miércoles, 22 de febrero de 2012

Un poema de Jesús Aguado

LO QUE DICES DE MÍ...

Lo que dices de mí:
un extraño camino que nunca he recorrido,
un camino que enlosan tus palabras
y que si miras bien se corresponde
con una de las líneas de tu mano.

Lo que dices de mí
eres tú misma,
eres tú de repente bifurcada,
una parte de ti que se queda a tu lado,
otra parte de ti que se viene conmigo.

Lo que dices de mí va borrando mis huellas

Lo que dices de mí me prepara emboscadas.

Lo que dices de mí
es saliva y es tierra que amasas para darme
figura de caballo, figura de montículo,
figura de lunar, figura de tu espalda,
figura de cualquiera de mis dedos
cerrando uno por uno todos tus orificios
(más saliva y más tierra que coges para darme
figura de cabaña, figura de murciélago.

Lo que dices de mí
es mentira que acierta a decir la verdad.

Lo que dices de mí
se acuesta junto a mí donde estaré,
se acuesta junto a un hueco que llama por mi nombre
y al que besa y aplasta hasta que nazco.

Lo que dices de mí
es telaraña, es red, pero tú no las tensas,
pero nadie las tensa pues nadie está al acecho,
es red, es telaraña frenando una caída
que no se ha producido.

Lo que dices de mí me desconoce
del modo más perfecto imaginable,
me desconoce más que el desconocimiento
que me tienen las vetas de una mina,
que me tienen los kraken,
que me tienen las aguas cenagosas,
que me tienen los cientos de tejados
que guarda el huracán en su gruta secreta.

Lo que dices de mí se va probando mundos.

Lo que dices de mí me multiplica.

Lo que dices de mí estira mis pulmones,
catapulta mis ojos,
despierta a los caimanes de mi sangre.

Lo que dices de mí me acelera y me vuelve
más lento.

Lo que dices de mí no lo dices de mí,
no lo dices siquiera, no soy yo,
es raíces de un árbol cuya fruta
se deshace en tu boca y la refresca,
es un malentendido que tu voz
provoca en nuestro sexo

(el fosfeno y la noche es lo que dices
cuando dices de mí no importa lo que digas.)

Lo que dices de mí no son tus opiniones,
es el dulce apagón de la conciencia,
es la locuacidad de lo que existe,
es un puente colgante entre nosotros,
son ardillas que roen las cuerdas de ese puente,
son cáscaras de nueces, un arca abandonada,
maderos embreados que alimentan el fuego
de un náufrago asustado.

Lo que dices de mí
es estaca que busca
con avidez al ávido corazón de ese muerto
que ronda mis castillos y se duerme en sus sótanos,
ese muerto no muerto que llamamos amor.

Lo que dices de mí no necesita
de mí para encontrarme.

Lo que dices de mí no se viene conmigo
a menos que yo firme una página en blanco.

Lo que dices de mí lo dices simplemente
con estar en el mundo, lo dice tu deseo,
esa energía pura que hace pasar las nubes.

Lo que dices de mí
obliga al horizonte
a tenderse a tus pies y lamerte sumiso.

Lo que dices de mí se escribe en las paredes
con tizones calientes de tus muslos.

Lo que dices de mí
es la jaula y el mapa
en el acto preciso de aprender
a vendarse los ojos y saltar al vacío.

Lo que dices de mí me pone en marcha,
un loco mecanismo
de huesos astillados como sables
que va retando a duelo a todos los que dicen
que nunca has dicho nada de mí, que estás callada,
que un mutismo feroz te ha comido la lengua.

Lo que dices de mí
es manada de lobos
hambrientos y atrapados en páramos nevados,
lobos que se devoran entre aullidos
mientras hila la luna bufandas para el No.

Lo que dices de mí me traduce a un idioma
que aún no conocemos.

Lo que dices de mí me resucita.

Lo que dices de mí:
una orquesta sonámbula
de músicos que tocan concentrados
y miran sin rencor sus partituras
mientras todo el pasaje
ya abarrota los botes salvavidas.

