viernes, 31 de agosto de 2012

Canción Africana, de Tolba Phanem

Cuando una mujer de cierta tribu de África sabe que está embarazada,
se interna en la selva con otras mujeres y juntas rezan y meditan
hasta que aparece la canción del niño.

Saben que cada alma tiene su propia vibración que expresa su
particularidad, unicidad y propósito.

Las mujeres entonan esta canción y la cantan en voz alta. Luego
retornan a la tribu y se la enseñan a los demás.

Cuando nace el niño, la comunidad se junta y le cantan su canción.
Luego, cuando el niño comienza su educación, el pueblo se junta y le
canta su canción. Cuando se inicia como adulto la gente se junta
nuevamente y canta su canción.

Cuando llega el momento de su casamiento, la persona escucha su
canción. Finalmente cuando el alma va a irse de este mundo, la familia
y amigos se acercan a su cama e igual que para su nacimiento, le
cantan su canción, para acompañarlo en su transición.

En esta tribu de África hay otra ocasión en la cual los pobladores
cantan la canción. Si en algún momento de su vida la persona comete un
crimen o un acto social aberrante, lo llevan al centro del poblado y
la gente de la comunidad forma un círculo a su alrededor, entonces… le
cantan su canción.

La tribu reconoce que la corrección de las conductas antisociales no
es el castigo; es el amor y el recuerdo de la propia identidad. Cuando
reconocemos nuestra propia canción ya no tenemos deseos ni necesidad
de hacer nada que pudiera dañar a otros. Tus amigos reconocen tu
canción y la cantan cuando la olvidaste.

Aquellos que te aman no pueden ser engañados por los errores que
cometes ni las oscuras imágenes que muestras a los demás. Ellos
recuerdan tu belleza cuando te sientes feo; tu totalidad cuando estás
quebrado; tu inocencia cuando te sientes culpable y tu propósito
cuando estás confundido.

jueves, 30 de agosto de 2012

Soliloquio final del amante interior, de Wallace Stevens

Luz, primera luz de la noche, como en un cuarto
En el que descansamos y, casi por nada, pensamos
Que el mundo imaginado es bien esencial.

Este es, por tanto, el más intenso rendez-vous.
Es en esta idea en la que nos recogemos,
Fuera de todas las indiferencias, en una sola cosa:

Dentro de una sola cosa, un solo chal
Que nos abriga bien, pues somos pobres, un calor,
Una luz, un poder, la milagrosa influencia.

Ahora, aquí, nos olvidamos el uno al otro y de nosotros.
Sentimos la oscuridad de un orden, una totalidad,
Un conocer, lo que arregló la cita,

Dentro de su vital circunscripción, en la mente.
Decimos: Dios y la imaginación son uno.
La candela más alta, que alta ilumina lo oscuro…

Y fuera de esta luz, de esta mente central,
Hacemos nuestra casa en el aire nocturno,
Donde estar los dos juntos es lo suficiente.

lunes, 27 de agosto de 2012

El Jardinero, de Rabindranath Tagore

(fragmentos)

20
Día tras día, viene y se vuelve a ir. Anda, hermana, dale esta flor de
mi pelo. Y si pregunta quién se la manda, no se lo digas, que sólo
viene y se va.
Míralo allí, sentado en la tierra, bajo el árbol. Ve, hermana, y
tiéndele una alfombra de hojas y flores, que sus ojos están tristes y
llenan de pesar mi corazón. Nunca dice lo que está pensando, sólo
viene y se va.

21
Por qué se sentó a mi puerta con el alba? Cada vez que salgo o entro,
tengo que pasar a su lado; y mis ojos, cada vez, se prenden en sus
ojos.
No sé si hablarle o no. ¿Por qué se sentó a mi puerta? ¡Qué negra la
noche nublada de julio! ¡Qué suave el azul del cielo en otoño! Los
días de la primavera, ¡qué inquietos al viento del Sur!... Las
canciones que él canta tienen cada vez una melodía.
Y se me nublan los ojos, y tengo que dejar mi trabajo...
¿Por qué se sentó a mi puerta?

22
Pasó, ligera, por mi lado, y el borde de su falda me tocó...
Y de la isla ignorada de un corazón vino a mí no sé qué súbito aliento
cálido de primavera...
Como la hoja de una flor, traída y llevada por la brisa, un ala rápida
me rozó un instante y se perdió al punto...
Fue en mi corazón como un suspiro de su cuerpo, como un susurro de su corazón.

23
¿Por qué estás ahí sentada, sonando tus pulseras vanamente? ¡Anda y
llena tu cántaro, que es hora ya de que vuelvas a casa!
¿Por qué palmoteas el agua con tus manos, los ojos al camino,
vanamente? ¡Anda y llena tu cántaro y vuélvete a casa!
La mañana está pasando y el agua oscura se va. Y las olas se ríen y se
hablan entre sí vanamente.
Sobre el alcor, las nubes errantes se acumulan. Se paran, te miran la
cara y se sonríen vanamente. ¡Anda y llena tu cántaro, y vuélvete a
casa!

24
¡No me escondas tú el secreto de tu corazón! ¡Dímelo a mí, que soy tu
amigo, solo a mí!... Dímelo tan dulce como te sonríes, que no lo oirán
mis oídos, sino mi corazón.
La noche es profunda; está la casa silenciosa; el sueño amortaja los
nidos de los pájaros... ¡Anda, dime tú, en un llorar vacilante, en un
tímido sonreír, en una dulce vergüenza, en un dolor dulce, el secreto
de tu corazón!

