viernes, 23 de diciembre de 2011

Un poema de Pierre Reverdy

ALEGRÍA

El aire huele a mar
El invierno tiene tanta altura que nos espanta
No se sabe dónde nacen los vientos
Ni que dirección toman
La casa cabecea como un barco
Qué mano nos mece

Al grito lanzado desde fuera
Salí para ver
Una mujer se ahogaba
Una mujer desconocida
Le tendía la mano
La salvé

Después de haberle dicho mi nombre
Que ella no conocía
La puse a secar en un sitio más caliente
La vi volver a la vida y embellecerse
Luego como el calor aumentaba
Desapreció
Evaporada
Comencé a gritar y llorar
Y estallé
En carcajadas

Por un momento había recogido el renombre
En mi intimidad
Abrí la puerta y eché a correr
A campo traviesa a cantar a voz en cuello
Cuando volví
En mi casa se había hecho la calma
Y el fuego que se había apagado
Se encendió de nuevo

PIERRE REVERDY

jueves, 22 de diciembre de 2011

Un poema de Miguel Barnet

LOS VISITANTES

Vienen rodeando la casa,
atravesando el patio,
los muros altos donde las nubes
graznan como las garzas en invierno

Llegan al corredor
y se desvelan un poco por el olor a vino

Después entran en los cuartos,
se inclinan, gimen, visten el traje de Ricardo,
el antifaz,
de nuevo se deslizan hacia la misma noche,
de nuevo caen
con las manos unidas,
imitan el ruido de las abejas,
el graznido de invierno,
imitan el grito de pavor, de oscuridad, de nada

Vienen rodeando la casa
y parecen estar alegres,
parecen ejercer la plenitud de la sala vacía,
parecen estar vivos,
que es lo peor de todo

MIGUEL BARNET

lunes, 19 de diciembre de 2011

Las ventajas de aprender, de Kenneth Rexroth

LAS VENTAJAS DE APRENDER

Soy un hombre sin ambiciones
y con pocos amigos, totalmente incapaz
de ganarse la vida, que no
rejuvenece, fugitivo de alguna condena.
Solitario, mal vestido, qué importa?
A medianoche me preparo una taza
de vino blanco caliente y semillas de cardamomo.
Con una rasgada bata gris y vieja boina,
me siento en el frío a escribir poemas,
a dibujar desnudos en los arrugados márgenes,
a copular con quinceañeras
ninfómanas de mi imaginación.

KENNETH REXROTH

viernes, 16 de diciembre de 2011

Un poema de Carmen Garrido

¿QUIÉN LES PIDIÓ PERMISO?

Per Isabel, la piu dolce

Qué difícil es pasar de ser humano a ser ángel
De ser mujer a ser alado
Luego, vienen las consecuencias

Te ponen flores de esas blancas,
cuando tú prefieres el púrpura, color de la realeza

Olvidas que tu pelo fue negro
porque se queda como capucha de condenado,
sobre la calavera
Frotas los pies por la helada
y cae sobre la madera un hueso calcáneo,
haciendo un ruido que te da vergüenza
Los demás te miran...
aún no has asumido tu condición de pluma


Añoras la seda de la camisa blanca,
la de los sábados de cena,
la que al tacto te secreteaba lo hermoso de ser una dama
Detestas la doble piel formal, traje de chaqueta negro,
pendientes de perlas, presentable para el cielo
Buscas los roces del jabón sobre la piel
y sólo hay tacto de calcio ahuesado,
poco firme pero atemporal,
fuiste niña de hambre tremenda de una postguerra
Aborreces tanta letanía,
escuchas a los grajos, malditas bestias rudas


Tu alma por un blues, algo dulce que mueva las caderas,
este coxis que araña el ataud y escribe
Yo estuve enamorada de un hombre que me hacía volar

Qué duro -decía- es ser
Qué duro es estar

Las formas de la vejez dorándote lentamente
para acabar entre madera y bajo cruces
Y, sin embargo, ahora, darías la tibia y el peroné,
mojados por las humedades
A cambio, una arropía, enorme, color fresa,
lamida a escondidas en el corral


Tu alma por una espalda, pura carne,
epidermis con su dosis de body milk
Lejos de estos lugares demasiado santos

Qué duro
-me murmuras en esas noches en que te hartas-
es, hija mía, descansar en paz.

