martes, 23 de abril de 2013

Dulce bailarina

La muchacha llega bailando ahí,

sobre el mullido terreno sembrado de hojas,
con pasto recién cortado del jardín.
Escapada de su amarga juventud,
escapada de su propia multitud,
o de su íntimo nubarrón.
¡Ah, bailarina, ah, dulce bailarina!

Si hombres extraños desde la casa llegan
para arrastrarla afuera, no digas
que ella es feliz porque está loca;
desvíalos con suavidad;
déjala terminar su danza,   
déjala terminar su danza.
¡Ah, bailarina, ah, dulce bailarina!

W.B. Yeats