jueves, 21 de mayo de 2015

La casa deshabitada


No había una sola palabra en aquella casa.

Las paredes blancas daban la sensación
de un lienzo circular
jamás tocado por mano de hombre.

No se sabe si la gente iba allí sin palabras
o simplemente las palabras
se esfumaban de la mente y del corazón
mirando la diminuta velita
que brillaba al centro del círculo.

Era como si la casa escuchara
y acogiera las angustias profundas o superficiales
en la infinita desnudez de sus paredes.
Y era también como si cada palabra
se quemara en la llama de la velita.

Entonces el visitante entraba en sintonía con la casa,
se deshabitada de sí
hasta encontrar en su interior
el mismo espacio infinito
que habitaba la casa.

Cuando salía de allí estaba limpio
y libre para crear algo nuevo.

No habitó nunca aquella casa palabra alguna,
tal vez por esa razón
la casa parecía contenerlo todo.

Los pobladores la llamaban
Poem-Ma
que en senzar significa
Morada del Silencio

E.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Unidad


Tu espalda
             es mi espalda

un arrullo ciego
                    frotándose
contra la inmensidad de la noche

E.
(de Revelaciones del Silencio)


martes, 19 de mayo de 2015

Manolo en el ballet


Habrás amado tres veces consecutivas
las tres imágenes que te regalará ese viejo
estanque.
Habrás sido otra vez el cisne blanco
erguida tu pureza ante una gran quietud de agua.
Habrás acariciado tu alma en círculo infinito,
en hondo vuelo de hojas,
en emanaciones de signos escritos sobre el viento,
con aroma en ascenso de piel fresca
y ondulante.
Te habrá parecido
que un naufragio de amor llegó para salvarte
cuando tu figura se perdía entre la paredes
de un beso.
Habrás dejado de ser cuerpo o espíritu viviente,
desnuda ave o mujer emplumada,
párpado o perfil.
Habrás muerto otra vez sobre el ciego tablado
soñando el nacimiento de un nuevo par de alas
mientras olvidas tu forma en el espejo.

E.
(de Las enseñanzas de Manolo)

lunes, 18 de mayo de 2015

Lágrimas negras


Ese día habíamos estado comiendo mucho y a mamá le dio su último ataque de asma.

Se puso muy nerviosa y el inhalador no le hacía nada. Empezó a decir las bobadas de siempre: que se moría, que cuidara de mis hermanas y cosas así. Yo siempre intentaba tranquilizarla pasándole la mano por la espalda y hablándole bajito, pero ese día me puse furioso y le grité que sí, que si seguía así sí que se iba a morir.

Se puso peor y me dijo que corriera a casa del vecino a ver si podía llevarnos al médico en su carro. Mena sacó su Chevrolet del 53 a toda leche y nos fuimos al hospital. Yo me puse detrás con mi madre entre los brazos tratando de calmarla, pero no se calmaba. Empezó a ponerse azul y a mitad de camino dejó de respirar.

Cuando llegamos al hospital costó sacarla del coche. Luego se pusieron a hacerle todo tipo de cosas: la desnudaron, le clavaron una aguja en el cuello y empezaron a darle golpes en el pecho. Yo miraba todo ese absurdo con desgana porque sabía que mi madre ya no estaba en aquel pesado cuerpo, se había ido ligera de equipaje al lugar que tanto mencionaba en sus cantos.

Me fui afuera y me senté en la escalinata con una sensación extraña en el pecho, pero no lloré. Miré al cielo y le desee buen viaje a donde quiera que hubiese ido.

Luego vino el velorio, el entierro y toda la parafernalia que se monta entorno a la muerte de un ser humano, con gente llorando, rollos familiares y demás. Yo no tenía ganas de llorar, así que no lo hice.

A los tres días de aquello, estaba en la barbacoa y me di cuenta de que todos los conflictos entre mi madre y yo se habían acabado. También me di cuenta de todo el cariño que me había dado y de lo mucho que la extrañaría. Entonces lloré en silencio sin parar durante tres horas seguidas.

Luego me duché y me fui a dar una vuelta por las calles que mi madre y yo recorríamos juntos, a veces, al atardecer.

jueves, 7 de mayo de 2015

Sobre la poesía


La poesía me acaricia
mordiéndome los labios.

Sunil Gangopadhyay

Y si dijéramos que es velero,
ella se vestiría de olas
y escondería nuestra piel
en su piel oceánica.

Y si dijéramos que es la canción que canta el viento,
ella soplaría más fuerte aún
y despertaría los aullidos de todas las bestias salvajes.

Y si dijéramos que es el latir del corazón,
ella se burlaría de nosotros
gritando su nombre en cada piedra,
en cada hoja seca de la calzada.

Y si dijéramos que es lluvia o arcoíris,
ella levantaría flores del polvo amarillo
y haría del desierto un jardín.

Y si dijéramos que es luz,
ella haría cantar a la noche,
y si dijéramos que es noche,
ella encendería su luz
en lo más profundo de la oscuridad.

Y si dijéramos que está hecha de palabras,
ella reuniría todos los versos que están por decirse
para prenderles fuego
y que aprendiéramos a caminar juntos al sol.

Y si dijéramos que ella es silencio,
nos mordería los labios
y nos haría saber que también es
una mujer voluptuosa.

E.
(de Poemas comunes)

martes, 5 de mayo de 2015

Al jazz


1

...la muerte era de raza negra.
Joan Margarit

Me apuntas con una pistola negra en las orejas...
¡pero si yo estoy bailando!
¿no ves que estoy bailando un swing?

Me apuntas con una pistola negra en los párpados...
¡pero si yo estoy bailando!
¿no ves que estoy bailando un swing?

Me apuntas con una pistola negra en el blanco de los dientes...
¡pero si yo estoy bailando!
¿no ves que estoy bailando un swing?

Me apuntas con una pistola negra en los negros zapatos...
¡pero si yo estoy bailando, Muerte!
¿no ves que no puedo parar de bailar?

2

Hay lágrimas cayendo dentro de mí,
no tienen a dónde correr,
tal vez rieguen las ascuas de una flor ausente.

Silencio,
se acerca una trompeta.

Mi abuela cayó
sobre las pupilas del piano,
siguió cayendo hasta que el piano
se anegó en noche,
hasta que en la silla vacía
se sentó una voz.

Escucha esto: yo no estoy solo.
Escucha esto: tu nombre se parece a mi nombre.

La trompeta también dice lo mismo
pero con una libertad diferente.

La noche llega después,
llegará después,
cuando todo esto acabe.

Ahora solo estamos escuchando el preludio
de una oscuridad más vasta.

Espera,
ya casi está llegando.

3

Muévete nena.
No pares de moverte.

No digas que no puedes seguir este ritmo.
No digas que no puedes seguir
los latidos de tu corazón.

Olvida todo lo que sabes.
Olvida todo lo que crees no saber.

Muévete con esa burbuja loca que baila en la trompeta.

La noche es joven todavía
y tú también.

E.
(de Poemas comunes)