miércoles, 28 de noviembre de 2012

Otro poema de Nikolái Gumiliov

Duda

Estoy solo en esta tarde silenciosa
y sólo pienso en ti, en ti.

Tomo un libro y te descubro en cada página
vago en ti ebrio y perturbado.

Me dejo caer sobre la cama
la almohada me quema...no, no puedo dormir, sólo esperar.

Inseguro, me acerco a la ventana.
contemplo la luna y la humeante pradera.

En un rincón del huerto me dijiste "sí"
y ese "sí" me ha acompañado toda la vida.

De pronto caigo en cuenta
que siempre fuiste indómita.

Que ese "sí", ese estremecimiento tuyo allá en el huerto,
esos besos -fueron tan sólo un delirio en la primavera y el sueño.

Nikolái Gumiliov

martes, 27 de noviembre de 2012

Uno de Maram

Espero,
y ¿qué espero?
Un hombre repleto de flores
y palabras dulces.
Un hombre
que me mire y me vea.
Que me hable y me escuche.
Un hombre que llore
por mí.
Siento lástima por él
y le amo.

Maram al-Masri

viernes, 23 de noviembre de 2012

Un poema de Tomas Tranströmer

Tenue rebota el canto del urogallo de las esferas celestes.
La música, libre de culpa en nuestra sombra, como
el agua de la fuente se eleva entre las fieras,
artísticamente petrificadas en torno al surtidor.

Con los arcos de violín disfrazados de bosque.
Con los arcos como jarcias en un aguacero-
bajo los cascos del aguacero se hunde el camarote-
y en nuestro interior, en suspensión de giróscopo, la alegría.

En la noche se refleja la calma del mundo
cuando se preparan los arcos pero no se tocan.
Inmóviles en la niebla los árboles del bosque
y la tundra reflejándose en sus propias aguas.

La mitad muda de la música está aquí, nos envuelve
como el aroma de la resina a los abetos heridos por rayos.
Un verano subterráneo en cada hombre.
Allí, en la encrucijada, se libera una sombra

y se aleja galopando adonde apunta la trompeta de Bach.
De repente la gracia proporciona confianza. Abandonar
su propio disfraz de yo en esta ribera,
donde la ola rompe y se hunde, rompe

y se hunde.

Tomas Tranströmer

jueves, 22 de noviembre de 2012

Eternoretornógrafo, de Wichy

Eternoretornógrafo

El joven poeta murmuró cerrando el libro de Apollinaire:
"Este sí es un poeta..."
Y Apollinaire, el soldado polaco Wilhelm Apollinaris de Kostrowitzky,
enterrado hasta la cintura en el fango de la trinchera cerca de Lyon,
mirando la noche estrellada del 4 de agosto de 1914,
la tierra seca, florecida de estacas y alambre de púas,
sembrada de minas esa noche de 1914,
mirando las bengalas azules, rojas, verdes en el cielo envenenado por los gases
apretó el húmedo librito de Rimbaud mientras sobre su cabeza pasaban
silbando los obuses.
Y Rimbaud, haciendo sus maletas en Charleville, echó junto a su ropa
los versos de Villon.
Y Villon, el doce veces condenado, el apócrifo, el inédito, pensó ante
el patíbulo en las tres cosas que más había amado:
su mujer Christine, su leyenda, la de él, la de Villon,
y el borroso recuerdo de unos versos que hablaban de la noche
del 711 en que Taric se apoderó de Gibraltar.

Y el sombrío poeta árabe que escribió aquellos versos la
noche del 711 apoyándose en la cimitarra
imitaba los versos que su abuelo le leía en la lejana Argel;
y el abuelo de Argel había leído a Imru-ul-Qais, al que Mahoma
consideraba el primer gran poeta árabe; lo había leído una
interminable jornada en el desierto de Sahara más húmedo ahora que entonces
en la lenta marcha de los camellos y las teas encendidas.
Y es probable que Imru-ul-Qais escribiera en la lengua de Alá
imitaciones de Horacio,
y Horacio admiraba a Virgilio,
y Virgilio aprendió en Homero,
y Homero, el ciego, repetía en hexámetros los extraños poemas
que se susurraban al oído los amantes en las estrechas calles
de Babilonia y Susa,
y en Babilonia y Susa
los poetas imitaban los versos de los hititas de Bog Haz Keui y
de la capital egipcia de Tell El Amarna,
y los poetas del 4000 a.n.e.
imitaban a los poetas del 5000 a.n.e.
hasta que el hombre de Pekín, en la húmeda caverna de Chou-Tien
viendo arder lentamente sobre las brasas el anca de un venado,
gruñó los versos que le dictaba desde el futuro
un joven poeta que murmuraba cerrando un libro de Apollinaire.

