lunes, 18 de diciembre de 2017

Señales del cuerpo (I), de Maram al-Masri

SEÑAL I

así nos encontramos
cara a cara...
pecho con pecho
vientre con vientre
nos estrechamos
hasta confundirnos
envolviéndonos dilatándonos...
nos enroscamos
nos apartamos nos atraemos...
nos empujamos nos apretamos

sudamos

temblando

hasta dar a luz

MARAM AL-MASRI

viernes, 15 de diciembre de 2017

Vida de un poema, de Luis Rogelio Nogueras

VIDA DE UN POEMA

El poema nace
mira con ojos asombrados e inocentes su primera
mañana en el mundo
–aún no sabe que lo que le acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema balbucea una palabra pura
descubre los objetos cercanos y distantes
toca su propio rostro
sonríe
–aún no sabe que lo que le acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema crece
rompe sus juguetes
da unos pasos
cae
vuelve a levantarse
–oye decir que lo que le acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema sale a la calle
tiene su amor imposible
su pedazo de dicha y un rencor
–comienza a sospechar que lo que le acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema se hace adulto
derriba ídolos de barro
gana amigos y enemigos
se casa fecunda un vientre
–tiene ya casi la certeza de que lo que le acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema madura
aprende a comportarse en la mesa
perfila su estilo
suple pasión con experiencia
aprende a hacer posibles los amores imposibles
–está absolutamente seguro de que lo que le acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema envejece
mira con paternal ternura
a los jóvenes poemas inexpertos
les envidia en secreto su fuego y desaliño
–no les dice que todo lo que les acontece
aconteció ya muchas veces–

El poema agoniza
mira con ojos tristes y culpables su última
noche en el mundo
–no lo consuela saber
que también su muerte es simple repetición–

LUIS ROGELIO NOGUERAS

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Un poema de Luis Miguel Cruz

ESTUDIOS SOBRE LA LUZ

IX

Tú no estás tocada por la luz
tú eres la luz
tus venas son de luz
tus palabras son de luz
tus ojos son la luz
que mira las cosas
y las descubre

Voy a arreglar el mundo
para que tú lo veas

LUIS MIGUEL CRUZ

martes, 12 de diciembre de 2017

El amor, de Eduardo Galeano

EL AMOR

En la selva amazónica, la primera mujer y el primer hombre se miraron
con curiosidad. Era raro lo que tenían entre las piernas.
-¿Te han cortado?- preguntó el hombre.
-No -dijo ella-. Siempre he sido así.
Él la examinó de cerca. Se rascó la cabeza. Allí había una llaga
abierta. Y dijo:
-No comas yuca, ni plátanos, ni ninguna fruta que se raje al madurar.
Yo te curaré. Échate en la hamaca y descansa.
Ella obedeció. Con paciencia tragó los menjunjes de hierbas y se dejó
aplicar las pomadas y los ungüentos. Tenía que apretar los dientes
para no reírse, cuando él le decía: -no te preocupes.
El juego le gustaba, aunque ya empezaba a cansarse de vivir en ayunas
y tendida en una hamaca. La memoria de las frutas le hacía agua la
boca.
Una tarde, el hombre llegó corriendo a través de la floresta. Daba
saltos de euforia y gritaba: -¡lo encontré!, ¡lo encontré!
Acababa de ver al mono curando a la mona en la copa de un árbol.
-Es así -dijo el hombre, aproximándose a la mujer.
Cuando terminó el largo abrazo, un aroma espeso, de flores y frutas,
invadió el aire. De los cuerpos, que yacían juntos, se desprendían
vapores y fulgores jamás vistos, y era tanta su hermosura que se
morían de vergüenza los soles y los dioses.

EDUARDO GALEANO

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Vidas apacibles

¡Señores! Hoy es la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida.
Cesar Vallejo

Y cada uno de ellos dijo:

-Mi vida es
un problema de matemáticas
con muchas ecuaciones sin resolver

-Mi vida es un kiko picante

-Mi vida es desatascar
las cañerías de la información

-Mi vida es una eterna reunión improductiva

-Mi vida es lanzar la misma consulta
una y otra vez
de mil maneras diferentes

-Mi vida es un EAN perdido de Mercadona

-Mi vida es una incógnita más grande
que la promoción aplicada

-Mi vida es una macro de Excel
y luego otra
y otra

-Mi vida es fabricar planes irresolubles

-Mi vida es una tómbola
tom-tom-tómbola

-Mi vida es un soplo de aire gélido
que me recorre el cuerpo desde el amanecer

-Mi vida es un continuo corta y pega

-Mi vida es aguantar el pis
todo el tiempo posible


E.
(poema colectivo de empleados IRI compilado por E.)

martes, 5 de diciembre de 2017

Hallazgo de la vida, de Vallejo

HALLAZGO DE LA VIDA

¡Señores! Hoy es la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida. ¡Señores! Ruego a ustedes dejarme libre un momento, para saborear esta emoción formidable, espontánea y reciente de la vida, que hoy, por la primera vez, me extasía y me hace dichoso hasta las lágrimas.

Mi gozo viene de lo inédito de mi emoción. Mi exultación viene de que antes no sentí la presencia de la vida. No la he sentido nunca. Miente quien diga que la he sentido. Miente y su mentira me hiere a tal punto que me haría desgraciado. Mi gozo viene de mi fe en este hallazgo personal de la vida, y nadie puede ir contra esta fe. Al que fuera, se le caería la lengua, se le caerían los huesos y correría el peligro de recoger otros, ajenos, para mantenerse de pie ante mis ojos.

Nunca, sino ahora, ha habido vida. Nunca, sino ahora, han pasado gentes. Nunca, sino ahora, ha habido casas y avenidas, aire y horizonte. Si viniese ahora mi amigo Peyriet, le diría que yo no le conozco y que debemos empezar de nuevo. ¿Cuándo, en efecto, le he conocido a mi amigo Peyriet? Hoy sería la primera vez que nos conocemos. Le diría que se vaya y regrese y entre a verme, como si no me conociera, es decir, por la primera vez.

