lunes, 23 de junio de 2014

Estoy vestida de mí misma, de Ana Gesteiro

Cuando me paso la mañana en pijama
y la tarde
y antes de cenar me pego una ducha
y me pongo un pijama limpio
sé que estoy vestida de mí misma
porque me gusta pasar el día en casa
ocupada en nada importante
sin ocuparme de cómo me verá nadie más.

Cuando saco los pantalones anchos
y la camiseta verde
y zapatillas por si hay que correr, DNI a mano
y un teléfono apuntado en la piel
sé que voy vestida de mí misma
porque me gusta saber que luchando
también estoy educando
y si puedo, descalzarme, porque la plaza es un poco mi
casa.

Cuando me pongo unos vaqueros gastados
y a poder ser, sin cinturón
y una camiseta cualquiera de algodón
y un jersey más bien gordito
sé que estoy vestida de mí misma
porque me gusta poder sentarme en minisillas,
no preocuparme por estar rodeada de manitas sucias
y no pasar frío en el patio.

Cuando rescato del armario un pantalón de vestir
y desempolvo una camisa y quizá una chaqueta
y hasta les doy un repaso de plancha
y los dejo bien colgados la noche anterior
sé que voy vestida de mí misma
porque me gusta ser profesional
y darle seriedad a la conversación
sea con inspectores, con directores, con padres.

Cuando me subo a unos tacones
y rebusco en el cajón de las medias
y el vestido es un poco más corto de lo habitual
y procuro que el bolso pegue con el abrigo
sé que voy vestida de mí misma
porque me gusta ser coqueta,
que te alegres de ir a mi lado
en vez de cruzarte conmigo.

Cuando me imagino llevando un sari
o un caftán,
o un kimono
o una pollera
sé que iría vestida de mí misma
porque me gusta saber que contigo
puedo estar aquí o allá
pero estaré siempre en casa.