lunes, 10 de septiembre de 2012

Los Amantes, de Julio Cortázar

¿Quién los ve andar por la ciudad si todos están ciegos?
Ellos se toman de la mano: algo habla entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges, y arriba está la noche
llena de ojos.

Son los amantes, su isla flota a la deriva, hacia muertes de césped,
hacia puertos que se abren entre sábanas.
...Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada,
pero ellos, ni siquiera saben que mientras ruedan en su amarga arena,
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.

Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.
Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita y les impone los deberes cotidianos.