jueves, 29 de septiembre de 2011

El jardín del emperador, de Amy Lowell

EL JARDÍN DEL EMPERADOR

Una vez, en el sofocante calor de pleno verano,
un Emperador hizo que las montañas en miniatura de su jardín
fueran cubiertas con seda blanca,
así coronadas,
parecían refrescar sus ojos
con el resplandor de la nieve.

AMY LOWELL

miércoles, 28 de septiembre de 2011

DUELO, de Thomas Bernhard

I

Hacia el Siglo de las Vacas,
Catulo, «gens Valeria…»
En los valles desecados
sostienes el diálogo de los muertos
has fundado tu silencio
en nombres tenebrosos:
Dos sombras de pájaros
Dos nuncas
Dos sin fin

II

Los grandes sufrimientos no eran su fuerte,
se remitían al futuro
y te piden explicaciones…
Dos mil años vividos de menos,
eso te arruinaba… una vez
estaban sin tiempo, estaban
sin fin…
Él lloró, se retiró al sueño de ella,
esperaba las superfluas formaciones de palabras
de su belleza…
ella no sentía nada
él penetró en esa NADA,

III

¿Con qué derecho
en este lugar,
con qué derecho…?

IV

Figuras susurrantes te cubrieron
de tinieblas,
rompieron cadenas, donde tú estabas,
te azotaron con azotes de pájaros…
Monumento de tedio en las colinas heladas,
los días se levantan negros
y tú en tu hambre.

V

Al final de la tumba escuché
tu voz
en la protesta de la corneja,
con viles mentiras te até
a las orillas del río…

VI

¿Pues quién escribió antes que yo
que nadie vivió antes que tú
y nadie murió
y nadie estuvo en mí,

quién escribió antes que yo
que la primavera era invierno
y el invierno primavera,
quién escribió antes que yo:
ésos eran nuestros nombres:
un verde negro,
un rojo mate,

quién escribió antes que yo
cómo entraba en las frías tumbas
el viento frío y la muerte fría?

VII

tú en tu sombra,
tú en tu despertar,
tú en tu tiempo,
tú en tu gloria,
tú en tu palabra,
¡tú!

VIII

En las lomas de las colinas del Adagio
aprendí los días y las noches.

IX

Con mi cuchillo bien afilado
grabé tu belleza
en la corteza del cielo,

cubrí tus heridas con nieve
y la sangre se secó con la velocidad del viento…

X

Durante mucho tiempo no supe
quiénes eran,
confié en su llamada de auxilio,

les conté el lamento
de nuestro lamento,
porque mi país me traicionó.

XI

Arranqué de los grabados nobles rostros
de antiquísimas estirpes.

XII

Sobrevivir
a las órdenes de la noche,
tú te refugias en los libros,
a mí me retiene la tierra
con sus pensamientos.

THOMAS BERNHARD

martes, 27 de septiembre de 2011

Ayuda a los ancianos, de José Daniel Espejo

AYUDA A LOS ANCIANOS

Ser viejo. Bien, es posible
que yo nunca lo sea. Es posible
que ninguno podamos, pero imagino
mi casa y mi cuerpo de anciano,
un sillón donte aterrice un buen sol
y una cabeza calva donde tan sólo
algunos recuerdos fluyan en silencio
y me mantengan en pie. Quiero
ser ese viejo, y sé perfectamente
que no está de moda una cosa así, pero espero
oír mi voz cascada en la cocina vacía,
ese ritmo de vida en que los pasos
son fruto de un deseo particular.
Quiero veros a todos a la luz
bellísima que da el alejamiento.
Quiero ser viejo y que vosotros
no lo seáis.

