martes, 1 de julio de 2014

Suspensivos, de Carmen Cruz

Te me destierras hoy,
nuevamente de golpe,
por el camino de la boca y
en la advertencia de un paréntesis
me confinas al olvido.
Apareces y desapareces
(como los ojos del Guadiana)
serpenteando por mi vida,
y pretendes que acepte tu deshielo,
cuando al regreso de algún Polo
me buscas en el cálido Ecuador.
Te aíslas, te ensordeces,
y al hacerlo me silencias,
y al silenciarme me pierdes
en lo que ayer me ganabas.

¡Y tanta interrogación...
para ninguna respuesta!

Yo no quiero que me quieras de soslayo,
ni a intervalos de espacio o de memoria.
Ni quererte más de lo que quieras,
de lo que puedo y sé.
De lo que quise... no es posible.

Pongamos una coma y otra coma en el relato.
Antes de pensar el desenlace
pongamos los dos puntos que
nos devuelvan al saludo y a la cita.
Pongamos los puntos suspensivos;
sí, dejemos en el aire intriga del final.
Pero…regresa a la palabra.

Incluso si duele,
regresa a la palabra,
y sigamos escribiendo nuestra historia
con un punto y seguido.
De lo contrario...
haré confeti de mis versos,
e incluso si duele,
los pondré como punto final
taponando con mi lengua tus oídos.