Ahora yo no conozco a nadie ni nada. Me advierto en un país extraño, en el que todo cobra relieve de nacimiento, luz de epifanía inmarcesible. No, señor. No hable usted a ese caballero. Usted no lo conoce y le sorprendería tan inopinada parla. No ponga usted el pie sobre esa piedrecilla: quién sabe no es piedra y vaya usted a dar en el vacío. Sea usted precavido, puesto que estamos en un mundo
absolutamente inconocido.

¡Cuán poco tiempo he vivido! Mi nacimiento es tan reciente, que no hay unidad de medida para contar mi edad. ¡Si acabo de nacer! ¡Si aún no he vivido todavía! Señores: soy tan pequeñito, que el día apenas cabe en mí!

Nunca, sino ahora, oí el estruendo de los carros, que cargan piedras para una gran construcción del boulevard Haussmann. Nunca, sino ahora avancé paralelamente a la primavera, diciéndola: «Si la muerte hubiera sido otra...». Nunca, sino ahora, vi la luz áurea del sol sobre las cúpulas de Sacre-Coeur. Nunca, sino ahora, se me acercó un niño y me miró hondamente con su boca. Nunca, sino ahora, supe que existía una puerta, otra puerta y el canto cordial de las distancias.

¡Dejadme! La vida me ha dado ahora en toda mi muerte.

CÉSAR VALLEJO

lunes, 4 de diciembre de 2017

Canto III, de Ezra Pound

CANTO III
(fragmento)

Yo me sentaba en las gradas de la Dogana
Porque las góndolas costaban mucho aquel año,
Y no estaban "esas niñas", sólo había una cara
Y el Buccentoro veinte yardas allá, aullando "Stretti",
Y los rayos de la iluminación cruzados, aquel año, en el Morosini
Y pavos reales en casa de Koré, o pudo haber habido.
............Dioses flotan en el aire azur,
Brillantes dioses y Toscanos, de vuelta antes que el rocío se derramara.
Luz: y la primera luz aun antes que cayera ningún rocío.
Paniscos, y salidas del roble, dríadas,
Y del manzano, mélidas,
Por todo el bosque, y las hojas están llenas de voces,
Suspirantes, y las nubes se doblan sobre el lago,
Y hay dioses sobre ellas,
Y en el agua, las bañistas de blancura almendrada,
El agua plata vidrea los erectos pezones,
............Como Poggio los observara,
Venas verdes en el turquesa,
O las gradas grises llevan hacia arriba bajo los cedros.

EZRA POUND

viernes, 1 de diciembre de 2017

Una idea de libertad, de Antonio Orihuela

UNA IDEA DE LIBERTAD

Cuando más cogido por los huevos me tienen,
busco la ventana por donde se ve más lejos
y me quedo allí
con la nariz aplastada
esperando siempre
unos pájaros
que nadie ha visto
que sé existen,
pero que no vienen.

ANTONIO ORIHUELA

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Descentralizaciones, de Laura Casielles

DESCENTRALIZACIONES

No hacemos esto por ninguna cosa.
No tenemos hoja de ruta.
Si se fían de nosotros, deberán creer
que nadie lo hizo antes.
Simplemente,
arrancamos
paréntesis de tiempo para vivir en ellos
como quien arranca hojas que crecieran de nuevo al instante.
Los pasamos así,
en la ternura,
y a la hora de volver
intentamos ser fuertes.
No vamos a ninguna parte.
No pedimos nada.
No nos puede salir ni bien ni mal.

LAURA CASIELLES

martes, 28 de noviembre de 2017

Después, de Czeslaw Milosz

DESPUÉS

Convicciones, creencias, opiniones,
certezas, principios,
reglas y hábitos me han abandonado.
Desperté desnudo en el borde de una civilización
que me pareció cómica e incomprensible.
Los salones abovedados de la academia postjesuítica
donde había tomado mis clases
no estarían contentos conmigo.
Aunque conservo algunas oraciones en latín.
El río fluye a través de un bosque de roble y pino.
Estoy de pie con el pasto hasta la cintura,
Respirando en el aroma salvaje de flores amarillas.
Arriba, nubes blancas. Como es normal en mi región,
una abundancia de nubes blancas.

CZESLAW MILOSZ

lunes, 27 de noviembre de 2017

El último caso del inspector, de Wichy

EL ÚLTIMO CASO DEL INSPECTOR

El lugar del crimen
no es aún el lugar del crimen:
es sólo un cuarto en penumbras
donde dos sombras desnudas se besan.

El asesino
no es aún el asesino:
es sólo un hombre cansado
que va llegando a su casa un día antes de lo previsto,
después de un largo viaje.

La víctima
no es aún la víctima:
es sólo una mujer ardiendo
en otros brazos.

El testigo de excepción
no es aún el testigo de excepción:
es sólo un inspector osado
que goza de la mujer del prójimo
sobre el lecho del prójimo.

El arma del crimen
no es aún el arma del crimen:
es sólo una lámpara de bronce apagada,
tranquila, inocente
sobre una mesa de caoba.

LUIS ROGELIO NOGUERAS

viernes, 24 de noviembre de 2017

Horario de oficina, de Luis Rogelio Nogueras

HORARIO DE OFICINA

Con sólo alzarte la falda
correrte un poco las bragas
separar las piernas
sobre el buró
junto a la máquina de escribir
harías poesía
pero claro que no debes comentarlo
con tus amigas
mucho menos con tu esposo
difícilmente entenderían
que se trata
de un asunto literario.

