sábado, 28 de enero de 2017

Un poema de Hehaka Sapa (Alce Negro)

Permanecía yo entonces allí,
de pie, sobre la más alta de las montañas
y abajo, a mi alrededor, estaba el círculo del mundo.
Y mientras allí estuve
contemplé más de lo que puedo describir
y comprendí mucho más que lo hasta entonces visto;
porque veía de un modo sagrado
la forma de todas las cosas en el espíritu
y la forma de todas las formas,
como si todo viviera unido cual si fuera un único ser.
Y contemplé cómo el círculo sagrado de mi pueblo
formaba parte de los muchos círculos
que componen el gran círculo,
amplio como la luz del día
y como la luz de las estrellas en la noche...

martes, 24 de enero de 2017

El canto del inmediato satori, de Yoka Daishi

En nuestro sueño claramente existen
los seis senderos ilusorios.
Pero cuando despertamos
ya no hay nada,
ni siquiera los miles de fenómenos.

* * *

No hay falta ni felicidad,
ni pérdida ni ganancia.
En la paz de esa extinción absoluta
no debemos buscar nada.

* * *

Abandona los cuatro elementos
Y no pretendas quedarte con nada.
En la paz y en la extinción absolutas
bebe y come a voluntad.
Todos los fenómenos son impermanentes,
Todo es ku [Vacío].
Así es el gran y perfecto satori de Buda.

* * *

No buscar la verdad,
no cortar las ilusiones,
pues comprendo claramente
que estos dos elementos
son ku, sin forma.

* * *

El reflejo de millares de fenómenos
se manifiesta en este espejo.
Esta joya perfecta
no tiene dentro ni fuera.
La verdadera libertad de ku
elimina la relación causa efecto,
entonces todo está en perfecta confusión y desorden
y engendra abominable catástrofe.
Abandonar u, las existencias,
para quedarse solo con ku, vacuidad,
también es grave enfermedad.
Viene a ser como lanzarse al fuego
para evitar caer al agua.
Querer abandonar las ilusiones
para quedarse solo con la verdad
es discriminación, artificio e imitación.
Cuando un hombre se limita a seguir la práctica
ignorando esto
es como el que adopta a un ladrón
para hacer de él su hijo.

* * *

La verdad del zen
no necesita defensa.
El origen de las ilusiones
también es ku.
Existencia o no-existencia,
cuando se abandona
esta diferenciación
no-ku se convierte en ku.

martes, 17 de enero de 2017

Un poema de Eliot

Oh oscuro, oscuro, oscuro. Todos ellos caen en lo oscuro,
los espacios vacíos interestelares, el vacío dentro del vacío,
los capitanes, banqueros, eminentes hombres de letras,
los generosos mecenas del arte, los estadistas y los gobernantes,
distinguidos funcionarios, presidentes de muchos comités,
magnates industriales e insignificantes contratistas, todos caen en lo oscuro,
y oscuro el Sol y la Luna, y el Almanaque de Gotha
y la gaceta de la Bolsa, el Directorio de los Directivos,
y frío el sentido y ausente el motivo de la acción.
Y todos vamos con ellos, hacia el funeral silencioso,
el funeral de nadie, porque no hay nadie a quien enterrar.
Yo dije a mi alma, está tranquila, y deja que lo oscuro te invada,
que será la oscuridad de Dios. Como en un teatro
las luces se apagan, porque se va a cambiar la escena,
con un vacío retumbar de alas, con un movimiento de oscuridad en oscuridad,
y sabemos que las colinas y los árboles, el panorama distante
y la atrevida e imponente fachada están siendo retiradas-
O, cuando un vagón subterráneo, en el metro, se para demasiado tiempo entre dos estaciones,
y la conversación se anima y lentamente se apaga en el silencio,
y ves cómo ahonda detrás de cada cara el vacío mental,
quedando sólo el terror creciente de no pensar en nada;
o cuando, bajo el influjo del éter, la mente está consciente, pero consciente de nada-
Yo dije a mi alma, está tranquila, y espera sin esperanza,
porque la esperanza sería esperanza de la cosa equivocada; espera sin amor,
porque el amor sería amor de la cosa equivocada; aún queda la fe,
pero la fe y el amor y la esperanza se encuentran todos en la espera.
Espera sin razón, porque no estás listo para la razón:
Así la oscuridad será la luz, y la quietud el baile.
Susurro de arroyos, y relámpago de invierno.
El tomillo silvestre oculto, y la fresa silvestre,
las risas en el jardín, éxtasis que resuena,
no perdidas, pero necesitadas, apuntando a la agonía
de la muerte y el nacimiento.
Dices que estoy repitiendo
algo que ya he dicho antes. Lo diré otra vez,
¿lo diré otra vez? Para llegar allí,
para llegar donde tú estás, para volver de donde no estás,
debes ir por un camino en el que no haya éxtasis.
Para llegar a lo que no sabes
debes ir por un camino que es el camino de la ignorancia.
Para poseer lo que no posees
debes ir por el camino de la desposesión.
Para llegar a lo que no eres
debes ir a través del camino en que no estás.
Y lo que no sabes es la única cosa que sabes,
y lo que posees es lo que no posees,
y en donde estás es donde no estás.