JOSÉ DANIEL ESPEJO

lunes, 26 de septiembre de 2011

Lamento..., de Juan Gelman

LAMENTO POR LA TÓRTOLA DE BUTCH BUTCHANAM

el pobre butch butchanam pasó sus últimos años
cuidando a una tórtola ciega y sin querer ver a nadie
en solidaridad con el pájaro al que amaba y cuidaba
y a veces aleteaba en su hombro dejando caer
un dulce sonido a naranjos azules girando por el cielo
a demonios de pie sobre un ratón
a monos de piedra sorprendidos en el acto de hacer

"oh tórtola" decía butch butchanam "amas la ceguera
y yo convertí mi corazón en ceguera
para que vueles alrededor de él y te quedes"
pero lo que debe desaparecer
todo lo que se masca come chupa bebe o saborea
venía con el crepúsculo y tristeza para butch
tristeza para butch

el cual:
soñaba con el desierto sembrado de calaveras de vaca
los castillos de arena instantánea o polvo rápidamente quieto en tierra
los oleajes (como de serpiente) del tiempo en Melody Spring
y los antepasados que ya no conocían la muerte ni el dolor de la muerte
y hablaban un idioma lento amarillo feliz
como un lazo de oro al cuello

noches y noches soñó butch butchanam
hasta que supo que iba a morir
enfiló su cama hacia el sur y se acostó de espaldas al cielo
y dejó escrito en la tórtola que lo enterraran de espaldas al cielo
y aquí yace de espaldas al cielo mirando todo lo que baja y sube
en Melody pueblo de miserables que:

degollaron la tórtola la asaron se la comieron
y comprobaron con cristiano horror
que los miraba desde el plato
con el recuerdo de sus ojos

JUAN GELMAN

viernes, 23 de septiembre de 2011

Ahora estarías, de René Higuera

AHORA ESTARÍAS

ahora estarías distraída del mundo
fiel al ventanal de tus evocaciones

eres el vaho que me deja el alba cuando te aleja
tus sueños tan claros Circe cuando llueve y te mojas

hay campanas que anuncian el crepúsculo del alma
nubes rosa sobre un cielo que oscurece
y su dibujo griego

un globo sin color en la memoria
se eleva
tus manos tendidas
me miran
explotar

RENÉ HIGUERA

jueves, 22 de septiembre de 2011

Lluvia, de Carver

LLUVIA

Me desperté esta mañana con
unas ganas tremendas de quedarme todo el día en la cama
leyendo. Luché contra ello durante un rato.

Me asomé entonces a la ventana y estaba lloviendo.
Y me rendí. Me dediqué por entero
al cuidado de esta mañana lluviosa.

¿Viviría mi vida otra vez?
¿Con los mismos errores imperdonables?
Sí, a la mínima posibilidad que tuviera. Sí.

RAYMOND CARVER

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Salmo T., de Paul Valery

SALMO T.

El más escéptico de todos
es el Tiempo,
que con los Noes hace Síes
y con el odio amor
y al contrario.
Y si el río no remonta a su fuente,
y si la manzana caída no salta
y se reúne a su rama
es porque te falta paciencia para creerlo.

PAUL VALERY

martes, 20 de septiembre de 2011

Un Salmo de Ernesto Cardenal

SALMO 1

Bienaventurado el hombre que no sigue las consignas del Partido
ni asiste a sus mítines
ni se sienta en la mesa con los gangsters
ni con los Generales en el Consejo de Guerra
Bienaventurado el hombre que no espía a su hermano
ni delata a su compañero de colegio
Bienaventurado el hombre que no lee los anuncios comerciales
ni escucha sus radios
ni cree en sus slogans

Será como un árbol plantado junto a una fuente.

ERNESTO CARDENAL

lunes, 19 de septiembre de 2011

Conversación..., de Paola Cadena Pardo

CONVERSACIÓN ENTRE DIOSES DE LA CREACIÓN,
ESCUCHADA DESPUÉS DE HACER VERDADERO SILENCIO:

ÉL: ¿forma de qué le darás a la Vida?
ELLA: de Hotel, llegarán, amarán los que tengan suerte y se marcharán
ÉL: ¿y si no tienen suerte?, ¿morirán con la luz apagada?
ELLA: en la luz apagada, algunos aprenden a encender velas.
ÉL: ¿y si las velas los queman?
ELLA: el Hotel seguirá en la palma de sus manos

PAOLA CADENA PARDO

viernes, 16 de septiembre de 2011

Ven de la luz..., de Stella Díaz Varín

VEN DE LA LUZ, HIJO

Que te ciegue la luz, hijo.
Ven de la luz;
desde donde la pupila sueña
y vuelve atormentada,
como un escombro vivo,
como especie de flor, como pájaro.
Carbón de víscera terrestre,
así como víscera de árbol.

