jueves, 5 de febrero de 2015

Sobremesa


Quedarse así,
en una esquina de la mesa,
en una esquina de la sala,
en una esquina de la ciudad,
en una esquina de la noche.

Fijarse en la ilusión del tiempo
que rueda plácido por el humo del café
y salta de una taza a otra,
de un silencio a otro,
del ojo a la nada.

Fingir que estamos pensando
mientras saboreamos las tazas de café
que en su negra abundancia nos promete
prolongar este instante quieto
sin nada que sentir
ni que desear,
sin nada a qué aferrarse.

Dejar de ser un dos
con dos tazas y dos espejuelos
cuando hasta la terca soledad
desaparece.

Saberse indestructible y eterno
como ese humito juguetón.

E.
(de Las enseñanzas de Manolo)