viernes, 23 de noviembre de 2012

Un poema de Tomas Tranströmer

Tenue rebota el canto del urogallo de las esferas celestes.
La música, libre de culpa en nuestra sombra, como
el agua de la fuente se eleva entre las fieras,
artísticamente petrificadas en torno al surtidor.

Con los arcos de violín disfrazados de bosque.
Con los arcos como jarcias en un aguacero-
bajo los cascos del aguacero se hunde el camarote-
y en nuestro interior, en suspensión de giróscopo, la alegría.

En la noche se refleja la calma del mundo
cuando se preparan los arcos pero no se tocan.
Inmóviles en la niebla los árboles del bosque
y la tundra reflejándose en sus propias aguas.

La mitad muda de la música está aquí, nos envuelve
como el aroma de la resina a los abetos heridos por rayos.
Un verano subterráneo en cada hombre.
Allí, en la encrucijada, se libera una sombra

y se aleja galopando adonde apunta la trompeta de Bach.
De repente la gracia proporciona confianza. Abandonar
su propio disfraz de yo en esta ribera,
donde la ola rompe y se hunde, rompe

y se hunde.

Tomas Tranströmer