Deja que se ensañe la luz, hijo,
desciende como los antiguos ángeles,
como los malos discípulos,
ardiendo en su pasión, desheredados.
Así como las fieras, hijo.

Incomprendidas del río, intocadas
absolutas, tristes.
Ese será el día
-presentimiento que no quise,
tú sabes, los conoces-
que tomaré la forma deseada.

Ojo de estiércol, húmedo;
aprisionaré tu llama,
tu superficie extraceleste
tu mirada de centro obscuro,
tu trigal;
la tibia voluntad de tu piel
me ayudará y seremos.

Nunca antes pudimos.
Yo era como esas pequeñas fuentes secas.
Desciende, hijo, de la luz;
avizora el espacio,
avizora el horizonte.
La curva que deja el corazón de un muerto,
la mano que se esconde,
la mano que nadie quiso acariciar.

Seremos.
Tú y yo venidos
irremisiblemente;
unidos como dos tallos jóvenes aún;
queriendo apenas lo que no se nos dio.
Amando
lo que la luz aconseja:
el vértigo, la hondonada, el silencio.
el color de las piedras;
tantas cosas simples y distintas.
Llegaremos a amar la contextura de Dios
tan difusa;
tan perfecta como tus pequeños ídolos.
La madera de Dios
tan bella y roja
como el corazón de los árboles.
Tan bella y roja
como el corazón del veneno.
Que te ciegue la luz, hijo.
Que te atormente.
Ven de la luz, inúndate;
ten la luz y desmiente la tiniebla.
Ven, hijo, arrodíllate.
Cree en los amaneceres.
En la luz son más bellos los ojos de Dios.

STELLA DÍAZ VARÍN

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Cuerpo a la vista, de Octavio Paz

CUERPO A LA VISTA

Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron un cuerpo:
tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar,
tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales,
prisioneros en llamas,
tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada,
sitios en donde el tiempo no transcurre,
valles que sólo mis labios conocen,
desfiladero de la luna que asciende a tu garganta entre
tus senos,
cascada petrificada de la nuca,
alta meseta de tu vientre,
playa sin fin de tu costado.

Tus ojos son los ojos fijos del tigre
y un minuto después son los ojos húmedos del perro.

Siempre hay abejas en tu pelo.

Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos
como la espalda del río a la luz del incendio.

Aguas dormidas golpean día y noche tu cintura de arcilla
y en tus costas, inmensas como los arenales de la luna,
el viento sopla por mi boca y su largo quejido cubre con
sus dos alas grises
la noche de los cuerpos,
como la sombra del águila la soledad del páramo.

Las uñas de los dedos de tus pies están hechas del cristal
del verano.

Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida,
bahía donde el mar de noche se aquieta, negro caballo
de espuma,
cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro,
boca del horno donde se hacen las hostias,
sonrientes labios entreabiertos y atroces,
nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible
(allí espera la carne su resurrección y el día de la vida
perdurable).

Patria de sangre,
única tierra que conozco y me conoce,
única patria en la que creo,
única puerta al infinito.

OCTAVIO PAZ

martes, 13 de septiembre de 2011

Un poema de Homero Aridjis

Buenos días a los seres
que son como un país
y ya verlos
es viajar a otra parte

buenos días a los ojos
que al abrirse han leído
el poema visible

buenos días a los labios
que desde el comienzo han dicho
los nombres infinitos

buenos días a las manos
que han tocado las cosas
de la tierra bellísima.

HOMERO ARIDJIS