jueves, 14 de marzo de 2013

Un poema de Oliverio Girondo

ME ASOMO a los ladridos.

¿Qué hace este árbol despierto?

Las sombras no se apartan,
se aprietan a sus cuerpos.

No me agrada esta calma,
este silencio muerto,
sin carne,
puro hueso.

A través de la veta, mineral, de una nube,
aparece la luna.

Ya me lo sospechaba.

¿Qué hacer?
                     ¿Qué hacer?

La miro.
             Quiero ulular.
                                  No puedo.

OLIVERIO GIRONDO