Lo que dices de mí me deja solo.

JESÚS AGUADO

jueves, 16 de febrero de 2012

Uno de Mujica

cuando no hay muros
tampoco ecos

sólo lluvia
cayendo
hacia
siempre

sólo el mendigo durmiendo
sobre un banco

como sobre la palma del mundo

HUGO MUJICA

lunes, 13 de febrero de 2012

Un poema del libro: Cuando Dios se equivoca, de Carmen Moreno

Mamá decía que el mundo sería mío
si dejaba de morderme las uñas.
Ahora me muerdo la sangre
y el mundo se evapora
en el universo que me legaron sus manos.

Mamá dice:
"parece que te duele la mirada",
pero yo apenas recuerdo
otra forma de verme,
de vernos.

Mamá me escribe en un servilleta:
"El desalluno está aí,
Coje la leche del frigorífico"
y yo me doy cuenta de que no sabe escribir,
pero no importa.

Ella me limpia las costras en mi ausencia
y yo la lloro para cuando no esté.
Mamá me susurra:
"Claro que no, mi niña,
tú no estás loca",
pero yo sé que me miente
para que no me retuerza la lengua
y deje de balbucear palabras extrañas.
telescopio, tintineo, detritus.
Yo le cuento que me irritan las
palabras
y que a ratos
no sé quién es.

A menudo rindo mis rodillas
y me tiro del pelo y grito,
me castigo de hambre y
el miedo del que me escondo aquí,
en el baúl de los juguetes.
Este miedo que me apaga las luces
y me empuja contra mi náusea
me contagia de muerte.

CARMEN MORENO

viernes, 10 de febrero de 2012

Carmen en El Parteluz


ESTADO DE SITIO

Qué necesidad de que seas mi hoja de identidad
Y limpies la lava del Etna, ceniza tras ceniza...
Y el terror/pánico

Ven con tu navaja de monte
y corta las ataduras con otras redes
Las conoces, las conoces,
conoces la mirada de los capitanes de esos cargueros
que llevan catorce años de mi vida sobre sus popas

Vámonos, llévame
Al patio blanco donde la necesidad
no sea el Tiempo sino la paz,
esa pequeña,
estúpida palabra de tres sílabas con efectos secundarios
y tantas contraindicaciones:
estallan las granadas en mi interior mientras la leo
y libro 102 guerras declaradas ilegales por la ONU

No hay amor que pueda con eso
Claro, que la crueldad tampoco puede con el amor
Son dos gigantes que se excluyen,
bicéfalos, parte de mí
Guardo a la Bestia en mi interior
y guardo la fe en la eternidad,
la pasión por otra alma,
alta, nacida acaso, del mismo trozo de Tierra
Los dos, partidos en fracción de segundo por una falla
y millones de otoños después,
reunidos, aquí, tú y yo, en este cisma

Sé (siento) que acaricias las estalactitas de mi cueva
y susurras en yoruba,
mientras sostienes cirios de Pascua
Todas las creencias tienen cabida en nuestro ashram
Invocas protección a dioses africanos,
pides ligereza a Mercurio. Cada noche
Eres el hombre primitivo
que dibuja bisontes en mis entrañas para que sienta el arte
Eres el hombre-lágrima del oficial Rozdevitch,
el amante de Marina,
la suicida de la montaña
Las risas de las tres chicas de los poemas de Praga
son sesgadas por tu mirada:
imperativa, acuosa

Arpía que protege y canta,
mientras yo exudo teína del samovar
La congoja extirpa mis amígdalas,
las vértebras se convierten en látigos
y yo me veo disparada hacia la madrugada
como una de esas patéticas figuras de Chagall,
criatura voladora, fantasma que desconoce que es espíritu

Amigo mío,
tengo una treintena de años y toda la vida por detrás
Extrae las figuras de su mármol,
crea el atrezzo de esta Commedia dell'Arte,
invéntate mi existencia
Ya fui la esposa enterrada en vida del faraón
No deseo el cuello de Nefertiti

Sólo te pido una hoja de identidad limpia,
escrita con tu letra,
con un apellido ruso, tal vez italiano, adriático
Véndeme al mejor postor,
que eres tú,
mi único salario...
la única certeza de que quiero seguir viva.

