jueves, 22 de diciembre de 2016

Utiliza la poesía, de Juan Carlos Ortega


Para volverte loco
                                    utiliza la poesía.

Para llenarte cuando estés vacío
                                    utiliza la poesía.

Para ser humilde, para ser generoso
                                    utiliza la poesía.

Para expresar lo que sale de ti,
para soñar
                                    utiliza la poesía.

Para suicidarte y para no suicidarte,
para huir de lo que tu padre y tu madre
esperan de ti,
para buscar a Dios aunque estés seguro
de que no existe
                                    utiliza la poesía.

Para conocer la verdad sobre ti mismo
                                    utiliza la poesía.

Para pensar en la muerte
y para no pensar en la muerte
                                    utiliza la poesía.

Para trepar al árbol familiar,
para limpiar tu conciencia,
para escapar de donde quiera que estés
encerrado
                                    utiliza la poesía.

Para que te amen y para que te odien,
para curar tus heridas,
para golpear con firmeza
                                    utiliza la poesía.

Para despertar a la vida y de la muerte
                                    utiliza la poesía.

Juan Carlos Ortega

martes, 20 de diciembre de 2016

Dimitir de mí misma, de Ana Pérez Cañamares

Dimitir de mí misma
como quien cierra la puerta
a su casero y le dice hoy no pago.

Renunciar a mi representación
porque la piel se me irrita
bajo la baratija de los nombres.

Romperme los papeles
parirme anónima, apátrida
esdrújula de orfandad.

Relevarme la voz
derrotarme los miembros
tumbar mi estatua.

Me destituyo, me revoco
me derroco, me ceso:
implanto en mí el imperio de los pájaros.

Ana Pérez Cañamares

viernes, 16 de diciembre de 2016

Poética, de Luis Rogelio Nogueras

Cuanto dejo en los papeles es
como la búsqueda de una
gota de una sustancia cuyo
nombre ignoro y que se parece a
la vida, o, mejor aún, que es
la vida, encerrada en
una simple gota
de una substancia cuyo
nombre ignoro. Toda palabra que
escribí trató de acercarme a
esa substancia sin
nombre.
Todo cuanto hice fue
para llegar a
ella.

Luis Rogelio Nogueras

jueves, 15 de diciembre de 2016

Un poema de Bai Juyi


Sentados, bajo la fresca sombra
...........que las hojas del bambú
proyectan sobre el tablero,
dos monjes de la montaña juegan
...........a las damas.
...........No se les ve a través de la espesura,
pero de vez en cuando, se escucha el ruido
...........de las piezas cuando las mueven.

BAI JUYI

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Fui al río..., de Juanele


Fui al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de mí.
Las ramas tenían voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendía.
Me angustiaba casi.
Quería comprenderlo,
sentir qué decía el cielo vago y pálido en él
con sus primeras sílabas alargadas,
pero no podía.
Regresaba
-¿Era yo el que regresaba?-
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
¡Me atravesaba un río, me atravesaba un río!

JUAN LAURENTINO ORTIZ

martes, 13 de diciembre de 2016

Poemas chinos


El sauce se yergue por encima de la niebla.
Veo mi pelo despeinado y el broche en forma de cigarra
tendido en la cama.
¿Qué me importan los días que me esperan
si esta noche gozas de mí hasta la plenitud?

WEI ZHUANG

lunes, 12 de diciembre de 2016

Con tantos palos..., de Fayad Jamís


Con tantos palos que te dio la vida
y aún sigues dándole a la vida sueños.
Eres un loco que jamás se cansa
de abrir ventanas y sembrar luceros.
Con tantos palos que te dio la noche,
tanta crueldad, frío y tanto miedo.
Eres un loco de mirada triste
que solo sabe amar con todo el pecho,
fabricar papalotes y poemas
y otras patrañas que se lleva el viento.
Eres un simple hombre alucinado
entre calles, talleres y recuerdos.
Eres un pobre loco de esperanzas
que siente como nace un mundo nuevo.
Con tantos palos que te dio la vida
y no te cansas de decir "te quiero".

