viernes, 30 de enero de 2015

Escuchar

Escuchar en silencio como si uno tuviera todo el tiempo del mundo, como si el tiempo no fuera lo más importante sino eso que uno está escuchando. Cuando uno escucha así puede escuchar todos los sonidos, todos los ruidos, todo lo que a uno le molesta (si uno está escuchando de verdad no hay nada que moleste, porque si algo te molesta entonces ya no estás escuchando, estás sintiendo eso que llamas molestia).

Escuchar el propio pensamiento de uno, el propio sentimiento de uno, lo que uno realmente es, sin intentar cambiar nada. Uno no puede cambiar nada porque todo ya está cambiando y uno lo único que hace es frenar ese cambio. Escuchar cómo eso se produce, cómo crece una hoja, cómo se abre una flor, cómo sopla y se detiene el viento…

Escuchar el encuentro del silencio de uno con el silencio de todo y de todos. Escuchar cómo se enciende la luz… y escuchar su transparencia.

E.

miércoles, 28 de enero de 2015

Exposición de golondrinas


Una golondrina negra.
Una golondrina fresca.
Una golondrina nueva.

Una golondrina de papel.
Una golondrina de agua.
Una golondrina de amor.

Una golondrina inolvidable.
Una golondrina inalcanzable.

Una golondrina infinita.

E.
(de El mago de chicle)

(Ilustración de Marta Lage de la Rosa)

lunes, 26 de enero de 2015

viernes, 23 de enero de 2015

Una energía ilimitada

Ser una luz en el mundo es ser un corazón que se entrega. Cuando llegas al límite de ti mismo, al límite de tu propio egoísmo, de tu propio aislamiento, de tu propia confusión, encuentras que lo que hay más allá no tiene límites y encuentras que es esa energía infinita el verdadero soporte de este mundo: tu mundo y el de los demás.

Y como esa energía siempre se está dando a si misma, solo puedes ser uno con ella si tú también te das a ti mismo. Entonces descubres que lo que creías ser es una completa ilusión y que en realidad tú mismo no tienes límites.

E.

jueves, 22 de enero de 2015

La libertad

Ser libre es ser libre de uno mismo.

Uno es, básicamente, condicionamiento y en ello no hay ninguna libertad: siempre las mismas reacciones, siempre las mismas respuestas, siempre el conflicto y el querer estar libre del conflicto, siempre el pasado respondiendo al presente y creando el futuro, siempre la misma continuidad.

No es de extrañar que nuestra vida cotidiana sea tan dolorosa y tan aburrida. Entonces queremos huir de allí y al instante nos inventamos una libertad basada en el condicionamiento que somos y volvemos a lo mismo.

¿Puede uno acabar con todo eso? ¿Puede uno mirar todo eso directamente, sin querer huir y en ese mismo mirar, terminar de una vez por todas con ello? ¿Puede uno tener esa intensidad para estar allí sin hacer nada al respecto porque se da cuenta que toda su acción está basada en su propio condicionamiento?

Cuando uno termina con todo eso, cuando uno ya no está más allí ¿qué sucede entonces?
No te inventes lo que va a suceder entonces. ¡Descubrelo!

E.

miércoles, 21 de enero de 2015

El ego

¿Ha mirado usted en su interior y ha visto algo a lo que pueda llamar “ego” o “yo”?

Si mira con paciencia, sin apresurarse, verá que allí solo hay pensamientos acerca de usted mismo, de lo que usted cree ser, de lo que quiere ser, de lo que otros han dicho que debería ser… y verá que el pensamiento nunca cesa.

No se engañe más y mire: todo lo que usted cree ser no es más que ese movimiento del pensamiento que ni siquiera es suyo, porque a todos nos pasa exactamente lo mismo. Todo lo que usted sufre, todo lo que usted ama, todo lo que usted experimenta proviene de allí, de ese movimiento incesante y usted mismo no es más que un pensamiento que se separa y se identifica a sí mismo dentro de ese movimiento continuo para erigirse como aquel que quiere controlar lo que pasa, que quiere cambiar esto o lo otro, que quiere ser bueno, que quiere ser feliz…

Mire bien y vea que el pensamiento no cesa ni un instante, a veces parece que se ralentiza pero no cesa ni un instante, y usted está atrapado en eso: dándose importancia, intentando usted mismo (un pensamiento) parar el pensamiento, creando conflicto tras conflicto, repitiendo lo mismo una y otra y otra vez.

¿Qué pasa si uno se da cuenta de todo eso instantáneamente? ¿Qué pasa si el pensamiento de veras se detiene? ¿Hay algo más allá del pensamiento?