Luis Rogelio Nogueras

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Himnos de la Creación

No había inexistencia ni existencia, entonces.

Entonces no había lo existente ni lo no-existente.

No había reino del aire, ni del cielo, más allá de él.

¿Qué había dentro y dónde? ¿Y qué daba amparo?

¿Había agua allí, insondable profundidad de agua?

No había entonces muerte, ni había algo inmortal,

no había allí ningún signo, que dividiera los días y las noches.

Aquello Insondable respiraba por su propia naturaleza.

Aparte de eso, no había nada.



En el principio la oscuridad escondía la oscuridad.

Este todo era fluido, indeterminado.

El vacío estaba cubierto por el vacío.

Ese Uno nació por la omnipotencia de la intensión.



El deseo descendió sobre él en el principio,

siendo la primera semilla del pensamiento.

Los sabios, que han buscado en el corazón,

encontraron el nexo entre existencia e inexistencia.



Luego se extendió a través del vacío.

¿Había un abajo? ¿Había un arriba?

A continuación la naturaleza, la energía,

el poder de la fuerza abajo, el propósito arriba.



¿Quién lo conoce exactamente? ¿quién puede exponerlo aquí?

¿De dónde nació ? ¿de dónde se derramo?

Aquello era anterior a los dioses,

ellos vinieron después.



¿Quién sabe, dónde tiene su origen toda la creación?

él formó todo o tal vez no,

aquél que está, más allá del cielo supremo

él sabe todo o tal vez no.



(Rig Veda libro X, himno 129)

lunes, 19 de noviembre de 2012

Un poema de Boris Pasternak

MARBURG

Me estremecía. Me encendía y me apagaba.
Temblaba... propuse matrimonio,
demasiado tarde; fui tímido, y me negaron.
Cómo me duelen sus lágrimas ¡me siento feliz como un santo!

Salí a la plaza. Podrían decir que nacía
por segunda vez. La más pequeña bagatela
vivía, y sin prestarme ninguna atención
crecía en su importancia de despedida.

Devorando las nubes amarilleaban las arenas.
Un soplo de la tormenta futura jugaba en las cejas del matorral.
El cielo se horneaba caído sobre una inmensa gasa
que iba absorbiendo la sangre de una herida.

Aquel día te llevé toda conmigo, de tus peinetas a tus pies;
te sabía de memoria, y te repasaba
vagando por la ciudad, como un trágico de provincia
repasa un drama de Shakespeare.

Cuando me puse de rodillas frente a ti, abrazando
aquella niebla, aquel hielo, aquel espacio,
—qué bella eres— aquel torbellino de calor...
¿De qué hablas? ¡Recóbrate! Todo está perdido. Me repudió.

No. Mañana no iré allí. La negativa es más rotunda
que la despedida. Ahora estamos a mano.
El tumulto de la estación no me conviene.
¿Qué será de mí, antiguas lozas?

Para jugar conmigo al ajedrez se sienta la noche
en el piso de parquet iluminado por la luna.
Se huele la acacia y las ventanas están abiertas,
y la pasión, como un testigo, se encanece en un rincón.

El álamo es un rey. Juego con el insomnio.
La reina es un ruiseñor. Tiendo la mano al ruiseñor.
Y la noche vence, las figuras se retiran,
y reconozco el rostro blanco del amanecer.

BORIS PASTERNAK

viernes, 16 de noviembre de 2012

Un poema de Maram

Da tu alegría,
el resplandor de tus ojos,
el fuego de tu cuerpo
y tu paciencia.
Deja que el agua
enjuague tus lágrimas
y ahogue tus gemidos,
tú,
la amante.

Maram al-Masri

jueves, 15 de noviembre de 2012

Un poema de Nikolái Gumiliov

La palabra

En aquel tiempo, cuando sobre el nuevo mundo
Dios inclinó su rostro, la palabra
Era capaz de detener el sol
Y destruir ciudades.

Si la palabra navegaba por los aires
Como una llama rosa
El águila no agitaba sus alas
Ni las estrellas temerosas se quejaban a la luna.