LUIS ROGELIO NOGUERAS

miércoles, 22 de noviembre de 2017

El pabellón del vacío, de José Lezama Lima

EL PABELLÓN DEL VACÍO

Voy con el tornillo
preguntando en la pared,
un sonido sin color
un color tapado con un manto.
Pero vacilo y momentáneamente
ciego, apenas puedo sentirme.
De pronto, recuerdo,
con las uñas voy abriendo
el tokonoma en la pared.
Necesito un pequeño vacío,
allí me voy reduciendo
para reaparecer de nuevo,
palparme y poner la frente en su lugar.
Un pequeño vacío en la pared.

Estoy en un café
multiplicador del hastío,
el insistente daiquirí
vuelve como una cara inservible
para morir, para la primavera.
Recorro con las manos
la solapa que me parece fría.
No espero a nadie
e insisto en que alguien tiene que llegar.
De pronto, con la uña
trazo un pequeño hueco en la mesa.
Ya tengo el tokonoma, el vacío,
la compañía insuperable,
la conversación en una esquina de Alejandría.
Estoy con él en una ronda
de patinadores por el Prado.
Era un niño que respiraba
todo el rocío tenaz del cielo,
ya con el vacío, como un gato
que nos rodea todo el cuerpo,
con un silencio lleno de luces.

Tener cerca de lo que nos rodea
y cerca de nuestro cuerpo,
la idea fija de que nuestra alma
y su envoltura caben
en un pequeño vacío en la pared
o en un papel de seda raspado con la uña.
Me voy reduciendo,
soy un punto que desaparece y vuelve
y quepo entero en el tokonoma.
Me hago invisible
y en el reverso recobro mi cuerpo
nadando en una playa,
rodeado de bachilleres con estandartes de nieve,
de matemáticos y de jugadores de pelota
describiendo un helado de mamey.
El vacío es más pequeño que un naipe
y puede ser grande como el cielo,
pero lo podemos hacer con nuestra uña
en el borde de una taza de café
o en el cielo que cae por nuestro hombro.

El principio se une con el tokonoma,
en el vacío se puede esconder un canguro
sin perder su saltante júbilo.
La aparición de una cueva
es misteriosa y va desenrollando su terrible.
Esconderse allí es temblar,
los cuernos de los cazadores resuenan
en el bosque congelado.
Pero el vacío es calmoso,
lo podemos atraer con un hilo
e inaugurarlo en la insignificancia.
Araño en la pared con la uña,
la cal va cayendo
como si fuese un pedazo de la concha
de la tortuga celeste.
¿La aridez en el vacío
es el primer y último camino?
Me duermo, en el tokonoma
evaporo el otro que sigue caminando.

JOSÉ LEZAMA LIMA

martes, 21 de noviembre de 2017

Dama de la noche (8)

Allegro

El eco de tu voz
entre las sábanas
palpita en cada pared,
en la ventana,
en el rayo de luz
que el gato de la esquina
se bebe de un sorbo.

E.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Dama de la noche (7)

Despedida

Y qué decir de tus manos
que caen sobre el ocaso como una sombra más,
que se doblan al compás de las gaviotas
en el horizonte,
que llevan en el alma una racha de viento,
un sonido de viento enjaulado
que solloza.

E.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Dama de la noche (6)

Cascabeles

En el silencio,
tu nombre suena como
cascabeles.

Brisa del mar,
murmullo de cangrejos,
gaviotas frente al sol
y otra vez cascabeles.

Risas y
cascabeles,
tu nombre en la distancia,
susurro de la luna
y otra vez cascabeles.

Desconocida voz
y otra vez
el silencio.

E.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Dama de la noche (5)

Tus ojos sin ti

Entre mi mano y yo
va cabalgando la luna,
la luna velada de tus ojos
que me mira sin ver
y me taladra por dentro.

Ocasos infinitos
se suceden
entre tu mano y tú,
entre tus ojos profundos
y esta hora que no pasa.

Voy a abrir las ventanas
para que entre el aire
de la noche, amor.

No dejes de mirarme.

E.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Dama de la noche (4)

Mirándote a los ojos

La magia está en el instante que se prepara
para otro instante improbable.
La magia es esta soledad
que ahogará tu presencia,
tu cuerpo trascendente y tibio
que ahora quisiera me cubra hasta la asfixia.

Yo, que he esperado tanto,
siento esta agonía como una herida vieja,
como una ansiedad trasnochada
entre tu cuerpo y el mío,
como una alegría frágil.
Y este esperar es parte de mi magia.
Latido hincado en la lujuria de una piel
sudorosa y regalada,
que se burla de mí porque existe tu cuerpo:
selva negra donde se ocultará esta piel errante,
hasta que sobre mí florezca otra piel nueva
por donde pueda transpirar
el sueño.

E.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Dama de la noche (3)

Adagio

Miro mis manos pasar
bajo la suave luz de la luna
acurrucada en tu cuerpo desnudo,
tendido a la distancia de un beso,
volador insaciable y sin embargo ahora
quieto como un niño.

Busco el borde de la luz cuando se mueve
tu mano en círculo sobre la almohada.
Como una mariposa en la ventana,
como un gato que
ronronea.

Se atraganta de luz mi mano entre tus manos
y escupe este poema a la noche.

E.

martes, 14 de noviembre de 2017

Dama de la noche (2)

Reencuentro

Tú y yo:
el mismo misterio,
la misma expresión de asombro,
el mismo dolor a cuestas.

Tú y yo:
la misma sucesión de entreactos,
el mismo despertar y el mismo ensueño,
la misma alegría interior.

Tú y yo:
el mismo aliento,
la misma llama en los ojos,
el mismo paso en la noche.

Tú y yo:
palpando a cada instante el infinito
y cada instante dejándolo ir.

Tú y yo:
dos que pasamos por una calle cualquiera
y sentimos la misma sensación inexplicable
cuando la misma luna nos besa.

E.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Dama de la noche (1)

Encantamiento

En la noche invento poemas para ti,
desconocida de mis manos y
de mis ojos y
de mis sueños.
En la noche de tus sueños
yo invento un poema invisible,
que cubra tus manos y tus ojos.
Para que no me veas,
para que no me pintes en tus sueños.
Y no sea yo, sino la noche oscura
donde tú duermes plácidamente.

