viernes, 25 de diciembre de 2015

Ruidos de un sueño ausente


No sabíamos lo que era yo y lo que eras tú
Karin Boye

A esta hora tranquila la vena azul que no palpita se vuelve hábil
y aquellas figuras del paisaje, restallante de calcio,
van ayuntando cuerpos al cordón umbilical de la noche.

Yo me siento a escudriñarte sin las formalidades de mi cabeza
y te encuentro más bello cada día: ángel recién salido del útero.

Quisiera agarrarte y quedarme atascada durante veinte minutos
en tu espalda de arrecifes de coral,
quisiera ser el ruido de tu sueño transparente en las primeras lluvias de octubre
o una rama de la jacarandá pariendo flores menstruales.

Pero soy humana y mortal como las algas de Nueva Zelanda
y este insomnio no da para mucho.

Carmen Garrido