Hubo días para la vida baja
La vida silvestre y cotidiana
Pues el precepto cuando es sabio abarca
Todos los matices de la razón.

El longevo profeta que ha conquistado
Para sí la maldad y la bondad
Dudando dirigirse al espíritu
Escribió la ley sobre la arena.

Hemos olvidado que de todas las zozobras humanas
Sólo la palabra se encuentra iluminada
Y que en el Evangelio de San Juan
Está escrito que la palabra es como Dios.
Los hombres le hemos impuesto fronteras
Límites indigentes y pobres
y cual abejas
Las palabras muertas huelen mal.

Nikolái Gumiliov

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Cuando el tren parte, de Wichy

Cuando el tren parte

Porque cuando el tren parte
ninguno de los pasajeros sabe que unos kilómetros de vía
son suficientes
para encontrar la cabeza de humo de un poeta y
destrozarla.
Porque cuando el tren parte
con un ruido de corazón de huracán
el que dejó algo importante olvidado en la estación
el invadido por una oscura nostalgia
el maquinista distraído
no saben que viajar en tren es siempre una aventura
que es posible llegar a cualquier sitio
entre la noche y el amanecer
o no llegar
porque hay un poeta tendido en la vía
y hay que esperar por el inspector para que determine
si la culpa es del maquinista distraído o de Atila Jozef
Si el tren pasó sobre el poeta
o fue el poeta quien pasó bajo el tren.

Luis Rogelio Nogueras

lunes, 12 de noviembre de 2012

Un poema de Alexander Block

El viento irrumpe, aúlla la nieve...

El viento irrumpe, aúlla la nieve,
y en la memoria por un instante resurge
aquel lugar, aquella orilla lejana...
Las flores débiles bajo la escarcha se marchitaron...

Y mis antiguas afecciones
susurran como la hierba seca...
Es de noche. Y en la noche, por un sendero tupido
voy hacia el abismo cubierto de nieve...

La noche, el bosque y la nieve. Y yo llevo
el peso odioso de los recuerdos...
De pronto, allá, se divisa una casita en un claro
y una muchacha canta en el bosque.

Alexander Block

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Un poema de Osip

En las tranquilas afueras
porteros con palas quitan la nieve
y yo, hombre de pie,
ando con barbudos mujiks.
Pasan mujeres con pañuelos
y ladran locos mastines,
y las rosas bermejas de los samovares
alumbran figones y casas.

Osip Mandelstam

martes, 6 de noviembre de 2012

Dos haikus zen

1
Zazén de la mañana.
En el silencio del dojo
un mirlo canta.

2
Zazén de la tarde.
Moscas vuelan
entre montañas vivientes.


Orlando Rodrigo Álvarez

lunes, 5 de noviembre de 2012

Tristia, de Osip Mandelstam

Tristia

Estudié la ciencia de la despedida
en las calvas quejas de la noche.
Rumian los bueyes y la espera se alarga,
la última hora de las vigilias de la ciudad.
Sigo el rito de esta noche del gallo,
cuando, tras llevar una penosa carga,
los ojos llorosos miraron a lo lejos,
y lágrimas de mujer se mezclaron con el canto de las musas.

¿Quién puede saber al oír la palabra "despedida"
qué separación nos aguarda?
¿Qué nos anuncia el canto del gallo
cuando la llama arde en la Acrópolis?
Y en la aurora de una nueva vida,
cuando en el zaguán perezosamente rumia el buey,
¿por qué el gallo, heraldo de la nueva vida,
en la muralla de la ciudad agita sus alas?

Y yo amo el hilo de la costumbre,
se desliza la canoa, susurra el huso.
Mira: a nuestro encuentro, como plumas de cisne
vuela ya, descalza, Delia.
!Oh mísera trama de nuestra vida,
donde es tan pobre el lenguaje de la alegría!
Todo pasó antes, todo se repetirá de nuevo.
Y sólo nos es dulce el instante del reconocimiento.

Que así sea: una figura transparente
yace inmaculada en el plato,
como la piel tersa de una ardilla.
Una muchacha, inclinada hacia la cera, la contempla.
No nos toca adivinar la suerte del Erebo.
Para las mujeres es cera lo que para los hombres es cobre.
A nosotros sólo en la batalla nos habla el destino,
y a ellas les es dado morir leyendo el futuro.

Osip Mandelstam