E.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Fui al río..., de Juanele


Fui al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de mí.
Las ramas tenían voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendía.
Me angustiaba casi.
Quería comprenderlo,
sentir qué decía el cielo vago y pálido en él
con sus primeras sílabas alargadas,
pero no podía.
Regresaba
-¿Era yo el que regresaba?-
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
¡Me atravesaba un río, me atravesaba un río!

JUAN LAURENTINO ORTIZ

martes, 7 de noviembre de 2017

Danza de nadie, de Hugo Mujica


Sopla el viento

y mece silencios sobre los sueños
del mundo;

una gasa blanca vuela sobre
los techados,
flamea mientras cae,
anuncia mientras calla.

Danza de nadie y de todos
la deriva que aletea.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Del objeto cualquiera, Eliseo Diego

Un ciego de nacimiento tropezó, por casualidad, con cierto objeto que llegó a ser su única posesión sobre la tierra. No pudo nunca saber qué cosa fuese, pero le bastaba que sus dedos lo tocasen en un punto y, a partir de este principio, recorriesen el maravilloso nacer de las formas unas de otras en sucesivos regalos de increíble gracia. Pero en realidad no le bastaba, porque la parte que sabía no era más que la sed de lo perdido, y comprendiendo que jamás llegaría a poseerlo enteramente, lo regaló a un sordo, amigo suyo de la infancia, que lo visitó por casualidad una tarde.
-¡Qué hermosas muchachas!-, vociferó el sordo.
-¿Qué muchachas?-, gritó el ciego. -¡Ésas!-, aulló el sordo, señalando el objeto. Al fin comprendió que no se entenderían nunca de aquel modo y le puso al ciego el objeto entre las manos. El ciego repasó el peso familiar de las formas. -¡Ah, sí, las muchachas!-, murmuró. Y se las regaló al sordo.
El sordo se las llevó a la casa. Eran tres muchachas, cogidas de las manos. Gráciles e infinitas respondíanse las líneas de los cabellos, los brazos y los mantos. Eran de marfil casi transparente. Vetas de lumbre atravesábanla por dentro. El sordo, cuyos ojos eran de águila, sorprendió en el pedestal un resorte. Al apretarlo comenzaron a danzar las doncellas. Pero luego el sordo comprendió que jamás llegaría a poseerlas enteramente, y regaló las tres danzantes a un amigo que vino a visitarlo.
-¡Qué hermosa música!-, dijo el hombre, señalando a las doncellas. -¿Cómo?-, dijo el sordo. -¡La música de la danza!-, explicó el hombre. -Sí -dijo el sordo-, música entendí, pero no sabía que hubiese.- Y regaló al hombre las tres danzantes.
El hombre se las llevó a la casa. Era la música como el soplar del viento en las cañas: agonizaba y nacía de sí misma, y su figura eran las tres danzantes. Maravillado, el hombre contemplaba la perfecta unidad de la figura, la música y la danza. Pero luego comprendió que jamás llegaría a poseerlas enteramente y las regaló a un sabio que vino a visitarlo.
-¡Las Tres Gracias!-, exclamó el sabio. -¿Sabe usted lo que tiene? ¡Son las Tres Gracias que hizo Balduino para la hija del Duque de Borgoña!- El hombre comprendió que aquéllos eran los nombres del misterioso apartamento que había en los rostros de las danzantes. -Usted piensa en ellas-, confirmó, señalándolas. Y el sabio se llevó las Tres Gracias a su casa.
Allí, encerrado en su gabinete, las hacía danzar y les pensaba en alta voz los nombres verdaderos, las secretas relaciones de sus cuerpos en la danza y de la danza y los sonidos, el mágico nacimiento de sus cuerpos, hijos de la divinidad y el amor del artesano. Pero a poco murió el sabio, llevándose la angustiosa sensación de que jamás, por mucho que viviese, las poseería enteramente.
Su ignorante familia vendió las Tres Gracias a un anticuario, no menos ignorante, que las abandonó en el escaparate de los juguetes. Allí las vio un niño, cierta noche. Con la nariz pegada al vidrio se estuvo largo tiempo, amargo porque jamás las tendría. Así había de ser, porque, a poco de marcharse el niño a su casa, un incendio devoró la tienda, y, en la tienda, las Gracias.
Esa noche el niño las sonó al dormirse. Y fueron suyas, enteras, eternas.

domingo, 29 de octubre de 2017

La aurora de Nueva York, de Lorca

LA AURORA DE NUEVA YORK

La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible:
a veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraísos ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.

FEDERICO GARCÍA LORCA

miércoles, 25 de octubre de 2017

El poema que no escribí, de Raymond Carver


EL POEMA QUE NO ESCRIBÍ

Aquí está el poema que iba a escribir
antes, pero que dejé
porque te levantabas.
Estaba pensando otra vez
en aquella primera mañana en Zúrich.
Nos levantamos antes del amanecer.
Durante un instante no sabíamos dónde estábamos.
Salimos al balcón que daba
al río y a la parte vieja de la ciudad.
Allí estábamos, sin más, callados.
Desnudos. Viendo cómo se aclaraba el cielo.
Tan conmovidos y tan felices. Como si
nos hubieran colocado allí
justo en aquel momento.

