su selva y su mañana
y marcará su rastro en la limosa
margen de un río cuyo nombre ignora
(en su mundo no hay nombres ni pasado
ni porvenir, sólo un instante cierto).
Y salvará las bárbaras distancias
y husmeará en el trenzado laberinto
de los olores el olor del alba
y el olor deleitable del venado.
Entre las rayas del bambú descifro
sus rayas y presiento la osatura
bajo la piel espléndida que vibra.
En vano se interponen los convexos
mares y los desiertos del planeta;
desde esta casa de un remoto puerto
de América del Sur, te sigo y sueño,
oh tigre de las márgenes del Ganges.

Cunde la tarde en mi alma y reflexiono
que el tigre vocativo de mi verso
es un tigre de símbolos y sombras,
una serie de tropos literarios
y de memorias de enciclopedia
y no el tigre fatal, la aciaga joya
que, bajo el sol o la diversa luna,
va cumpliendo en Sumatra o en Bengala
su rutina de amor, de ocio y de muerte.
Al tigre de los símbolos he opuesto
el verdadero, el de caliente sangre,
el que diezma la tribu de los búfalos
y hoy, 3 de agosto del 59,
alarga en la pradera una pausada
sombra, pero ya el hecho de nombrarlo
y de conjeturar su circunstancia
lo hace ficción del arte y no criatura
viviente de las que andan por la tierra.

Un tercer tigre buscaremos. Éste
será como los otros una forma
de mi sueño, un sistema de palabras
humanas y no el tigre vertebrado
que, más allá de las mitologías,
pisa la tierra. Bien lo sé, pero algo
me impone esta aventura indefinida,
insensata y antigua, y persevero
en buscar por el tiempo de la tarde
el otro tigre, el que no está en el verso.

JORGE LUIS BORGES

lunes, 14 de febrero de 2011

Aire y luz y tiempo y espacio, de Bukowski

AIRE Y LUZ Y TIEMPO Y ESPACIO

ya sabes, la familia, el trabajo,
siempre ha habido algo
en mi camino
pero ahora
he vendido mi casa, he encontrado este
sitio, un estudio grande, tienes que ver qué espacio y
qué luz.
por primera vez en mi vida voy a tener un sitio y tiempo para
crear.

no, hijo, si vas a crear
crearás aunque trabajes
16 horas diarias en una mina de carbón
o
crearás en un cuarto pequeño con 3 niños
mientras no cobras más que
el paro.
crearás como parte de tu mente y de tu
cuerpo
destrozados.
crearás ciego
mutilado
demente,
crearás con un gato subiéndote por la
espalda mientras
la ciudad entera se estremece ante un terremoto, un bombardeo,
una inundación, un incendio.

hijo, aire y luz y tiempo y espacio
no tienen nada que ver con la creación
y no crean nada
salvo, quizás, una vida más larga para
encontrar nuevas
excusas para no hacerlo.

CHARLES BUKOWSKI

viernes, 11 de febrero de 2011

Un poema de Wang Wei

Últimamente comprendí el significado de la tranquilidad,
día tras día me mantuve apartado de la multitud.
Limpié mi cabaña y la preparé para la visita de un monje,
que llegó a visitarme desde las montañas lejanas.
Vino bajando desde los picos ocultos por las nubes,
para verme en mi casa de techo de paja.
Sentados en el pasto compartimos la resina del pino,
quemando incienso leímos los sutras del Tao.
Al terminar el día encendimos nuestra lámpara,
las campanas del templo anuncian el
comienzo de la noche.
Repentinamente advertí que la
tranquilidad es realmente Felicidad,
y sentí que mi vida tiene abundante ocio.

WANG WEI

jueves, 10 de febrero de 2011

El guardián del hielo, de José Watanabe

EL GUARDIÁN DEL HIELO

Y coincidimos en el terral
el heladero con su carretilla averiada
y yo
que corría tras los pájaros huidos del fuego
de la zafra.
También coincidió el sol.
En esa situación cómo negarse a un favor llano:
el heladero me pidió cuidar su efímero hielo.

Oh cuidar lo fugaz bajo el sol…

El hielo empezó a derretirse
bajo mi sombra, tan desesperada
como inútil.
Diluyéndose
dibujaba seres esbeltos y primordiales
que sólo un instante tenían firmeza
de cristal de cuarzo
y enseguida eran formas puras
como de montaña o planeta
que se devasta.

No se puede amar lo que tan rápido fuga.
Ama rápido, me dijo el sol.
Y así aprendí, en su ardiente y perverso reino,
a cumplir con la vida:
yo soy el guardián del hielo.

JOSÉ WATANABE

lunes, 7 de febrero de 2011

Un poema de Gaspara Stampa

Si aun siendo como soy abyecta y vil
mujer, puedo llevar tan alto fuego
¿por qué no lo hago arder, siquiera un poco,
y se lo muestro al mundo con estilo?
Si amor con nuevo, extraordinario ardor,
que no esquivé, tan alto me condujo,
¿por qué no puedo yo, con juego insólito
hermanar en mi alma pena y pluma?
Y si no puedo por naturaleza,
por milagro podré, que tantas veces
vence, traspasa y rompe toda regla.
Yo no acierto a expresar si esto es posible,
pero empiezo a sentir, para mi suerte,
el corazón de un nuevo estilo impreso.

GASPARA STAMPA

jueves, 3 de febrero de 2011

Caja de cerrillos, de Verónica Fajardo

CAJA DE CERILLOS

La buscamos en los corredores de su mano izquierda
por la mañana bajo el sofá
mi hermano pide que le encienda un cigarrillo
a cambio me inventa un nuevo nombre

Recojo un fósforo del armario
mi hermano se asoma por las grietas de mi falda
moldea en mis pechos castillos de ceniza

A veces la llenamos de arena
las hormigas trazan un laberinto
nos recostamos
a esperar que alguien salga

A Benjamín le gusta cuando la hago sonar
dice que llueven luciérnagas
se quita el sombrero
y jugamos a cazarlas

Por la noche la escondemos de los grillos
que se posan frente a la estufa
ni mi hermano ni yo
recordamos
en qué lugar está.

VERÓNICA FAJARDO