jueves, 23 de marzo de 2017

La Dicha de ser hombre


Yo nunca he tenido la dicha
de ver y de tocar con mis manos
un copo de nieve.
Yo soy muy pequeño todavía
y a veces la abuela me presta esas postales
que tienen por dentro una música
y un niñito acostado en un colchón de paja.

Yo creo que la nieve debe ser algo muy bueno
porque la gente sonríe en las películas
cuando ella llega
y los muchachos sacan sus juguetes de invierno
y hacen, todos juntos, un muñeco muy grande
con una zanahoria por nariz…

Creo que debe ser
como una mariposa de agua
que salta dulcemente de un lado a otro del tiempo
y deja limpiecito el corazón.

Yo he visto en mis horas de ensueño
un bosque vestido de blanco
y he paseado bajo los pinos de fino encaje.
Y he visto una flor y dos o tres conejos
junto a mis huellas en la nieve.

Pero yo, en realidad, no la conozco
no sé lo que es la nieve de verdad,
la que cae en el alma…
Sólo sé que he vivido,
que mi pecho está abierto como una hoguera
y que ahora está nevando.

E.