RAYMOND CARVER

viernes, 20 de octubre de 2017

Cuadración

E L
U N

E R A
U N O
D O S

E R A N
U N O S
D O S +
T R E S

E R A S E
Ú N I C O
D O S D E
T R E C E
L A D O S

E R A M O S
Ú N I C O S
D U L C E S
T R E C E S
L A D O S A
C U A D R O

E.

jueves, 19 de octubre de 2017

El frutero

T E N G O A N Ó N
C H I R I M O Y A
M A N G O P I Ñ A
T A M A R I N D O
P A P A Y A M A N
D A R I N A M A N
Z A N A M E L Ó N
C A I M I T O M A
M O N C I L L O S

E.


miércoles, 18 de octubre de 2017

Lluvia

L L U E V E
L L L E V E
L L L L V E
L L L L L E
L L L L L L
L L L L L L

E.

lunes, 16 de octubre de 2017

La mirada

C A B A L L O S
A L G A L O P E
M A R S A L T A
R I N A B U E N
A U G U R I O A
L A O R I L L A
D E L N U E V O
A L F A B E T O

E.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Línea 3

V I L L A V E R D E A L T O -
S A N C R I S T O B A L V I -
L L A V E R D E B A J O C R U
C E C I U D A D D E L O S Á N
G E L E S S A N F E R M I N -
O R C A S U R H O S P I T A L
1 2 D E O C T U B R E - A L -
M E N D R A L E S L E G A Z -
P I D E L I C I A S A L O S
D E L A F R O N T E R A E M -
B A J A D O R E S A V A P I
E S S O L C A L L A O P L A -
Z A D E E S P A Ñ A - V E N -
T U R A R O D R Í G U E Z A R
G Ü E L L E S M O N C L O A .

E.

martes, 10 de octubre de 2017

lunes, 9 de octubre de 2017

Verbos comunes

L U N I F I C A R
L A G U N E C E R
M E G A V I V I R
T R I H U E V A R
A G U I L E C E R
D E S S U F R I R
H U M I F I C A R
T R A S T E N E R
P O L I D E C I R

E.

sábado, 7 de octubre de 2017

Espiral áurea

            H A S T A L O S
            C I E L O S Y A
            D E A L A B A S
            T R O S U B E N
            F A B R I C A N
            V U E L O S E N
            O B E L I S C O
            L O S S E R E S
                                         
                                         
                                          D E L A I R E D E A L A S
                                          D E A L A B A S T R O L A
                                          
M I R A D A P E R D I D A
   S U B E N             Y                E N L O S C I E L O S S U
   L O S S E               S U            B E N P O R D E N T R O Y
   R E S D E               B E            P O R F U E R A D E L A I 
   L A I R E                              R E C O N O J O S C I E N 
   S U B E N           L O S              V E C E S A B I E R T O S
                       D E L              E N S I M I S M A D O S Y
                       A L A              A B S O R B I D O S P O R
                                          S U P R O P I O V U E L O
                                          L O S S E R E S S I N H O
                                          G A R D E L O S A I R E S

E.

viernes, 6 de octubre de 2017

Ensayo sobre el vacío

S I G N I F I C A D O
S I G N I F I C A T I
V O Y C O N I N S I G
N I F I C A N C I A A
S I G N A D A A S U S
V A R I O S S I G N I
F I C A N T E S S I N
S I G N I F I C A D O
A L G U N O Q U E N O
S E A S I G N O M Á S
S I G N O S O B R E Ø

E.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Desde el Cosmos

E L P L A N E T A
Z U L U N P R E 
C I O S O P U N -
T I T O D E L U Z
P E R D I D O E N
E L V A S T O I N
F I N I T O O R -
G U L L O D E L O
S H O M B R E S .

E.

martes, 3 de octubre de 2017

Cataluña

D I V I S I Ó N
E S C I S I Ó N
E L E C C I Ó N
C O M A N D O S
B A N D E R Í N
C O R N E T Í N
D E S A L O J O
A T I Z A D O R

E.

lunes, 2 de octubre de 2017

Haiku

E L Á L A M O
T E M B L Ó N
E N L O M Á S
H O N D O D E
L B O S Q U E
Y N O T E M E
A L O T O Ñ O

E.

domingo, 1 de octubre de 2017

sábado, 30 de septiembre de 2017

La rumba

          S O N
          C O N
T A L     R O N
M A L              V E R
S A L              S E R
                   D A R

E.

viernes, 29 de septiembre de 2017

jueves, 28 de septiembre de 2017

Descanso de la muerte

A N C L A L A
B A R C A L A
P A R C A L A
C A S T A Ñ A
A L A N A D A
A C A B A D A
L A A Ñ A D A

E.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Poema piramidal

A

M I
T Ú

S O L
L U Z
S O N

A L B A
C A L A
A N D A
A L M A

V O C A L
D U L C E
Á L A M O
A L A D O
P O E M A

M Í N I M O
A D A G I O
U N G I D O
L Á U R E O
C Á L I D O
Á L G I D O

C A C U M E N
B U F A N T E
A C E R A D A
A C E Q U I A
O B L I C U O
O C E L O T E
A C E C H A R

A B R A Z A D O
E M P E Ñ A D O
I N D O M A D O
O R O N D A D O
U L T I M A D O
A B A R C A D O
E N H O T A D O
I N H I E S T O

M A N A N T I A L
N A T I V I D A D
M E T E O R I T O
N E C E S I D A D
M I M E T I S M O
N I H I L I S M O
M O N O T O N Í A
N O V I E M B R E
M U T I L A D O R

E.

martes, 26 de septiembre de 2017

El muro

H U E C O S E N L A P A
R E D   P O R T O D A S
P A R T E S       H U E
C O S     E N       L A
D E S E S P E R A N Z A
H U E C O S   E N L O S
S U E Ñ O S   E N   L A
A N G U S T I A     E N
U N A   L Á G R I M A Y
E N U N A S O N R I S A
P O R         E L L O S
B R O T A E L P O E M A

E.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Fracraso

F R A C R A S A R
S A R F R A C R A
C R A S A R F R A
F R A C R A C R A
S A R S A R F R A
C R A F R A S A R
F R A C R A F R A
S A R S A R S A R
C R A C R A C R A

