martes, 7 de abril de 2015

A la muerte de Magoo


El pobre animal,
ya no podía con su cuerpo.
Tirado en medio del baño
dio un último alarido
como el llanto de un bebé.

Yo fui corriendo a ver qué pasaba.

Tenía la boca abierta y la lengua torcida
y babeaba.

No respiraba con regularidad.
Cogía una bocanada de aire
como un gran suspiro
cada 20 o 30 segundos.

Supe que era el final.

No quise avisar a Esperanza
porque era su gato
y me dio tristeza que lo viera
en ese estado.

Le acaricié suavemente el lomo,
le cogí la patita mientras él trataba de absorber algo del aire,
algo que el aire ya no le podía dar.

Le dije que no tuviera miedo,
le dije que todos le queríamos mucho
y estuve allí acariciándolo hasta que dejó de respirar.

Era un gato ciego que se movía como si tuviera ojos,
un gato muy bueno que nunca hizo daño a nadie.

Yo no fui demasiado cariñoso con él
pero sé que él nos amaba a todos de verdad,
incondicionalmente.

Un ser muy especial...

Dejó un gran vacío
de este lado de las cosas.

E.
(de Poemas comunes)