lunes, 19 de enero de 2015

Opiniones

Todos estamos llenos de opiniones.

Los religiosos tienen opiniones, los políticos tienen opiniones, las mujeres tienen opiniones, los hombres también las tienen, el hombre común y el intelectual tienen sus propias opiniones. Los filósofos y las amas de casa tienen opiniones y hasta los niños tienen opiniones como una caricatura de las de sus mayores.

Las opiniones nos dividen, nos clasifican, nos cosifican, nos identifican. Casi se puede decir que un ser humano es un conjunto de opiniones que cambian o se quedan fijas a través del tiempo. Las opiniones pueden ser aprobadas o rechazadas pero pocas veces nos damos cuenta que todas son tanto verdaderas como falsas y que eso es algo totalmente relativo porque la mente humana puede justificarlo todo.

Otra cosa son los hechos, pero, tened cuidado, porque los hechos, la mayor parte de las veces, son percibidos a través de nuestras opiniones.

Cuando hay opiniones de por medio, es difícil establecer una relación con los demás. Entonces uno trata de abrirse a otras opiniones, intenta ver lo positivo que hay en otras opiniones (en todas lo hay si uno quiere verlo) y, en aras de la relación, uno opina que en realidad su opinión no es tan importante porque no es más que una opinión como otra cualquiera.

Tal vez algún día descubramos que podemos estar en comunión con el otro en completo silencio, sin ninguna opinión.

E.