CARMEN GARRIDO

lunes, 6 de febrero de 2012

Otro poema de Szymborska

CONVERSACIÓN CON UNA PIEDRA

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
Quiero penetrar en tu interior,
echar un vistazo,
respirarte.

-Vete -dice la piedra-.
Estoy herméticamente cerrada.
Incluso hecha añicos,
sería añicos cerrados.
Incluso hecha polvo,
sería polvo cerrado.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
Vengo por mera curiosidad.
Sólo la vida permite satisfacerla.
Quisiera pasearme por tu palacio,
y luego visitar una hoja y una gota de agua.
No me queda mucho tiempo.
Mi mortalidad debería ablandarte.

-Soy de piedra –dice la piedra-
Imposible perturbar mi seriedad.
Vete,
no tengo músculos risorios.
Llamo a la puerta de una piedra.
Soy yo, déjame entrar.
Me han dicho que encierras salas enormes y vacías,
nunca vistas y bellas en vano,
mudas, donde nunca han retumbado los pasos de nadie.
Confiésalo: ni tú misma lo sabías.

-Salas enormes y vacías –dice la piedra-.
Pero no hay espacio disponible.
Bellas, quizá, pero no para el gusto
de tus limitados sentidos.
Puedes verme pero nunca catarme.
Mi superficie te da la cara,
pero mi interior te vuelve la espalda.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
En ti no busco refugio para la eternidad.
No soy desdichado.
Ni carezco de techo.
Mi mundo merece el regreso.
Quiero entrar y salir con las manos vacías.
La prueba de haber estado en ti
se limitará a mis palabras
en las que nadie creerá.

-No entrarás –dice la piedra-.
Te falta el sentido de la participación.
Y no existe otro sentido que pueda sustituirlo.
Incluso la vista omnividente
te resultará inútil si eres incapaz de participar.
No entrarás; ese sentido, en ti, es sólo deseo,
mero intento, vaga fantasía.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.
No puedo esperar mil siglos
para entrar en tus paredes.

-Si no crees en mis palabras –dice la piedra-,
acude a la hoja, que te dirá lo mismo que yo,
o a la gota de agua, que te dirá lo mismo que la hoja.
Pregunta también a un cabello de tu cabeza.
Estoy a punto de reír a carcajadas,
de reír como mi naturaleza me impide reír.

Llamo a la puerta de una piedra.
-Soy yo, déjame entrar.

-No tengo puerta –dice la piedra.

WISLAWA SZYMBORSKA

viernes, 3 de febrero de 2012

Un poema de Szymborska

AGRADECIMIENTO

Debo mucho
a quienes no amo.

...El alivio con que acepto
que son más queridos por otro.

La alegría de no ser yo
el lobo de sus ovejas.

Estoy en paz con ellos
y en libertad con ellos,
y eso el amor ni puede darlo
ni sabe tomarlo.

No los espero
en un ir y venir de la ventana a la puerta.
Paciente
casi como un reloj de sol
entiendo
lo que el amor no entiende;
perdono
lo que el amor jamás perdonaría.

Desde el encuentro hasta la carta
no pasa una eternidad,
sino simplemente unos días o semanas.

Los viajes con ellos siempre son un éxito,
los conciertos son escuchados,
las catedrales visitadas,
los paisajes nítidos.

Y cuando nos separan
lejanos países
son países
bien conocidos en los mapas.

Es gracias a ellos
que yo vivo en tres dimensiones,
en un espacio no-lírico y no-retórico,
con un horizonte real por lo móvil.

Ni siquiera imaginan
cuánto hay en sus manos vacías.

"No les debo nada",
diría el amor
sobre este tema abierto.

WISLAWA SZYMBORSKA

jueves, 2 de febrero de 2012