martes, 27 de marzo de 2012

El amor, de Eduardo Galeano

EL AMOR

En la selva amazónica, la primera mujer y el primer hombre se miraron
con curiosidad. Era raro lo que tenían entre las piernas.
-¿Te han cortado?- preguntó el hombre.
-No -dijo ella-. Siempre he sido así.
Él la examinó de cerca. Se rascó la cabeza. Allí había una llaga
abierta. Y dijo:
-No comas yuca, ni plátanos, ni ninguna fruta que se raje al madurar.
Yo te curaré. Échate en la hamaca y descansa.
Ella obedeció. Con paciencia tragó los menjunjes de hierbas y se dejó
aplicar las pomadas y los ungüentos. Tenía que apretar los dientes
para no reírse, cuando él le decía: -no te preocupes.
El juego le gustaba, aunque ya empezaba a cansarse de vivir en ayunas
y tendida en una hamaca. La memoria de las frutas le hacía agua la
boca.
Una tarde, el hombre llegó corriendo a través de la floresta. Daba
saltos de euforia y gritaba: -¡lo encontré!, ¡lo encontré!
Acababa de ver al mono curando a la mona en la copa de un árbol.
-Es así -dijo el hombre, aproximándose a la mujer.
Cuando terminó el largo abrazo, un aroma espeso, de flores y frutas,
invadió el aire. De los cuerpos, que yacían juntos, se desprendían
vapores y fulgores jamás vistos, y era tanta su hermosura que se
morían de vergüenza los soles y los dioses.

EDUARDO GALEANO