lunes, 3 de octubre de 2016

Poema durmiente


Dormir es encontrarse con la muerte.

Los durmientes son muertos que han salido a pasear
por las avenidas sin fin de la noche.

La noche los encuentra tomándose un cáliz de ensueño
y les enciende la luz del pecho.

¿Has visto a los durmientes que susurran poemas
con la boca medio abierta y llena de noche?
Sus bocas son cavernas oscuras con una luz al fondo.

Los durmientes aspiran con todas sus fuerzas
las densas sombras que la borracha noche exhala
y corren disparados en sus bicicletas de sueño hacia las estrellas,
junto a los cometas vagabundos y las galaxias espirales.

La muerte les enciende esa blanca luz
que a altas horas de la noche sale a bailar.

Dormir es cabalgar en la gran yegua de la muerte.
Esa a la que tanto tememos
se deja domar cada noche una única vez.

Y cada amanecer olvidamos
con infantil alegría que estuvimos con ella,
que fue ella quien nos trajo el desayuno,

una airada copa de sol que respiramos con la misma docilidad
con que en la noche iluminada nos dejamos seducir,

y la muerte nos encontró viajando por el laberinto de los durmientes,
y nos desnudó de nosotros mismos y de nuestros sueños,
y nos hizo el amor.

E.