E.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Objetos personales

L A C A J A
L A C A M A
L A C A N A
L A C A Ñ A
L A C A R A
L A C A S A

             E L P A N
             E L M A R
             E L S O L
             E L D A R
             L A L U Z

E.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Poema encorsetado

C O M P R I M I D O S
E N E L E S P A C I O
L O S P O E M A S S E
R E T U E R C E N D E
R I S A C O M O U N A
C O M E T A S I N R A
B O O U N M A R T Í N
P E S C A D O R S I N
P E S C A D O O U N A
D U L C E J I R A F A
S I N S U S G A F A S

E.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Dados del paraíso

            D A D O
            E D É N
            D U D A
            A D Á N

   T O D O
   N A D A
   D E D O
   D A D O

E.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Whitmaniano

V E N A M I C A S A
U N D Í A Y U N A -
N O C H E Y T E E N
S E Ñ A R É E L O -
R I G E N D E T O -
D O S L O S P O E -
M A S Y N O M I R A
R Á S M Á S P O R -
L O S O J O S D E -
L O S M U E R T O S

E.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Necrópolis

M O R T A J A
S O B R E L A
P A J A D E L
O J O B A J O
L A R A M A +
A L T A U N A
C E R R A J A

E.

martes, 19 de septiembre de 2017

lunes, 18 de septiembre de 2017

Mi marioneta


A Gloria Fuertes

Yo tengo una marioneta
que vive en una camioneta.
Le falta una oreja,
y cuando el timón maneja,
su mirada se despeja.

Los cordeles se le enredan
cuando la cogen y la dejan.
Su sombrerito de paja
cuando llueve se le cala
y la deja empapada.

Todos los días juego con ella
y los sábados le doy de comer paella.

Cuando salgo del colegio
la llevo a tomar el sol y a oler jazmín
y después, la meto a dormir.

Yo tengo una camioneta
que vive en una marioneta.
¡Yo tengo un lío en la cabeza!

Elías Pentón Tenorio

lunes, 11 de septiembre de 2017

Haikus en familia


El mar sube,
el ano baja.
Ida la caca.

Ida y vuelta,
ano en tinieblas.
El mar revienta.

Ida la mar,
el ano de la tortuga
florece sobre la arena.

Mi tío es un mandón,
pero yo tengo un don.
...termina en anda sal.

Suena el din don.
tío cabrón
sal corriendo.

Tío Francisco
siembra sal en el agua,
don de poetas.

En el manantial
trago el agua
de una botella de piel.

Piel,
camaleón verde,
trago en el manantial.

Tu piel en mi boca
manantial arriba.
Trago de luz.

Baja la lluvia.
Sube el sonido.
Llega el otoño.

E3.

lunes, 26 de junio de 2017

Las palabras son silencios


Una palabra recorre mi boca,
la cubre de saliva y despierta
el recuerdo de otra boca
que a un día de vuelo de paloma
descubre en su propia saliva
esta palabra que mi boca
no puede pronunciar.

E.
(de Memorias del otro lado del mar)

domingo, 25 de junio de 2017

La Loma del Burro


Tomando el camino del parquecito, hay un solar que tiene en el fondo hierba alta. Un lugar muy común, que no aportaría nada a la experiencia del viajero si no fuera por los recuerdos que abriga desde que vio el parque infantil, y que lo lanzan contra el ardor de una montaña imaginada. Cruzando la hierba calurosa en pos del riachuelo, se llega a una sombra maloliente y dulce, con un caminito de piedras que parece un puente de papel. Se llega, contra toda esperanza, muy fácilmente al otro lado y, un poco más allá, el vientre de la loma abre sus bocas artificiales hacia el viajero del mar. Te topas con un brujo negro que no parece verte ni ser visto. Caminas hasta el borde de la visión buscando una subida. La encuentras. Te topas con otro negro que, no sabes bien por qué, se parece tanto al que viste hace poco, pero no, no puede ser el mismo. Subes sin detenerte. Llegas a la soledad prometida, sin marcos ni puertas que desear, sin árboles ni pajaritos, sino solamente tú y la ciudad, abierta frente al cielo como un ojo de agua.

E.

sábado, 24 de junio de 2017

Cacería de versos


Encontraba los versos camino de casa, cuando venía de la Universidad y no pasaba la última guagua. Entonces, tenía que irme a paso ligero por la Avenida de Acosta hasta el Conte y cruzar, por las calles bajas de Lawton, hasta las escalinatas que subían a mi barrio.

Los ojos atravesaban la calle como dos lombrices, dibujando cosas milagrosas donde sólo había salideros de agua, montañas de basura, calles rotas, viejos en la cola de la bodega, viento, framboyanes, gorriones con hambre, niños sucios o lindas mulatas caminando, calle abajo, bajo el sol tropical.

Yo llevaba siempre una libreta a cuadros y me sentaba en cualquier portal vacío a describir los pájaros que se me posaban en la cabeza. Luego, lo arreglaba en casa, y se lo leía, por las noches, a una viejita amiga mía que me escuchaba con paciencia.

La mitad de esos versos no valían para nada, pero eran el descubrimiento de que existía otro mundo más allá del humo de los coches destartalados que saltaban entre los baches, más allá de la basura en las esquinas y las moscas que la rodeaban, más allá del calor y los empujones en las guaguas, más allá de mis propios estudios y de los conflictos familiares sin fin. Un mundo que yo podía crear, desde la nada, con mis palabras, cuantas veces quisiera.

Los mejores versos eran la confirmación de que ese mundo era real, tan real como un sentimiento. Esos los encontraba casi siempre en la Loma del Burro, un sitio al que subía cada domingo y en dónde me llenaba de viento mientras contemplaba, a lo lejos, la Bahía de la Habana.

E.

viernes, 23 de junio de 2017

El vuelo del pájaro


Sólo aquel que tiene algo
puede perderlo.
Sólo aquel que espera algo de la vida
tiene la posibilidad de que la vida lo defraude.
Sólo aquel que quiere ser alguien
se pierde la oportunidad de Ser.

El pájaro vuela
porque en el vuelo se realiza a sí mismo,
pero para poder volar,
no puede estar agarrado a la rama.