E.

martes, 20 de enero de 2015

Empezar por uno mismo

Todo empieza siempre por uno mismo, por lo que uno mismo es.

Pero uno quiere empezar casi siempre por lo que cree que le falta, por lo que cree que los demás son respecto a uno, por lo que nos dan o no nos dan, por las condiciones que nos rodean, por lo que uno quisiera ser, etc. Y en ese proceso uno se aleja por completo de lo que uno es y continúa creando una imagen de uno mismo.

Para llegar lejos hay que empezar muy cerca y lo más cerca que hay es uno mismo tal como es. Cuando uno se mira a si mismo sin juicio alguno, sin querer convertirse en otra cosa, ¿qué hay allí?, ¿no ve uno allí acaso su propio condicionamiento operando, reaccionando a cada momento, indicando la dirección en la que seguimos casi siempre, creando los límites de nuestra propia vida?

Eso es lo que es nuestra vida, si uno no la juzga, si uno no hace nada al respecto, porque si uno intenta hacer algo al respecto, entonces el condicionamiento vuelve a reaccionar y vuelve a crear el mismo camino en la misma dirección y aquello continúa una y otra vez. Uno es lo que es y eso está siempre delante de nosotros.

Y qué pasa entonces si uno ve eso (y para verlo uno tiene que estar muy quieto). Si uno ve lo que es tal como es, entonces uno es libre de su propio condicionamiento y puede ir más allá de ello. En ese mismo instante uno descubre la trama y la urdimbre y termina con ella, porque el comienzo es también el fin.

E.

lunes, 19 de enero de 2015

Opiniones

Todos estamos llenos de opiniones.

Los religiosos tienen opiniones, los políticos tienen opiniones, las mujeres tienen opiniones, los hombres también las tienen, el hombre común y el intelectual tienen sus propias opiniones. Los filósofos y las amas de casa tienen opiniones y hasta los niños tienen opiniones como una caricatura de las de sus mayores.

Las opiniones nos dividen, nos clasifican, nos cosifican, nos identifican. Casi se puede decir que un ser humano es un conjunto de opiniones que cambian o se quedan fijas a través del tiempo. Las opiniones pueden ser aprobadas o rechazadas pero pocas veces nos damos cuenta que todas son tanto verdaderas como falsas y que eso es algo totalmente relativo porque la mente humana puede justificarlo todo.

Otra cosa son los hechos, pero, tened cuidado, porque los hechos, la mayor parte de las veces, son percibidos a través de nuestras opiniones.

Cuando hay opiniones de por medio, es difícil establecer una relación con los demás. Entonces uno trata de abrirse a otras opiniones, intenta ver lo positivo que hay en otras opiniones (en todas lo hay si uno quiere verlo) y, en aras de la relación, uno opina que en realidad su opinión no es tan importante porque no es más que una opinión como otra cualquiera.

Tal vez algún día descubramos que podemos estar en comunión con el otro en completo silencio, sin ninguna opinión.

E.

viernes, 16 de enero de 2015

Pausa en la nostalgia


Mi angustia
es el eco
de la risa de Dios

Pedro Casariego Córdoba


Venías luego,
cuando el sol se deshacía en el horizonte,
y echábamos juntos unas risas,
entre inspiración y expiración de la tarde.

Los gorriones saltaban en el césped amarillo,
piaban y se insultaban unos a otros
por un trozo de pan duro.

Pero cuando los pulmones de la tarde
se detenían,
esa cosa extraña los mandaba callar
y llenaba ella sola todo el parque.

Ni siquiera se escuchaban los carros.

Todo el mundo dejaba el parloteo,
como si hubiera pasado un ángel.

Yo no sabía qué era aquello.

Yo era un adolescente como cualquier otro
y adolecía de casi todo.

No tenía ni siquiera esta nostalgia de ti,
que desde entonces me acompaña.

E.
(de Memorias del otro lado del mar)

jueves, 15 de enero de 2015

Canto XXXVII


tenía las uñas
sucias
pero estaba muy buena
caminando
calle arriba
calle abajo
enseñaba una teta
auténtica
no sonreía
pero era la princesa
de aquella calle
sucia
como ella
uñas largas pintadas de arco iris

me puse a pensar
luego
con media cerveza adentro
cómo se sentiría
el tipo del mercedes
cuando aquellas uñas
se clavaran
en su blanco trasero

E.
(de Canto al Infinito)

miércoles, 14 de enero de 2015

La casa


A la hora del almuerzo, la casa es una entidad espaciosa donde la gente trata de ensartar palabras en el hilo de hormigas que cuelga de la pared. Las rosas del búcaro abren sus pétalos obscenamente dejando a la vista la pelambre amarilla, de la que sale al aire de la casa un como olor de hierba fresca.