CARMEN GARRIDO

jueves, 15 de diciembre de 2011

Casi juicio final, de Borges

CASI JUICIO FINAL

Mi callejero no hacer nada vive y se suelta por la variedad de la noche.
La noche es una fiesta larga y sola.
En mi secreto corazón yo me justifico y ensalzo:
He atestiguado el mundo; he confesado la rareza del mundo.
He cantado lo eterno: clara luna volvedora y las mejillas que apetece el amor.
He conmemorado con versos las ciudad que me ciñe y los arrabales que
me desgarran.
He dicho asombro donde otros dicen solamente costumbre.
A los antepasados de mi sangre y a los antepasados de mis sueños he exaltado y
cantado.
He sido y soy.
He trabado en firmes palabras mi sentimiento que pudo haberse disipado
en ternura.
El recuerdo de una antigua vileza vuelve a mi corazón.
Como el caballo muerto que la marea inflige en la playa, vuelve a mi corazón.
Aún están a mi lado, sin embargo, las calles y la luna.
El agua sigue siendo dulce en mi boca y las estrofas no me niegan su gracia.
Siento el pavor de la belleza; ¿quién se atreverá a condenarme si esta
gran luna de mi
soledad me perdona?

JORGE LUIS BORGES

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Fragmento de un poema de Rafael Cadenas

CONTESTACIONES

(a Jan Erik Vold)

La alegría. La alegría es un
pájaro
invisible
que llega
y se va, llega y se va
volando.

Dejemos
que sólo se vaya el pájaro.

RAFAEL CADENAS

martes, 13 de diciembre de 2011

Un poema de Hugo Mujica

silencio
alto silencio

ni una voz
que despierte
distancias

la piel de tus ojos,
celeste
más allá
lo eterno

sin descanso

HUGO MUJICA

lunes, 12 de diciembre de 2011

El viaje definitivo, de Juan Ramón Jiménez

EL VIAJE DEFINITIVO

…Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas la tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado.
mi espíritu errará, nostálgico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

viernes, 9 de diciembre de 2011

Un poema de José Ángel Valente

La memoria nos abre luminosos
corredores de sombra.

Bajamos lentos por su lenta luz
hasta la entraña de la noche.

El rayo de la tiniebla.

Descendí hasta su centro,
puse mi planta en un lugar en donde
penetrar no se puede
si se quiere el retorno.

Se oye tan sólo una infinita escucha.

Bajé desde mí mismo
hasta tu centro, dios, hasta tu rostro
que nadie puede ver y sólo
en esta cegadora, en esta oscura
explosión de la luz se manifiesta.

JOSÉ ÁNGEL VALENTE

miércoles, 7 de diciembre de 2011

sábado, 3 de diciembre de 2011

No es lo mismo, de Miguel Hernández

NO ES LO MISMO

El mundo es como aparece
ante mis cinco sentidos,
y ante los tuyos que son
las orillas de los míos.
El mundo de los demás,
no es el nuestro: no es el mismo.
Lecho del agua que soy,
tú, los dos, somos el río
donde cuando más profundo
se ve más despacio y límpido.
Imágenes de la vida:
a la vez las recibimos,
nos reciben entregadas
más unidamente a un ritmo.
Pero las cosas se forman
con nuestros propios delirios.
El aire tiene el tamaño
del corazón que respiro
y el sol es como la luz
con el que yo le desafío.
Ciegos para los demás
oscuros siempre remisos,
miramos siempre hacia adentro,
vemos desde lo más íntimo.
Trabajo y amor me cuesta
Conmigo así, ver contigo:
aparecer, como el agua
con la arena, siempre unidos.
Nadie me verá del todo
ni es nadie como lo miro.
Somos algo más que vemos,
algo menos que inquirimos.
Algún suceso de todos
pasa desapercibido.
Nadie nos ha visto. A nadie
ciegos de ver, hemos visto.

MIGUEL HERNÁNDEZ

viernes, 2 de diciembre de 2011

Metamorfosis, de Luis G. Urbina

METAMORFOSIS

Era un cautivo beso enamorado
de una mano de nieve, que tenía
la apariencia de un lirio desmayado
y el palpitar de un ave en la agonía.
        Y sucedió que un día,
        aquella mano suave
        de palidez de cirio,
        de languidez de lirio,
        de palpitar de ave,
se acercó tanto a la prisión del beso,
que ya no pudo más el pobre preso
y se escapó; mas, con voluble giro,
huyó la mano hasta el confín lejano,
y el beso que volaba tras la mano,
rompiendo el aire, se volvió suspiro.

LUIS G. URBINA

jueves, 1 de diciembre de 2011

Canto cotidiano, de Juan Carlos Ortega

CANTO COTIDIANO

Al despertar
abro los ojos y veo
las primeras luces del día.
A veces,
recuerdo los sueños de la noche.
Siento el calor femenino a mi lado,
aspiro su olor dulce y familiar,
en mi pecho noto el corazón
palpitante cuando beso tiernamente.
Respiro
y mis pulmones se llenan de oxígeno.
Me desperezo
y todos mis músculos funcionan.
Mis piernas
me conducen hasta el cuarto de baño.
El agua suave
me refresca la cara.
La leche del desayuno
está deliciosamente dulce.
Y cuando abro la puerta
el mundo está ahí,
ahí está el sol
y la ciudad,
un poco loca,
pero llena de gente
y de vida.
Entonces me doy cuenta:
mi vida cotidiana
es un regalo excitante.

JUAN CARLOS ORTEGA