¡Qué feliz el pájaro flotando sobre el vacío
cuando ni él mismo advierte
que está como disuelto
en el viento
de la montaña!

E.

El idiota


El idiota es la risa del tiempo. Sube y baja por la acera rota murmurando letanías incomprensibles, que son largos poemas sobre el origen del dolor, escritos en una lengua que los hombres han olvidado.

Le piden que cante y su ronca voz se eleva hasta tocar el cielo. Le piden que baile y ríe con una danza lenta que ensarta miles de corazones en un único hilo de sangre.

Así cada día, después del saludo del sol, buscan sus ojos limpios a aquel que pasará a pedirle una canción o un baile.

Y es eso lo que raya en el tiempo de la calle cuando no está bailando solo en la esquina una melodía grave que le rasga despacio la garganta y que él acompaña, amoroso, con el chasquido inútil de sus dedos.

Entonces habla con Dios.

E.

jueves, 22 de junio de 2017

Mi mayor aventura


Toda la secundaria y el preuniversitario los pasé en un internado. Estudiábamos por la mañana y por la tarde teníamos trabajo en el campo o deporte.

Yo era muy malo para el deporte. Una vez estuve en un equipo de baloncesto y en mi primer partido importante, me puse tan nervioso, que eché la pelota en mi propia canasta. Me sacaron del equipo al día siguiente. Luego me apunté a hacer pesas porque me dijeron que tenía buena espalda. No aguanté una semana. Estuve también en judo y, el primer día, el entrenador me lanzó por los aires para ver si sabía romper caída. Me sacó todo el aire y casi me ahogo. No volví más por allí.

En realidad, nos apuntábamos a deporte para no ir al campo. El campo era un auténtico coñazo. Había que cargar con la guataca, a veces durante una hora de camino, hasta llegar a los campos de la cooperativa que tocara ese día: un sembrado inmenso de patatas, o zanahorias, o remolachas, o naranjas, o lo que fuera; y hacer que trabajabas o trabajar de verdad cuando venía el profe. Era más divertido sembrar o recoger fruta, depende de lo que fuera, pero en general, era un coñazo, sobre todo desyerbar.

La otra opción era fugarse. Yo tenía una pandilla y habíamos descubierto un rincón en un camino aislado por donde no pasaba casi nadie. Al borde del camino, se abría una selva de enredaderas y, allí, teníamos nuestra cueva secreta: un hueco grande entre las madreselvas.

Teníamos un cordel con anzuelo, una lata y un tenedor viejo. A veces nos íbamos a la laguna, cuando no había moros en la costa, y pescábamos jicoteas. Una vez intentamos cocinar una. La machacamos con una piedra, pero no hubo manera de abrir el caparazón de aquel bicho. Luego, la cueva se llenó de humo y fue imposible hacer nada más.

En el verano, nos metíamos en cueros en el arroyo que pasaba por detrás del matorral cuando no había nadie por allí, y nos dejábamos arrastrar entre las piedras. Luego, nos secábamos al sol y nos hacíamos pajas a ver quien se corría antes.

Los guajiros de la zona sabían que éramos unos fugados, pero hacían la vista gorda. Nosotros andábamos por el campo toda la tarde, cogiendo mangos o mamoncillos o fruta bombas o mameyes amarillos o lo que pilláramos por ahí.

Cuando caía la tarde, cogíamos nuestras guatacas y nos incorporábamos al grupo que regresaba. Eran grupos muy grandes y, a veces, los profesores no controlaban quién tenía que estar y quién no.

E.

miércoles, 21 de junio de 2017

Parque infantil


El vuelo de la tiñosa
y ese sabor de boca
que dejan los tamarindos chinos.

Las ramas en el viento
y un niño de nueve años
sorteando espinas para alcanzar el cielo.

Al otro lado el carrusel
gira y gira como mi vida ahora mismo.
Y veo niños jugando entre árboles.
Y veo risas creando mi mundo de ahora.

Sé que no volveré a ser
ese niño que conocía todos los escondites,
y sabía dar vueltas, sin parar, en el tiovivo,
o saltar al aire desde un columpio.

Pero ahora está abierta mi alma
como ese parque
que puedo ver otra vez,

y, estirando la mano,
puede que incluso alcance
una vaina encaracolada
de tamarindo.

E.

martes, 20 de junio de 2017

El muñeco de madera


Yo siempre andaba mataperreando por los techos. Mi padre me enseñó de pequeño a andar sobre las tejas y, aunque a veces rompía alguna, lo hacía bastante bien.

Me subía por el muro del patio cuando la abuela no estaba por allí y me daba una vuelta por el techo de la panadería, o el de la dulcería o el de la ferretería de al lado de casa, buscando nidos de gorriones bajo las tejas.

A veces, iba a buscar a mi amigo Félix Raúl cuando su mamá no estaba en casa y le gritaba, desde el tejado, que se viniera conmigo a dar una vuelta. Pero Félix era un poco pendejo.

Me encantaba andar por los techos de las casas. Había que escoger los momentos oportunos, cuando no había gente en la barbacoa de los vecinos y saber esconderse en el ala oculta de los techos. Era una tremenda hazaña llegar hasta la azotea y asomar la cabeza por encima de la baranda de la fachada para mirar pasar los coches de caballos y las bicicletas.

Pero lo mejor eran los domingos, cuando estaba cerrado el taller de prótesis de la otra cuadra. Saltando el muro de la reja se podía llegar por las escaleras al tejado, y allí, una manzana entera de techos para explorar.

Un día me encontré en un patio un muñeco de madera vestido de chino. Atrapó tanto mi atención que decidí bajar a cogerlo porque no había nadie en el patio. El patio daba a otro patio que tenía unos estanques llenos de agua. Me llené de valor y fui a ver qué era aquello. Unos peces rojos nadaban alrededor de una montaña en miniatura, de la que salía un hilillo de agua imitando una cascada. Me quedé embobado hasta que escuché que alguien abría la puerta de la casa. Subí tan rápido como pude con el muñeco a cuestas y me quedé mirando desde el tejado. Unos chinos viejos aparecieron por allí y se pusieron a trajinar entre los estanques. Sus movimientos eran exactos como los de un gato y mientras daban de comer a los peces sonreían como si entendieran los ademanes de las sombras bajo el agua.

