martes, 18 de junio de 2013

Un Cántico Cósmico, de Ernesto Cardenal

CÁNTICO DEL SOL

Lentamente el sol sale del mar,
mejor dicho lentamente la tierra dando vueltas...
pareciéndonos que el sol sale del mar.
          Sol sólo gas.
Y sol que comemos.
Pues las plantas comen energía solar
y los animales plantas o animales comedores de plantas.
          Clorofila verde y hemoglobina roja.
          Así a todos el sol nos alimenta.
Por la radiación solar nació la vida,
compuestos orgánicos fusionándose
en grandes comunidades  moleculares
bajo la influencia de la radiación solar.
La vida: unas cuantas combinaciones de aminoácidos
con infinidad de formas.
           La atracción de la tierra hunde a las raíces
           y la atracción del sol levanta los tallos.
Y nosotros también como plantas, entre la tierra y la luz.
Él tuvo que ser estable por millones de años
de evolución, hasta la producción de conciencia bajo él.
           No se apagó antes de nosotros.
(Nosotros entre la tierra y la luz.)
           Y hasta la luz de un foco de mano,
o de unos ojos,
                      viene del sol.
De él proceden los colores de la tierra.
                 (Ese montón de hilos
                  que te cubren toda la cabeza
                  y bajan enrollados hasta tu espalda
                  ¿de qué mina sacaste o qué joyería?)
Movimientos de las moléculas del ojo tocadas por la luz
eso son los colores.
Y nosotros sólo vemos el 30% de la luz. Los unicelulares
la entera luz solar. ¡Ven el mundo como es!
           Como yo veré un día como es.
Extra-planetriamente tal vez. O tras el universo visible.
           Y afuera las heladas tinieblas,
el oscuro vacío entre estrella y estrella
donde soles muertos como carbones apagados,
                                                          escoria, ceniza,
vagan con sus planetas helados y negros.
Donde la materia se hunde en el "hasta nunca" de los hoyos negros,
el espacio-tiempo convertido por la gravedad en hoyo negro,
en hoyo negro del que ni la luz escapa.

Pero nosotros como las plantas entre el sol y la tierra,
tierra de donde Perséfone sale cada año en primavera.
Las plantas hechas humus hechas plantas otra vez.
Y brota la sangre de Adonis en anémonas rojas.
Los tejidos se destejen y vuelven a tejer.
Materia orgánica, moléculas simples, y otra vez materia orgánica.
Y Perséfone otra vez sale del Hades
hacia la luz.

Si no hubiera ojos que la vieran
no habría luz.
¿Imaginamos una luz sin ojos
           o los ojos sin luz?
¿Habría luz por dondequiera en el universo
sin que nadie la viera?
Pero, como se sabe, los ojos los creo la luz
para que hubiera seres que la vieran.
La Tierra salió del sol (y su agua).
Del sol es esta agua, con su vida y sus colores
y su luz.
                Esta agua de San Blas
     llena de luz.
                Donde van y vienen los peces
     unos como anuncios de neón,
                            o amarillo de semáforo.
Fosforescentes,
         o como pintados por una pintura fluorescente,
                   iridiscentes,
                                        rutilantes,
         otros como iluminados por dentro
                  -luz extraña en sus entrañas-.
Pescaditos que se acercan curiosos como turistas.
O donde el pez-ángel nada sesgado para mostrar mejor
su negro con barras amarillas.
            La luz atraviesa la transparencia
                        y la arena blanca la refracta.
La atmósfera es turquesa
                                       en el bosque mágico.
Animales en forma de árboles
           y oros en forma de hierbas o de hongos
y entre ellos otros corren y relumbran.
Pólipos inmóviles o con móviles tentáculos,
             hambrientos látigos.
Corales suaves meciéndose
         y otros hechos roca. Claveles
de roca.
          Colores sobre colores
                                         tras otros colores
                en tembloroso cristal.
El suelo arena de corales, algas calcáreas, foraminíferos.
              Un pez pintarrajeado como payaso
    -hocico rojo y negro con un parche blanco-
                       y pasan otros con antifaces
o con ojos protuberantes como con anteojos.
            Bosquecillos de bonzai,
                           donde un diminuto dragón asoma.
   Medusas como un paraguas de agua.
Moluscos suaves como mucosas.
                                                Lechugas pétreas.
La luz difusa.
                     Acantilados carnosos
o de algas calcáreas.
                                        En un agua como aire.
O como líquida luz.
            Abanicos morados moviéndose con el agua
como mujeres abanicándose.
              Rojos guijarros pulidos que son plantas.
                        Alfombras gelatinosas
atrapando la luz
          por fotosíntesis.
                                   Transformación de la luz
en alimento.
                      Cuerpos color de agua turbia
           o color de arena blancuzca
o lomo como agua clara en sol.
            Pez Miró. Pez Paul Klee.
Colores-alimentos que vienen y van.
          Colores y luces vivientes
                                que vienen y van.
El sol metido en el agua salida de sol.
Corales con circunvalaciones de cerebros.
            Bifurcados como astas de venado.
Como helados de vainilla derritiéndose.
Como ramas de pinos cubiertas de nieve.
Allí se mecen lirios. Grandes plumas de ave.
El verde pez-loro come suaves corales verdes
defecando una nube de arena de oro mientras come.
                Gardúmenes en danza
          y algún pez meditativo.
                                              Aquel arlequín.
Pescados dorados y plateados.
      O bien dorado con negro, y otros negro con plateado.
Rascacielos.
                  Catedrales.
           Milenarios animales estos corales.
Luz sumergida.
            El sol dentro del agua venida del sol.
La luz líquida, y el agua como sólida.
La luz está hecha agua y el agua está hecha luz.
                 Jungla bajo el agua.
                                                    Como en un sueño.
      Animales en forma de dalias o margaritas.
                                     Pastizales pétreos.
Y allá las hendiduras pobladas de peces.
          Parches de algas confusas, opacas.
Púrpura, crema, lila: las esponjas.
            Fauces entreabiertas cercadas de tentáculos.
                   Un voraz color naranja se enrosca y desenrosca.
                            Silenciosos helechos ondulantes.
     Blandas cadenas de discos de carne.
La energía luminosa en alimento,
                                                convertida en alimento.
Tallos ramificados y en ellos
                         los pequeños retoños de medusa.
            La barracuda juvenil
                   entre pececillos plateados aterrados.
Otros curvándose, dándose vueltas, volantines,
                                                     loop-the-loop.
Arriba el sol rebrilla en la narigueras de oro,
       los anillos de oro en la nariz
de las muchachas cunas, que a la orilla
del mar, bajo las palmeras
              cosen sus molas de muchos colores,
y del sol son todos los colores de sus molas,
         en esta isla de San Blas que salió del sol
con sus palmeras y todo
              -el sol es también San Blas
                  y los indios son sol-.
Sobre agua aguamarina, en su canoas,
los hombres están pescando,
                   más allá la larga red tendida,
donde se pasa de aguamarina a azul profundo
y te ponés la mano sobre los ojos por tanta luz
           que te quema los anteojos,
por tanta luz, en los ojos que creó la luz.
La luz viaja a 300.000 kilómeros por segundo
¿pero por qué viaja la luz y hacia dónde va?

ERNESTO CARDENAL