martes, 26 de marzo de 2013

La Cosecha

Me cogiste de la mano, me llevaste contigo, y me sentaste en el trono, delante de los hombres. Me fui volviendo tímido, incapaz de acción, inútil para el camino. Dudaba de todo, y discutía conmigo a cada paso, no fuese a pisar espina en el favor humano.

Vino la piedra, sonó el tambor del insulto, y mi silla rodó, humillada, por el polvo. ¡Libre al fin! Los caminos, abiertos ante mí; mis alas, llenas del afán del cielo! ¡Me voy con las estrellas errantes de la medianoche, a hundirme en la sombría profundidad! ¡Soy como la nube del verano en el huracán, que se quita su corona de oro, y se cuelga el rayo, igual que una espada, en la cadena del relámpago! ¡Con qué desesperada alegría corro por el camino polvoriento de los desdeñados, a tu bienvenida final!

El niño encuentra a su madre cuando sale de su vientre. Ahora que estoy separado de ti, echado de tu casa, ¡qué bien te veo tu rostro!

Rabindranath Tagore