Todo en la casa musita suavemente, a veces como ráfagas de viento, otras como nubes. Y así van fluyendo las paredes hacia el techo, el techo hacia la puerta, la puerta hacia las losas del comedor, las losas del comedor hacia las de la sala, las de la sala hacia las losetas del baño, y las losetas del baño van pasando de una en una por el hueco de la taza hacia el cielo.

E.
(de Las enseñanzas de Manolo)

Pintura: Ami Durán Pentón

martes, 13 de enero de 2015

En otro idioma


Mi madre se levantaba por las mañanas con el inhalador en la mano derecha. Entraba en la cocina a oscuras y preparaba un café aguado. Yo estaba ya en la mesa del patio escribiendo.
-¿Qué haces aquí tan temprano?, vas a coger frío.
Yo la miraba en silencio y sonreía.

Para llegar a la parada había que atravesar un campo de pelota. El sol lo teñía de rojo a esa hora y siempre había un minuto en el que los gorriones se callaban antes de redoblar su algarabía. Era como si el mundo se detuviera un instante.

El camello, siempre repleto de gente, parecía una lata de sardinas con cristales, saltando por las calles rotas de la Habana. Había que entrar a trompicones o quedarse en un sitio propicio para que la corriente te enganchara marea adentro. Entonces, lo importante era encontrar rápido un rincón donde no te estrujaran demasiado y empezar a sudar ligero, a regular la respiración para que el calor no traspasara la camisa.

Allí adentro, se hablaba otro lenguaje de miradas libidinosas, gritos y gruñidos. La gente se sobaba entre sí a cada frenazo:

–¡Échate pa’llá asere!
–¡Señora, sin complejos, eh!
–¡Guagüeroo, que llevas gente aquí atrá!
–¡Le zumba el mango, compadre!

Bajarse luego era todo un arte. Había que empezar un movimiento de serpiente tres o cuatro paradas antes, hasta tener la puerta tan cerca que se te incrustara en las costillas al abrirse.

Yo salía disparado del monstruo rodante y me encontraba de repente frente al malecón. Era una vista hermosa por la que valía la pena vivir.

lunes, 12 de enero de 2015

Paciencia


escucho
pero esto no puede escucharse

escribo
pero esto se niega a la palabra

quiero encender la luz
pero la luz ya está encendida

E.
(de Revelaciones del Silencio)

viernes, 9 de enero de 2015

Sabor a ti


Tu piel de mango de mamey
de chirimoya de guanábana
Tus muslos de anón de caimito de melocotón
de albaricoque
Tus nalgas de melón
de sandía de guayaba de níspero
Tus senos de pera de papaya de manzana de kiwi
Tu ombligo de uva de cereza de limón
de pitahaya
Tu sexo de naranja de toronja de piña
de tamarindo
Tu cuello de grosella de mandarina de higo de maracuyá
Tu boca de plátano de fresa de granada
de arándano
Tus ojos colgando de un cielo verde pistacho
del cielo de las palmas
al viento

E.
(de El mago de chicle)

Pintura: Ami Durán Pentón

jueves, 8 de enero de 2015

El rincón de la abuela


Mi abuela tenía una casa independiente dentro de la casa donde nací.

Era una viejita laboriosa que siempre tenía todo limpio y disfrutaba arreglando su jardín. Yo la ayudaba a muchas cosas y, cuando la enredadera del patio crecía demasiado, me lo pasaba de lo lindo cortando hojas a diestro y siniestro.

La casita de mi abuela estaba al fondo del pasillo. Tenía una habitación y un salón-comedor-cocina que daban a su patio, colindante con el nuestro. Los patios estaban separados por un muro y desde ese muro se subía al tejado de la casa. Yo tenía que velar a mi abuela para subirme, porque si me veía se lo decía a mi madre o a mi padre y me tocaba una buena con la chancleta.

Mi abuela tenía un árbol de navidad que ponía todos los años dos meses antes y lo quitaba dos meses después. Yo era el encargado de ponerle las luces. Me encantaba eso de enganchar cables y bombillas, y había descubierto que con un encendedor de fluorescente se podía hacer el efecto de la intermitencia.

Cuando llegaba la navidad yo me escondía allí y mi abuela me enseñaba salmos. A mi padre no le gustaba mucho. Tal vez por eso era divertido.

El mejor recuerdo que guardo de mi abuela era cuando se quedaba dormida en su balancín, escuchando las lecturas bíblicas de la radio. La voz del lector venía de muy lejos, del otro lado del mar y la envolvía en una brisa ligera. El rostro de mi abuela se balanceaba en aquella brisa con una sonrisa llena de paz.

E.
(de Memorias del otro lado del mar)