jueves, 13 de junio de 2013

La garza sin sombras, de José Kozer

El sauce añoso en el jardín rebasa los tejados. 

Cuelga

un columpio de alguna rama inabarcable hacia las 
tapias. La veda

se inició

y los corzos musitan por los campos nevados. El gallo

todavía

de madera, cuatro escarchas la rosa de los vientos en 
la cúspide de los tejados. Lejos

aún

el reverdecimiento del fuego en la nieve surcada de 
pezuñas. Muy lejos un clamor de traspatios, el 
zumbido libérrimo de las moscas hacia los altos 
fuegos, un golpe

de oquedades

enormes las lavanderas a la hora de la colada. Y 
pasarán los días, pasarán

unos meses

redondos con su chispo de horas, las niñas habrán 
dejado de apoyarse sobre el alféizar ancho

de la ventana

del altillo, habrán bajado de dos en dos cantando los 
viejos escalones en la crepitación de una 
escalera caracol, abruptas

habrán

colmado el jardín hacia las tapias y los altos tejados, 
habrán deshecho ya una vieja sombra en el 
columpio

con sus pantomimas.