T. S. Eliot

domingo, 15 de enero de 2017

Un poema de San Juan de la Cruz

Entréme donde no supe,
y quedéme no sabiendo,
toda sciencia trascendiendo.

Yo no supe dónde entraba,
pero cuando allí me vi,
sin saber dónde me estaba,
grandes cosas entendí.
no diré lo que sentí,
que me quedé no sabiendo,
toda sciencia trascendiendo.

De paz y de piedad
era la sciencia perfecta,
en profunda soledad,
entendida vía recta;
era cosa tan secreta,
que me quedé balbuciendo,
toda sciencia trascendiendo.

Estaba tan embebido,
tan absorto y ajenado,
que se quedó mi sentido
de todo sentir privado;
y el espíritu, dotado
de un entender no entendiendo,
toda sciencia transcendiendo.

El que allí llega de vero,
de sí mismo desfallesce;
cuanto sabía primero
mucho bajo le paresce;
y su sciencia tanto cresce,
que se queda no sabiendo,
toda sciencia trascendiendo.

Cuanto más alto se sube,
tanto menos se entendía
qué es la tenebrosa nube
que a la noche esclarecía;
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo,
toda sciencia trascendiendo.

Este saber no sabiendo
es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer;
que no llega su saber
a no entender entendiendo,
toda sciencia trascendiendo.

Y es de tan alta excelencia
aqueste sumo saber,
que no hay facutad ni sciencia
que le puedan emprender;
quien le supiere vencer
con un no saber sabiendo,
irá siempre trascendiendo.

Y si lo queréis oír,
consiste esta suma sciencia
en un subido sentir
de la divinal esencia;
es obra de su clemencia
hacer quedar no entendiendo,
toda sciencia trascendiendo.

San Juan de la Cruz

lunes, 9 de enero de 2017

Gratitud, de Oliverio Girondo

GRATITUD

Gracias aroma
azul,
fogata
encelo.
Gracias pelo
caballo
mandarino.
Gracias pudor
turquesa
embrujo
vela,
llamarada
quietud
azar
delirio.
Gracias a los racimos
a la tarde,
a la sed
al fervor
a las arrugas,
al silencio
a los senos
a la noche,
a la danza
a la lumbre
a la espesura.
Muchas gracias al humo
a los microbios,
al despertar
al cuerno
a la belleza,
a la esponja
a la duda
a la semilla
a la sangre
a los toros
a la siesta.
Gracias por la ebriedad,
por la vagancia,
por el aire
la piel
las alamedas,
por el absurdo de hoy
y de mañana,
desazón
avidez
calma
alegría,
nostalgia
desamor
ceniza
llanto.
Gracias a lo que nace,
a lo que muere,
a las uñas
las alas
las hormigas,
los reflejos
el viento
la rompiente,
el olvido
los granos
la locura.
Muchas gracias gusano.
Gracias huevo.
Gracias fango,
sonido.
Gracias piedra.
Muchas gracias por todo.
Muchas gracias.
Oliverio Girondo,
agradecido.

OLIVERIO GIRONDO

jueves, 5 de enero de 2017

Aquí, de Octavio Paz


Mis pasos en esta calle
Resuenan
               en otra calle
donde
          oigo mis pasos
pasar en esta calle
donde
Sólo es real la niebla.

OCTAVIO PAZ

miércoles, 4 de enero de 2017

Para que los hombres..., de Juanele


Para que los hombres no tengan vergüenza de la belleza de las flores,
para que las cosas sean ellas mismas: formas sensibles o profundas
de la unidad o espejos de nuestro esfuerzo,
por penetrar el mundo,
con el semblante emocionado y pasajero de nuestros sueños,
o la armonía de nuestra paz en la soledad de nuestro pensamiento,
para que podamos mirar y tocar sin pudor
las flores, si, todas las flores,
y seamos iguales a nosotros mismos en la hermandad delicada,
para que las cosas no sean mercancías,
y se abra como una flor toda la nobleza del hombre:
iremos hasta nuestro extremo límite,
nos perderemos en la hora del don con la sonrisa
anónima y segura de una simiente en la noche de la tierra.

JUAN L. ORTIZ

martes, 3 de enero de 2017

El poema que no escribí, de Raymond Carver

EL POEMA QUE NO ESCRIBÍ

Aquí está el poema que iba a escribir
antes, pero que dejé
porque te levantabas.
Estaba pensando otra vez
en aquella primera mañana en Zúrich.
Nos levantamos antes del amanecer.
Durante un instante no sabíamos dónde estábamos.
Salimos al balcón que daba
al río y a la parte vieja de la ciudad.
Allí estábamos, sin más, callados.
Desnudos. Viendo cómo se aclaraba el cielo.
Tan conmovidos y tan felices. Como si
nos hubieran colocado allí
justo en aquel momento.

RAYMOND CARVER