25
-Ven, hombre, no nos engañes. ¿Por qué brillan tus ojos así locos?
-Bebí no sé qué zumo de adormidera, y no sé qué locura es esta que
tengo en mis ojos...
-¿No te da vergüenza?
-¿Y qué? Hay sabios y hay necios. Unos se vigilan y otros son
descuidados. Hay ojos que se ríen y hay ojos que lloran .. Y yo tengo
en mis ojos la locura.
-¿Qué haces ahí, hombre, siempre en pie a la sombra de ese árbol?
-Mis pies no pueden con mi corazón, y estoy aquí, quieto, a la sombra.
-¿No te da vergüenza?
-Bueno. Unos corren y otros se entretienen. Hay quien está libre y hay
encadenados. Y mis pies no pueden con mi corazón.

26
-Sólo te pido lo que quieras darme.
-Sí, sí; ya te conozco, mendiguito satisfecho; ya sé que quieres cuanto tengo.
-Si te sobra una florecilla, dámela para mi corazón.
-¿Y si la flor tiene espinas?
-¡Dame también las espinas!
-Sí, sí; ya te conozco, mendiguito satisfecho; ya sé que quieres cuanto tengo.
-Si levantaras tus ojos amantes a mis ojos una vez, mi vida sería
dulce más allá de la muerte.
-¿Y si solo tuviesen miradas crueles?
-¡Para siempre quedarán clavadas en mi corazón!
-Sí, sí; ya te conozco, mendiguito satisfecho; ya sé que quieres cuanto tengo.

27
-No cierres tu corazón al amor porque te dé tristeza, y ten esperanza.
-¡Qué oscuro hablas! No te puedo comprender...
-El corazón no puede darse sino en lágrimas o canción...
-¡Qué oscuro hablas! No te puedo comprender...
-Breve es el placer, como una gota de rocío, y mientras ríe, se muere.
La pena, en cambio, es larga y permanece... ¡Que el amor triste
despierte en tus ojos!
-¡Qué oscuro hablas! No te puedo comprender...
-Por no esperar en capullo, entre la nieve eterna del invierno, el
loto se abre al sol
y pierde cuanto tiene...
-¡Qué oscuro hablas! No te puedo comprender. ..

28
Tus ojos me preguntan tristes y quieren ahondar en mi sentido como la
luna en el mar.
Sin esconder ni retener nada, te he desnudado mi vida, desde el
principio hasta el fin.
¡Por eso no me conoces!
Si yo fuera solo una joya, podría partirme en mil pedazos y hacerte
una sarta para el cuello.
Si yo fuera solo una florecilla redonda y dulce, podría arrancarme de
mi tallo y ponerme en tu pelo.
Pero ¿dónde están, amor, los confines de mi corazón?
Tú no conoces bien mi reino, aunque seas su emperadora. Si esto fuera
solo un momento de placer, florecería en una sonrisa fácil y tú
podrías verla y comprenderla en un instante.
Si fuera esto solo un dolor, se derretiría en claras lágrimas y tú
verías lo más hondo de su secreto sin hablar él una palabra. Pero esto
es el amor. Su dolor y su placer no tienen límites, y son sin fin en
él necesidades y tesoros. Está cerca de ti como tu vida misma, amor
mío, ¡pero tú nunca podrás llegar a conocerlo del todo!

29
¡Háblame, háblame! ¡Dime en palabras lo que has cantado!
...¡Qué oscura está la noche! Las estrellas se han perdido entre las
nubes y el viento anda por las hojas...
Soltaré mis cabellos. Como otra noche me envolverá mi manto azul.
Cogeré tu cabeza contra mi pecho, y, en nuestra dulce soledad, hablaré
bajo, junto a tu corazón... Cerraré mis ojos para oírte.
No te miraré a la cara .
Cuando tú hayas concluido, nos quedaremos los dos mudos y quietos.
Solo se oirán los árboles en la sombra...
Palidecerá la madrugada y el día se irá abriendo. Nos miraremos en los
ojos y cada uno se irá por su camino...
¡Háblame, háblame! ¡Dime en palabras lo que has cantado!

30
Tú eres la nube crepuscular del cielo de mis fantasías.
Tu color y tu forma son los del anhelo de mi amor.
Eres mía, eres mía, y vives en mis sueños infinitos.
Tienes los pies sonrojados del resplandor ansioso de mi corazón,
¡segadora de mis cantos vespertinos!
Tus labios agridulces saben a mi vino de dolor. Eres mía, eres mía, y
vives en mis sueños solitarios.
Mi pasión sombría ha oscurecido tus ojos, ¡cazadora del fondo de mi
mirada! En la red de mi música te tengo presa, amor mío. Eres mía,
eres mía, y vives en mis sueños inmortales.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Desenlace, de Derek Walcott

Yo vivo solo
al borde del agua sin esposa ni hijos.
He girado en torno a muchas posibilidades
para llegar a lo siguiente:

una pequeña casa a la orilla de un agua gris,
con las ventanas siempre abiertas
hacia el mar añejo. No elegimos estas cosas.

Mas somos lo que hemos hecho.
Sufrimos, los años pasan,
dejamos caer el peso pero no nuestra necesidad

de cargar con algo. El amor es una piedra
que se asentó en el fondo del mar
bajo el agua gris. Ahora, ya no le pido nada a

la poesía sino buenos sentimientos,
ni misericordia, ni fama, ni Curación. Mujer silenciosa,
podemos sentarnos a mirar las aguas grises,

y en una vida inmaculada
por la mediocridad y la basura
vivir al modo de las rocas.

Voy a olvidar la sensibilidad,
olvidaré mi talento. Eso será más grande
y más difícil que lo que pasa por ser la vida.