lunes, 16 de septiembre de 2013

Santorini, de Alfredo Trejos

Imaginate que un día
llegás a tu casa
y tu mujer se ha ido
(digo tu mujer por como suelen
pasar las cosas
y para que desde ya
preparés el corazón y el papeleo).

¿Qué dirías?

¿Cuántos hombres dirían?:

"Tarde o temprano, ella volverá".

Y ella vuelve de inmediato
para no irse nunca
y todo va a dar
al reciclaje de milagros sucios
e inmerecidos.

Pero, ¿cuántos diríamos?:

"Se fue por fin, la muy puta.
Y además -parece- dejó algo
por las molestias, las dudas,
los destrozos, los espejismos…Dios existe.

Hasta nunca, cerveza casera.

Hola, whisky de malta.

Hasta nunca, folleto de viaje a Santorini.

Hola, Santorini.

Ella se fue por fin.
Y nadie resiste volver a oscuras".

Pero si acaso ella vuelve
usando el vestido ensangrentado
de Jackie Kennedy,
ayudándose con un bastón
y muy borracha,
¿qué harías?

Ni por un momento pensés
en lo que estoy pensando.
Eso puede esperar.

Dale un baño y algo de comer
y que se quede.

Tal vez te acompañe a Santorini
donde las muchas horas bajo el sol
la vuelvan loca.

O tal vez se largue
esa misma noche
después de algunos besos.

O tal vez se las arregle para
hacer ambas cosas.