martes, 29 de abril de 2014

Uno de Bukowski

El rostro de un candidato político en una valla publicitaria

Ahí está:
No demasiadas resacas
No demasiadas peleas con mujeres
No demasiados neumáticos desinflados
Nunca pensó en el suicidio

No más de tres dolores de muelas
Nunca se saltó una comida
Nunca estuvo encarcelado
Nunca estuvo enamorado

7 pares de zapatos

un hijo en la universidad
un coche que no tiene más que un año
pólizas de seguros
un césped muy verde
cubos de basura con tapa hermética

seguro que le eligen.

Charles Bukowski

lunes, 28 de abril de 2014

Un poema de Silvia Piranesi

El mejor amigo del hombre

y si quitamos el sillón? o le damos vuelta. o nos deshacemos de las fotografías en el sillón. ese sillón nunca fue mío. tenía mucho sol. pobre sillón desteñido. pobre mujer acostada roja y en despacito. leímos a los grandes en ese sillón. bailamos como grandes. café del palomar. ventanal luciérnago. no cabíamos todos en el sillón. sólo uno por uno. muchos besos de frente, de costado, de mentiras. las pruebas de cartier-bresson y los tantos tangos. oiga la letra. oiga eso que dice. suave, ya lo va a repetir. como en la danza, si un movimiento le gustó lo va a volver a ver. volverlo a ver. volverlo a ver. al movimiento. cuando me acerco. cuando me caigo. cuando me río. oiga lo que dicen las escaleras. se viene cena, pero vengan de verdad. o seamos egoístas y no invitemos a los amigos. o sea egoísta por su cuenta. ser egoísta va por cuenta propia. o separada. el sillón se pasó de casa. sigue siendo el mismo, sólo que más callado. cabizbajo tiene gato nuevo. mesa nueva. niña nueva. no tiene pasillo ni puerta. herencia sombra pálida. cortinas altas. escribimos como grandes en ese sillón. nos aplaudimos toda vida dispuesta al tropiezo y a la belleza. toda circunstancia puesta en evidencia. toda duda siempre se fue por la borda. tiene razón tu lámpara, que también bizca se pasó de casa y provocaba siluetas disparatadas. y si escondemos el sillón? y si lo metemos en nuestro cuarto y lo salvamos? y si escuchamos su voz los domingos? y si lo dejamos solo? si lo salvamos de los otros? y si no nos salvamos? y si nos salvamos brutos del sillón automático? sillón tuve rojo de nosotros. bello sillón juntos todo va mejor.

Silvia Piranesi

miércoles, 23 de abril de 2014

Un poema de Gioconda Belli

Se van tus manos sobre mi mirada
la sostienes, la sueltas.
Embistes mi hombro izquierdo,
lo sitias desde el cuello,
lo asaltas con las flechas de tu boca.
Embistes mi hombro izquierdo
feroz y dulcemente a dentelladas.
con su modo redondo
de hacer pasar el tiempo entre los besos
y somos dos volutas de humo
flotando en el espacio
llenándolo con chasquidos y murmullos
o suavemente quedándonos callados
para explorar el secreto profundo de los poros
para penetrarlos en un afán de invasión
de descorrer la piel
y encontrar nuestros ojos
mirándonos desde la interioridad de la sangre.
Hablamos un lenguaje de jeroglíficos
y me vas descifrando sin más instrumentos
que la ternura lenta de tus manos,
desenredándome sin esfuerzo,
alisándome como una sábana recién planchada,
mientras yo te voy dando mi universo;
todos los meteoritos y las lunas
que han venido gravitando en la órbita de mis sueños,
mis dedos llenos del deseo de tocar las estrellas
los soles que habitan en mi cuerpo.
Una mansa sonrisa empieza a subirme por los tobillos,
se va riendo en mis rodillas
sube recorriendo mi corteza de árbol
llenándome de capullos reventados de gozo transparente.
El aire que sale de mis pulmones va risueño
a vivir en el viento de la noche
mientras de nuevo embistes mi hombro izquierdo,
feroz
y dulcemente
a dentelladas.

martes, 22 de abril de 2014

Un poema de Rosina Lozeco

EL PIBE

Se hace de noche
otra vez voy a volver
tardísimo del trabajo,
no le aviso a nadie.
Me tomo el colectivo
me siento al lado de un pibe
pienso en vos
y en el pibe,
en que vos sos este pibe
y que cogemos acá mismo.
Después me doy cuenta
de que me pasé tres cuadras
me doy cuenta también
de que el pibe tal vez me miraba.
Me bajo
prendo un cigarrillo
y lo apago antes de entrar,
había llegado al filtro
mi cálculo fue perfecto
Cierro
me saco la bombacha del culo
-un alivio-
y silbo mientras destapo una cerveza
y otra vez me pregunto
qué pasa si te llamo
y me respondo que
es probable que no me atiendas
como siempre.
Me siento
en una de esas banquetas
tan modernas y cancheras
que me regalaron mis amigas
cuando me mudé
y siento una amargura tan intensa
que la cerveza se hace dulce.
Me asomo por el balcón
y te veo llegar en la bici.
Me agacho rápido
para que no me veas
y enseguida pienso que en realidad
no te persigo
es una cuestión de purísima casualidad
que vivas enfrente de mi casa
y que además me gustes tanto.

