martes, 23 de diciembre de 2014

Manojo de espuma


Alzas un gordo 
trozo de espuma con tus manos diminutas 
y te quedas mirándola 
ensimismado. 

Luego me miras 
y te ríes. 

Y otra vez miras la espuma entre tus manos diminutas 
y te ríes. 
Y otra vez... y otra vez te ríes. 
Y otra vez 
alzan tus manos la risa contagiosa de la espuma, 
sus contornos mágicos, 
que ahora llenan toda la bañera y el baño, 
que se filtran 
por la rendija diminuta de la puerta al mundo. 

Gracias, hijo, por el regalo luminoso de tu risa 
que ahora es mía. 

Se la regalaré a los otros. 

Sobra un trozo de espuma en cada casa 
para reírnos juntos.

E.
(de El mago de chicle)

(Ilustración de Marta Lage de la Rosa)