miércoles, 24 de julio de 2013

Declive, de Eduardo G. Manzaneque

Tras la detonación
huyo del desastre
hacia una isla,
firme en la decisión
que nos aleja.

Pero paso a paso
voy quebrando
hundiéndome
en la ciudad
que me espera expectante
y con las fauces abiertas
mientras camino
calle abajo.

Cada trago, una fina lluvia
que va mojando
la árida angustia
de imaginar tu belleza
devorada por otro.

Cada trago, un antídoto
que combate
mi opulento deseo
de volver a ser
niño en tu regazo.

Cada trago, diluido
en interno llanto
por todos esos ojos tuyos
que saben mirarme
nadando indiferentes en mi bebida.
¡Quiero extinguirlos todos!
¡y beberme la sed de ti!
pero no hay caso:
tú siempre permaneces,
no te disuelvo: flotas en mí.

Cada paso, cada trago,
apurando el camino
hasta el fondo del vaso
tan abajo, tan abajo
que ya mi vista
quiere
pero no sabe abarcar
toda tu irremediable grandeza.

Es tarde y vuelvo a casa,
con el alba dejo de recordar
que eres alguien
de quien intento alejarme.