ROSINA LOZECO

miércoles, 16 de abril de 2014

Poemas del Papa

POEMAS DEL PAPA

1

Acaban de elegirme Papa
soy el hombre más famoso del mundo

2

Llegué a la cumbre de la carrera eclesiástica
ahora puedo morirme tranquilo

3

Los cardenales están molestos conmigo
porque no los saludo como antes
¿demasiado solemne?
es que soy el Papa, caramba

4

Mañana a primera hora
me traslado a vivir al Vaticano

5

Tema de mi Discurso:
Como Triunfar en la Carrera Eclesiástica

6

Felicitaciones a diestra y siniestra
todos los diarios del mundo
publican mi fotografía a primera página
algo que no se puede poner en duda
me veo mucho más joven de lo que soy

7

Nada de que admirarse
yo desde niño quería ser Papa
trabajé como fiera
hasta que se cumplieron mis deseos

8

¡Virgen del Perpetuo Socorro!
olvidé bendecir a la muchedumbre
 
 
NICANOR PARRA

martes, 15 de abril de 2014

Uno de Cirlot

VISIO SMARAGDINA

Maresmer
maresmel vad
valma resdar
mares delmer

Deser verdal
vernal damer
adler es mar
verden lervad

Maresmer ver
desmeral dar
dar
ver
verd
verd smerald

JUAN EDUARDO CIRLOT

lunes, 14 de abril de 2014

Del objeto cualquiera, Eliseo Diego

Un ciego de nacimiento tropezó, por casualidad, con cierto objeto que llegó a ser su única posesión sobre la tierra. No pudo nunca saber qué cosa fuese, pero le bastaba que sus dedos lo tocasen en un punto y, a partir de este principio, recorriesen el maravilloso nacer de las formas unas de otras en sucesivos regalos de increíble gracia. Pero en realidad no le bastaba, porque la parte que sabía no era más que la sed de lo perdido, y comprendiendo que jamás llegaría a poseerlo enteramente, lo regaló a un sordo, amigo suyo de la infancia, que lo visitó por casualidad una tarde.
-¡Qué hermosas muchachas!-, vociferó el sordo.
-¿Qué muchachas?-, gritó el ciego. -¡Ésas!-, aulló el sordo, señalando el objeto. Al fin comprendió que no se entenderían nunca de aquel modo y le puso al ciego el objeto entre las manos. El ciego repasó el peso familiar de las formas. -¡Ah, sí, las muchachas!-, murmuró. Y se las regaló al sordo.
El sordo se las llevó a la casa. Eran tres muchachas, cogidas de las manos. Gráciles e infinitas respondíanse las líneas de los cabellos, los brazos y los mantos. Eran de marfil casi transparente. Vetas de lumbre atravesábanla por dentro. El sordo, cuyos ojos eran de águila, sorprendió en el pedestal un resorte. Al apretarlo comenzaron a danzar las doncellas. Pero luego el sordo comprendió que jamás llegaría a poseerlas enteramente, y regaló las tres danzantes a un amigo que vino a visitarlo.
-¡Qué hermosa música!-, dijo el hombre, señalando a las doncellas. -¿Cómo?-, dijo el sordo. -¡La música de la danza!-, explicó el hombre. -Sí -dijo el sordo-, música entendí, pero no sabía que hubiese.- Y regaló al hombre las tres danzantes.
El hombre se las llevó a la casa. Era la música como el soplar del viento en las cañas: agonizaba y nacía de sí misma, y su figura eran las tres danzantes. Maravillado, el hombre contemplaba la perfecta unidad de la figura, la música y la danza. Pero luego comprendió que jamás llegaría a poseerlas enteramente y las regaló a un sabio que vino a visitarlo.
-¡Las Tres Gracias!-, exclamó el sabio. -¿Sabe usted lo que tiene? ¡Son las Tres Gracias que hizo Balduino para la hija del Duque de Borgoña!- El hombre comprendió que aquéllos eran los nombres del misterioso apartamento que había en los rostros de las danzantes. -Usted piensa en ellas-, confirmó, señalándolas. Y el sabio se llevó las Tres Gracias a su casa.
Allí, encerrado en su gabinete, las hacía danzar y les pensaba en alta voz los nombres verdaderos, las secretas relaciones de sus cuerpos en la danza y de la danza y los sonidos, el mágico nacimiento de sus cuerpos, hijos de la divinidad y el amor del artesano. Pero a poco murió el sabio, llevándose la angustiosa sensación de que jamás, por mucho que viviese, las poseería enteramente.
Su ignorante familia vendió las Tres Gracias a un anticuario, no menos ignorante, que las abandonó en el escaparate de los juguetes. Allí las vio un niño, cierta noche. Con la nariz pegada al vidrio se estuvo largo tiempo, amargo porque jamás las tendría. Así había de ser, porque, a poco de marcharse el niño a su casa, un incendio devoró la tienda, y, en la tienda, las Gracias.
Esa noche el niño las sonó al dormirse. Y fueron suyas, enteras, eternas.