No sé si extrañaron alguna vez el muñeco de madera, pero fue gracias a él que descubrí la casa de los chinos y, desde entonces, además de andar por los techos, me aficioné a criar peces.

E.

lunes, 19 de junio de 2017

Hilo a hilo


Después el alga rota.
Ahora el canto de la sirena,
enhebrando palabras muertas en un hilo vivo.
Y yo canto y canto
como la mar:
ola enfundada, llena de misericordia,
que borra todo al pasar.
Ven a mí, mar, enhebra por fin este hilo
hecho de gaviotas sobre la arena,
de palabras dulces, saladas, arremolinadas,
batientes al viento que va y viene
sobre la mar.
Hilo gigante,
lazo de pesqueros en el horizonte.
¡Cristal!
¡Cristal!

E.

domingo, 18 de junio de 2017

Al salir de clase


Yo jugaba con los mataperros de mi cuadra de pequeño. Estábamos todo el día en la calle después de clases, jugando a las bolas o a los trompos, y por la noche nos íbamos de ronda por el parque de la iglesia a darles nalgadas a las muchachas y echarnos a correr.

Había un negrito y dos jabaos que eran la candela. Eran mayores que yo y me tenían de recadero. Una vez haciendo el tonto al ir a recoger un tirapiedras que había ido a parar al medio de la calle, metí la oreja entre la cadena y la catalina de una bicicleta que pasaba por allí. Ellos se morían de risa y yo no comprendí hasta que vi a mi madre gritando. Entonces me miré el lado izquierdo por donde caía un chorro de sangre hasta la acera y me puse a llorar. Me pegaron la oreja como pudieron en el hospital del pueblo y anduve todo un mes castigado, sin salir a jugar a la calle. 

Cuando me quitaron la venda de la oreja el negrito se quiso hacer el gracioso conmigo en el aula. Me llamó muengo y se cagó en mi madre. Quedamos a la hora de la salida para fajarnos.

Yo nunca me había fajado con nadie. Me costaba sacar la rabia suficiente para golpear a otro niño en la cara, pero acudí a la cita a ver qué pasaba. 

El negrito se paró frente a mí y me mentó la madre. Yo pensé en algo que me incitara a golpearle. Me acordé del chorro de sangre cayendo por mi hombro, de mi madre gritando y de aquel imbécil que se reía al otro lado de la calle. Le solté un piñazo en plena jeta que lo dejó atontado. Cuando se repuso, comenzó a llorar y arremetió contra mí. Nos revolcamos en un amasijo de manotazos, patadas y malaspalabras hasta que el maestro de quinto nos separó. 

Fue una experiencia que tuve que repetir alguna vez más para hacerme respetar en la escuela. Encontrar la furia era la parte más difícil.

E.

sábado, 17 de junio de 2017

El deber cumplido


Tengo tanto llanto
acumulado en mi garganta.

Carmen Mariátegui

No lloré
cuando aquella bici me destrozó la oreja,
ni cuando me metí aquel clavo oxidado
en la planta del pie.

No lloré cuando todas esas chicas
fosforescentes
me partieron por dentro.

No lloré cuando murió mi madre
camino de urgencias,
ni cuando me dijeron que mi hermana
se había desangrado sola y lejos de casa
en su último parto.

No lloré cuando me dejaron solo
en aquella ciudad vidriosa
y me quedé con la espalda rota
sin nadie a quien acudir
a este lado del mundo.

De pequeño me enseñaron
que yo era un hombre
y que los hombres no lloran.

E.

viernes, 16 de junio de 2017

Lágrimas negras


Ese día habíamos estado comiendo mucho y a mamá le dio su último ataque de asma.

Se puso muy nerviosa y el inhalador no le hacía nada. Empezó a decir las bobadas de siempre: que se moría, que cuidara de mis hermanas y cosas así. Yo siempre intentaba tranquilizarla pasándole la mano por la espalda y hablándole bajito, pero ese día me puse furioso y le grité que sí, que si seguía así sí que se iba a morir.

Se puso peor y me dijo que corriera a casa del vecino a ver si podía llevarnos al médico en su carro. Mena sacó su Chevrolet del 53 a toda leche y nos fuimos al hospital. Yo me puse detrás con mi madre entre los brazos tratando de calmarla, pero no se calmaba. Empezó a ponerse azul y a mitad de camino dejó de respirar.

Cuando llegamos al hospital costó sacarla del coche. Luego se pusieron a hacerle todo tipo de cosas: la desnudaron, le clavaron una aguja en el cuello y empezaron a darle golpes en el pecho. Yo miraba todo ese absurdo con desgana porque sabía que mi madre ya no estaba en aquel pesado cuerpo, se había ido ligera de equipaje al lugar que tanto mencionaba en sus cantos.

Me fui afuera y me senté en la escalinata con una sensación extraña en el pecho, pero no lloré. Miré al cielo y le desee buen viaje a donde quiera que hubiese ido.

Luego vino el velorio, el entierro y toda la parafernalia que se monta entorno a la muerte de un ser humano, con gente llorando, rollos familiares y demás. Yo no tenía ganas de llorar, así que no lo hice.

A los tres días de aquello, estaba en la barbacoa y me di cuenta de que todos los conflictos entre mi madre y yo se habían acabado. También me di cuenta de todo el cariño que me había dado y de lo mucho que la extrañaría. Entonces lloré en silencio sin parar durante tres horas seguidas.

Luego me duché y me fui a dar una vuelta por las calles que mi madre y yo recorríamos juntos, a veces, al atardecer.

E.