FAYAD JAMÍS

(Pintura: Zona Postal 4, Fayad Jamís)

viernes, 9 de diciembre de 2016

Libélula, de Juan Carlos Mestre


Yo tenía una libélula en el corazón como otros tienen una patria
a la que adulan con la semilla de los ojos. Verdaderamente
las especies de la verdad son cosas difíciles de creer,
extraños seres petrificados en la ternura como benignos nódulos
en la perfección de los huesos. En aquel tiempo
yo tenía el sueño de una libélula entre los juncos del corazón.
Cansadas como paraguas cerrados recogía las maderas auditivas
de un mar inexistente y con ellas construía algo parecido a una casa.
En aquellos días algo parecido a una casa eran las conversaciones,
palabras relacionadas con la pestaña premonitoria, gatos en los cerezos.
Yo desconocía los vínculos y toda oscuridad era para mí un obsequio,
un rumor de la eternidad que se prestaba como cuerpo desnudo a mi mano.
No era la boca del amor la que respiraba ese óxido, sino la imaginación
del amor como un sastre con pantalones verdes el día de la felicidad.
Verdaderamente las especies de la verdad son cosas difíciles de creer,
la ilusión del hombre es una luz que llega desde lo desconocido
mas no es él el dueño de esa invención sino el ruido de un rumor prestado,
la cámara del que guarda su placer en ella.
Yo tenía la costura de una libélula en el corazón
pero las hojas cerebrales hacían crecer mis manos hacia dentro
en busca de una palanca con la que desalojar la piedra del miedo.
Sin esfuerzo comencé a llorar al revés, a confundir los sentidos
que guían la gota gramática hacia una lengua extranjera.
Antes que me tomaran por un extraño ya que yo no era el dueño de esa invención
me alejé del optimismo de ser entendido por más de dos
y comencé a oír mis propias palabras como martillazos retumbando en un espacio vacío.
Era como si el tiempo hubiera dejado de durar,
era como si todas las obras imaginadas por un ciego se derritiesen al tacto,
como si la langosta hubiera descendido sobre los campos del espíritu.
Yo solo tenía una libélula en el corazón como otros son hermanos del vértigo
y llevan la aorta de las constelaciones acogida en sus sienes.
Está bien, las especies de la verdad son cosas difíciles de creer,
es probable que la invisibilidad y estos hechos
solo guarden relación con una libélula.

JUAN CARLOS MESTRE

(Pintura: La Metamorfosis de las Libélulas, Juan Carlos Mestre)

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Quién sabe..., de Cummings


Quién sabe si la luna
no es un globo, que viene de una hermosa ciudad
en el cielo, lleno de gente linda
Y si tú y yo pudieramos entrar en él, si ellos
nos admitieran a mí y a ti en su globo
entonces
ascenderíamos con toda esa gente linda
más alto que las casas, los campanarios y las nubes
Y bogaríamos y bogaríamos lejos, muy lejos
hacia una hermosa ciudad que nadie ha visitado jamás,
donde siempre es Primavera
y todo el mundo está enamorado
y las flores se cortan ellas mismas.

E. E. CUMMINGS

(Foto: Chema Madoz)

lunes, 5 de diciembre de 2016

Cantos clásicos de Corea

Jewibo

En el lavadero del río, bajo las ramas del sauce,
un galán en caballo blanco me acarició la mano.
Lavándola durante tres meses de lluvia estival
¿acaso se ha quitado aquella fragancia de mi mano?

(Una presidiaria, Koryo)

viernes, 2 de diciembre de 2016

Limpiapeceras



Cada día hay que limpiar
los recuerdos
como quien limpia su casa,
como quien pasa el trapo al cristal
de la ventana.

Cada día,
hay que barrer los recuerdos,
malos y buenos
del portal,
del cristal de la mirada.

Las cosas cambian a cada momento
pero las fijamos en la memoria para no perder las referencias
y no queremos ver...

Cada día hay que barrer las palabras
que fijan nuestra mirada.
Llamar a esa muchacha
que bosteza: rama-florecida,
por ejemplo,
al autobús tambaleante: sopa-de-queso,
al árbol que ha perdido sus hojas:
misterioso-desamparado,
al amanecer: tirabuzón.

Cada día hay que meter
todo lo que guardamos
como grandes tesoros
en una bolsa de basura
para que el camión que pasa cantando
se la lleve muy lejos
y pueda florecer algo nuevo
en esta tierra nuestra marchita por los recuerdos.

Y hay que hacer esto cada día,
cada hora, en cada minuto.

E.

(Foto: Jacinto García)

jueves, 1 de diciembre de 2016

Un poema de Szymborska

Las tres palabras más extrañas

Cuando pronuncio la palabra Futuro,
la primera sílaba pertenece ya al pasado.
Cuando pronuncio la palabra Silencio,
lo destruyo.
Cuando pronuncio la palabra Nada,
creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.

Wislawa Szymborska